COMPAÑERO; SEGUNDO GRADO DE LA MASONERIA

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Puesto que la simbología del Oficio comprende una  psicología del desarrollo, se supone que el paso hacia el Segundo Grado continua de manera natural como resultado del progreso realizado en el Primero. Esta madures natural que esta relacionada con el surgimiento del yo se refleja en la simbología masónica mediante la comparación del nuevo Compañero con una espiga madura de maíz. El aprendiz, que controla la parte más profunda de su psique y cuyo Primer Vigilante/yo se ha tornado activo, ha madurado hasta llegar a un estado en el que se encuentra preparado para examinar los aspectos más interiores de sus procesos de psicológicos. El trabajo a este nivel se desarrolla en una parte de la psique a la que el Oficio se refiere como la cámara central; en muchos sentidos es similar a lo que Jung llamaba el inconsciente personal y lo que tradicionalmente se conoce como el alma. El planteamiento general del trabajo del Compañero se explica en el Cuadro del Segundo Grado, una visión interior que parece penetrar más profundamente en el templo. El Cuadro del Segundo nivel es un dibujo detallado de una parte del primero, concretamente del punto dentro del circulo cerrado por dos líneas paralelas y de la Escalera de Jacob. En el Segundo Grado las dos líneas paralelas son los dos pilares (identificados aquí con el complementario y el opuesto por la asociación con los Pilares de la Nube y el Fuego del Éxodo y con las esferas terrestre y celestial que los coronan), mientras que la escalera ha sido reemplazada en el Cuadro del Segundo Grado por la escalera caracol. Como la del Cuadro del Primer Grado, esta escalera se extiende en dirección Este-Oeste y define la “dimensión de la consciencia” desde la eternidad hasta la divinidad. La persona que desee practicar e Oficio debe ascender por estos diferentes niveles de consciencia que describe el símbolo. En el cuadro del Primer Grado vimos que la escalera estaba dividida en “tres esferas principales” que correspondían a los tres grados del Oficio y que describían los niveles principales de la consciencia psicológica relacionados con el cuerpo, el alma y el espíritu. La escalera de caracol desempeña una función similar, pero transmite ideas más complejas y las explica con mayor detalle. La escalera se encuentra entre los símbolos más complicados del Oficio, y estudiar todas sus implicaciones excede nuestro ámbito. En términos generales, la escalera de caracol define los siete “niveles de consciencia”, desde la consciencia del cuerpo físico que esta abajo hasta la consciencia del espíritu y la divinidad que esta en lo alto. Si resumimos esta vasta recopilación de ritual y lectura, podemos decir que las escaleras asignan un peldaño o nivel de la consciencia a cada uno de los siete Oficiales de la logia, y cada uno de ellos se asocia con una gran cantidad de literatura clásica relacionada con las Siete Artes Liberales y las Ciencias y las Escuelas Clásicas de Arquitectura. También asocia a los tres Oficiales principales de la logia con los Tres Grandes Maestros que presidían que presidían el edificio del Templo del Rey Salomón: Salomón, rey de Israel, que ideo el proyecto; Hiram, rey de Tiro, que proporcionó los materiales, e Hiram Abiff, el arquitecto principal. Comprenderemos el verdadero alcance de esta conexión cuando analicemos la leyenda masónica del Tercer Grado. De este modo, los siete Oficiales de la logia se consideran representantes de los siete niveles o pisos de la “dimensión de la consciencia” orientada al Este-Oeste, mientras que la simbología de la escalera nos remite a un conjunto de obras que proporcionan información e instrucción sobre cada nivel. No se puede describir el estado de consciencia en un sentido estricto; no es algo que debe experimentarse, pero podemos vislumbrar muy vagamente la idea de que el Oficio intenta hablar sobre cada uno de los niveles de la consciencia considerando a cada oficial de la logia en el contexto de una de las Siete Artes Liberales y las ciencias. El Portero o Guarda Exterior esta asociado con la gramática, el arte que establece reglas estrictas para estructurar las ideas de modo que puedan comunicarse y registrarse en el mundo físico. El Guarda Exterior representa la parte de la psique que esta en estrecho contacto con el cuerpo físico a través del sistema nervioso central. Es “guardián” en el sentido de que protege la psique de la saturación de estímulos del mundo físico. El Guardián Interno esta asociado con la lógica, el arte que enseña las reglas para el análisis racional; está muy estructurado, pero es enteramente psicológico. Representa lo que la psicología moderna llama el ego, el poder ejecutivo partidario de la actividad psicológica cotidiana que se distingue por su capacidad para formar imágenes mentales. Es el “guardián” en el sentido de que vela por las personas que permiten a su psique relacionarse con el mundo. El Primer Diácono está asociado con la retórica, el arte que enseña a escribir persuasiva y deslumbrantemente apelando a los sentimientos del lector. El Primer Diácono representa el nivel psicológico de los sentimientos y el humor, un cuidado examen de lo que proporciona una clave en los acontecimientos que ocurren en el inconsciente. La retórica del mundo antiguo, también incluye la instrucción en el arte de la memoria; y el Primer Diácono, que representa un nivel de conocimiento cercano al umbral de la consciencia corriente que tiene que ver con la capacidad para recordar los acontecimientos de la memoria. El Segundo Diácono esta asociado con la ciencia de la aritmética, disciplina que instruía en la manipulación y representación de las ideas abstractas. El segundo diácono representa el nivel del Despertar. Estar “despierto” quiere decir estar presente en el momento, percibir los acontecimientos cuando tienen lugar tanto en el mundo como en el interior de la propia psique, comprender su alcance y ver las amenazas y oportunidades que suponen. El Primer Vigilante esta asociado con la ciencia de la geometría, como la define la Segunda Lectura, “una ciencia por la cual descubrimos los contenidos de los cuerpos ilimitados comparándolos con los que ya han sido medidos”. El Primer Vigilante es similar al yo, tal y como utilizan el termino los psicólogos seguidores de Jung. La algo obtusa definición masónica de la geometría que acabamos de mencionar arriba, adquiere un segundo significado cuando nos percatamos de que alude al viejo principio de “tan arriba, tan abajo”. En el proceso del trabajo masónico el yo surge en la consciencia y luego descubre los elementos del inconsciente mediante la observación de la experiencia diaria. El Segundo Vigilante esta asociado con la ciencia de la música, que tiene una connotación mucho más amplia y mística para los renacentistas que para nosotros. Como ciencia la música esta basada principalmente en las proporciones entre las frecuencias de cada nota, en la estructuración del tiempo y en la manera en que éstas se combinan para producir determinados efectos. Podemos considerar que el Segundo Vigilante representa el nivel del alma; y la asociación con la música sugiere la obligación que tiene el alma de mantener una relación armoniosa entre todos los componentes de la psique. El Venerable Maestro está asociado con la ciencia de la astronomía (que sin duda significaba astrología para los autores de la estructura simbólica) puesto que se creía que la observación de los cielos rebelaba las intenciones de la deidad, la astronomía sugiere un nivel de consciencia que puede ver a una escala amplia transpersonal y percibir los designios del plan divino. El nivel de la consciencia representado por el Venerable Maestro guarda una estrecha relación con el espíritu de modo análogo a la relación que mantiene el guardián con el mundo físico. De este modo, el Cuadro del Segundo Grado y el ritual que lo acompaña (en términos simbólicos) define siete “niveles de consciencia” dentro de la psique que, cuando se han desarrollado y han madurado en su funcionamiento, incluyen un contacto consciente entre la divinidad y el mundo físico. La escalera caracol está flanqueada por dos columnas. Ya hemos dicho que estas dos columnas son complementarias, activa y pasiva; y el echo de que estén presentes en el Segundo Grado las relaciona de alguna manera con el inconsciente individual. Se afirma que esta echas de cobre, fundidas en el barro de la tierra –característica que las relaciona con el mundo físico- y que son huecas por que contienen los archivos del oficio. Tomada ene su conjunto, la idea de la existencia de un archivo de documentos almacenados en el inconsciente individual y relacionados con los acontecimientos del mundo físico sugiere que las columnas son una representación de la memoria del individuo organizada de tal modo que los recuerdos que reprimen e inhiben se encuentran en un lugar, mientras que los que animan y mueven a la acción se encuentran en otro. Al introducir esta idea en el Segundo Grado, en conexión con la cámara central del alma, la simbología indica que los recuerdos mencionados son una clase determinada y están situados en el fondo del inconsciente, que generalmente son inaccesibles pero que cuando se trabaja en ese nivel de la consciencia se puede disponer de ellos. Estamos trazando sin duda un paralelismo entre el súper ego / ego ideal tal como lo describió Freud o con los complejos emocionales e intelectuales identificados por Jung, clasificados en esta caso en grupos activos y represores. Los recuerdos de la clase de los almacenados en las dos columnas de Segundo Grado tienen un profundo, aunque inconsciente, efecto tanto sobre los individuos como sobre la sociedad. En el nivel individual imponen y limitan el comportamiento de una persona, mientras que en el nivel social definen los conceptos de moralidad de la sociedad. Un comportamiento reprimido de esta clase es útil (incluso esencial) para permitir que el individuo encaje en una familia y en su circulo social cercano, sobre todo durante la infancia; pero un comportamiento adulto reprimido de esa manara suele ser ingrato, frecuentemente improductivo y algunas veces realmente doloroso. Además los grupos sociales que han definido su moralidad de este modo han entrado a lo largo de la historia en ciertos conflictos con otros grupos similares, conflictos que en general les han abocado al dolor y al derramamiento de sangre. La presencia de estas dos columnas de la memoria en el Segundo Grado sugiere que, cuando el individuo asciende por la escalera de la conciencia y actúa sobre el nivel de la cámara central o alma, puede disponer de la información almacenada de estos archivos. Cuando lleva estos recuerdos reprimidos a la consciencia y les otorga el valor que merecen, puede permitirse la carga principal que acarrean al disiparse. Entonces se convierte en recuerdos corrientes a los que puede acudir pero ya no tiene el poder de forzar o limitar el comportamiento. Muy al contrario, el individuo consigue una gran libertad de acción, puesto que se desprende de las obligaciones y restricciones del súper ego y el ego ideal, así como las restricciones de la moralidad convencional. Entonces necesita más criterios básicos para guiar su comportamiento, lo que nos lleva a considerar las herramientas de trabajo del compañero masón. Las herramientas de trabajo, que se presentan en grupos de tres, se utilizan en la aplicación práctica de la Regla de Tres en el nivel de cada grado. En contraste con las herramientas para la acción del aprendiz, las herramientas del Compañero –la escuadra, el nivel y la plomada- son herramientas para la prueba; y cada una pone a prueba algún criterio absoluto. Es una característica que las hace adecuadas para representar los modelos de moralidad, la preocupación fundamental del Segundo Grado. El nivel se enfrenta al criterio de lo horizontal; y a la vista de su temperamento pasivo, sombrío e inactivo podemos asignarle la función psicológica del “juicio”. El uso de una sola palabra par describir la función del nivel es, evidentemente, una simplificación excesiva adoptada por conveniencia; esta herramienta representa en realidad una serie de conceptos relacionados con la restricción, la contención, la limitación, el rigor, la disciplina, la defensa, la decisión y el apoyo. De igual modo la orientación ambiciosa y vertical de la plomada corresponde a los conceptos de la entrega, el perdón, la generosidad, la licencia y la disipación que pueden resumirse en la única cualidad de la “misericordia”. Partiendo de la naturaleza de las ideas que hemos asociado con cada herramienta podemos ver que no hay nada bueno ni malo en sí mismo. Cada uno es lo que es; y una vida regida tanto por un exceso como por otro –una disciplina férrea o una libertad incontenida – puede ocasionar serias dificultades. En la práctica el comportamiento moral consiste en mantener el equilibrio apropiado en el “justo” nivel y la “misericordiosa” plomada, y la capacidad individual para mantener este equilibrio con plena consciencia se expresa en la tercera herramienta de trabajo, la escuadra, que de echo define la relación entre el nivel y la plomada. El Oficio nos dice de este modo que, cuando una persona madura se libera de ciertas restricciones psicológicas arbitrarias impuestas por su educación y su sociedad, y entonces debe buscar los cánones permisivos y restrictivos de la moralidad que se alojan en su alma. Debe aprender a trabajar con ellos, aplicarlos a su vida cotidiana y mantenerlos en equilibrio. El proceso de examen de los recuerdos reprimidos de alguien puede ser, y en general es así, difícil y doloroso. Normalmente existen excelentes razones por las que el material a examen haya sido excluido de nuestra consciencia, y recordarlo requiere gran valor personal. Es el trabajo más duro; es el proceso al cual puede aplicarse con toda razón el término de “obra masónica”, y a menudo requiere el apoyo cariñoso de un amigo de toda confianza. En este contexto podemos empezar a comprender el vínculo del amor fraterno y la confianza mutua que la masonería trata de establecer entre sus miembros. Por contraste, la experiencia concreta de elevarse desde la restricción del material almacenado con las columnas de dos caras y de adquirir nuestros propios cánones de moralidad suele ser una gozosa liberación. Por primera vez se es libre para escoger; y una persona que a trabajado en el nivel de Compañero y ha conseguido aceptar el material obligado y restrictivo de su conciencia puede reivindicar el libre albedrío. Pero también existe un riesgo; el libre albedrío es una cosa realmente peligrosa. Si el proceso de crecimiento psicológico se considera solo como un desprendimiento de la obligatoriedad y de los cánones convencionales de lo bueno y lo malo y su sustitución por unos cánones personales de moralidad, la persona que trabaja en el nivel de Compañero se convierte en un agente completamente libre, responsable sólo ante sí mismo. El echo de que esta situación pueda conducir fácilmente a la autoindulgencia y al comportamiento oportunista a provocado una seria divergencia entre la francmasonería y las escuelas de psicología basadas en el paradigma de científico del siglo XX. Desde el punto de vista de la francmasonería, este proceso implica mucho más de la simple adquisición del libre albedrío, que ya es importante. Hay que considerar muchas otras cosas, y esas otras cosas se dan a conocer mediante una variedad de símbolos en la cámara central. El símbolo más relevante de todos es la segunda Joya Inmutable: la “piedra perfecta”. La “piedra bruta”, como hemos visto representaba al Aprendiz y aludía a su responsabilidad de desbastarla y de refinarse a sí mismo como individuo, pero la piedra perfecta no representa al compañero. Se encuentra en la cámara central “para que los artesanos trabajen con sus herramientas”. Este estímulo tan importante recuerda al individuo que, aunque ahora es libre para emitir sus propios juicios morales, se espera que contraste sus cánones personales de moralidad con los cánones que la deidad ha colocado en el interior de su alma. La idea es que existe un conjunto de leyes psicológicas que, a pesar de las apariencias, es tan riguroso como las leyes de la física. Históricamente las leyes psicológicas se han fundado en los principios sobre los que se han basado los códigos de la moralidad; y esta es una de las razones por las que la masonería remite con tanta frecuencia a sus miembros a las Sagradas Escrituras. No hay duda de que el ser humano es libre de ignorar, si quiere, los criterios de la moralidad que presenta la piedra perfecta; el Oficio señala las consecuencias de esta decisión mediante la referencia del tema de los salarios. En la estructuración del Templo del Rey Salomón los compañeros masones debían ir a la cámara central para recibir sus salarios, cosa que hacían “sin escrúpulos ni timidez” porque se sabían con derecho a ellos y por “la gran confianza que depositaban en sus empleadores”. Aplicar esto a la actividad cotidiana sugiere que las experiencias de la vida son los salarios de cada cual. La presencia del pagador en la cámara central del alma indica que uno recibe lo que merece, no como recompensa o castigos divinos, sino por la resolución de un principio que funciona en el nivel del alma. Además, dice que el pagador es justo, lo que implica, primero, que la situación en la que nos encontramos es la que merecemos (en realidad la resolución del proceso natural que debemos observar y comprender), y que si deseamos cambiar nuestra situación podemos hacerlo cambiando nuestro modo de vivir y actuar. La idea no es invento de la masonería; las culturas cristianas pueden leerla en la máxima de san Pablo: “recogerás lo que siembres”, y en Oriente la encontramos en las complejas doctrinas del Karma. Es de fundamental importancia aconsejar al recién llegado a Compañero que debe contenerse en el ejercicio de la libertad de elección que caracteriza a su nivel de consciencia. Y lo que es más importante, que es la clave de la libertad humana, puesto que hace hincapié en el echo de que el individuo puede y hace determinar su experiencia mediante el ejercicio de la elección en cada situación. Es el primer paso para perdonar a los demás, porque una persona que acepta la responsabilidad de su propia situación no echa la culpa a los otros. Por ello, los salarios representan no tanto una recompensa por el mérito o un castigo por el error como la armoniosa experiencia de vivir dentro de la ley psicológica / moral o la difícil experiencia de tratar de vivir fuera de ella. El último y más importante de los símbolos que se encuentran en la cámara central es la letra “G” o, en algunas versiones de la simbología, el “ojo que todo lo ve”. La letra “G” es la inicial de la deidad, no una representación de la propia deidad sino la ciencia de su nombre. Su presencia en un lugar simboliza que el alma transmite dos ideas: la primera, que nuestros actos son “observados” o “registrados”, o de alguna manera incluidos en la fábrica de la existencia con sus inevitables consecuencias para bien o para mal. Segundo, es una representación de la estrella flamínea que vimos en lo alto de la escalera de Jacob en el Primer Grado, pero aquí la encontramos “en el centro del edificio”. Su presencia nos dice que trabajando en el nivel del alma se puede llegar a tener consciencia de la presencia de la deidad y orientar a nuestras acciones y aspiraciones hacia ellas. Con esta capacidad para sentir la presencia divina, el Compañero puede apartar la actitud de la fe que le ha guiado como Aprendiz y asumir un concepto positivo de la esperanza, ya que ahora es capaz de vislumbrar su objetivo cuando prosigue las labores que le prepararán para el siguiente paso de su desarrollo. Los procesos psicológicos del trabajo en el Segundo Grado son difíciles y dolorosos. Sin embargo, si el individuo persevera, se encontrará en el estado de Compañero maduro, en posesión de sí mismo, consciente de sus cánones de moralidad y capaz de ejercer su voluntad libremente. La habilidad para hacerlo es el objetivo fundamental del Segundo Grado, ya que hasta que una persona esté en verdadera posesión de su voluntad no puede rendirla, y avanzar hacia el Tercer Grado requiere exactamente eso. TERCER GRADO – MAESTRO MASÓN. Es muy difícil interpretar el Grado de Maestro Masón porque el ritual describe un proceso psicológico que sucede muy raras veces en nuestra sociedad, pero cuando ocurre es tan intensamente personal que pocos que lo han experimentado están preparados para hablar de ello fuera de su círculo privado. El Tercer Grado transmite una leyenda basada, de una forma u otra, en casi todas las culturas humanas. La leyenda tiene dos aspectos: el primero es un desastre primordial, un acontecimiento catastrófico que supone una pérdida profunda e impone una gran dificultad a todo el género humano: el segundo alude a los medios por los que la pérdida puede transformarse en algo bueno y así pueda restaurarse el feliz y original estado humano. En toda la civilización occidental el primer aspecto de esta leyenda, el del desastre primordial, esta encarnado en la teoría de la “caída del hombre”. En nuestra sociedad materialista el libro del Génesis suele interpretarse como una creación del universo físico, a pesar del hecho de que la posición se ha convertido en algo menos defendible después de tantos descubrimientos en las ciencias físicas. Hemos tocado brevemente una interpretación mística de este texto en el que el Génesis I describe la “creación” del mundo del espíritu y el Génesis II la “formación” del alma y del mundo de la psique. En este contexto, el “caído” y la posterior expulsión de Adán del Edén se refiere al proceso por el que los miembros de la raza humana fueron los primeros a encarnarse por un acto de voluntad divino. Una de las consecuencias de esta encarnación inicial parece ser que los seres humanos, tras haberse encarnado, han perdido la capacidad para “caminar con Dios” y de ser mantenidos directamente por Dios. En su lugar la humanidad encarnada es “cortada”, separada; el individuo encarnado debe mantenerse a sí mismo “con el sudor en la frente”. Adaptando esta idea a los términos contemporáneos, podríamos decir que en su estado original (esto es, antes de que la raza apareciera en la tierra por primera vez) la especie humana podía tener consciencia y comunicares directamente con la deidad; y que algún acontecimiento relacionado con el proceso de la encarnación rompe con esa conexión. En el tratamiento masónico de este tema los acontecimientos se describen usando el simbolismo de la muerte. La muerte que se describe en el Tercer Grado no es la muerte física que concluye con nuestro período de encarnación, sino un proceso psicológico individual que de alguna manera es análogo a la muerte física. El tema se representa mediante la reconstrucción del asesinato del Arquitecto Principal, el más joven de los Tres Grandes Maestros Masones en la construcción del Templo del Rey Salomón. Se dice que el acontecimiento tuvo lugar cuando el “trabajo (en el Templo) estaba a punto de finalizar”, y como resultado se perdieron los “secretos del Maestro Masón”, ya que solo podían transmitirse cuando los tres Grandes Maestros estuvieran presentes en y oficiando. El modo más sencillo y obvio de entender la leyenda es como una advertencia de que siempre se debe ser fiel a las obligaciones; y ésta es sin duda una interpretación válida. Pero cuando nos reflejamos en la experiencia del Grado, la grandeza de la amplitud de la ceremonia perece superar esa simple explicación e invitar a nuestra atención a la descripción simbólica de la condición de aislamiento del ser humano a la que alude la historia. Está claro que el Arquitecto asesinado no es completamente desconocido. La simbología de la escalera caracol ha presentado a estos grandes maestros y ya ha asociado al Arquitecto principal con el primer Vigilante/yo. Por estos medios podemos relacionar los principios que aparecen en la leyenda con el ser humano individual heredero de los procesos de la “caída”. Si consideramos al ser humano como el “templo de Dios”, entonces en un sentido la construcción de ese templo esta por finalizarse cuando el individuo va a nacer. La persona que está destinada a ocupar el joven cuerpo tiene espíritu, alma y yo, y reside en el Edén (la residencia de almas inocentes que todavía no se han encarnada) y el feliz contacto con la divinidad hasta que llegue el momento de su nacimiento y su cuerpo (su “abrigo de piel”) esté preparado para recibirle. En este contexto, la muerte del Arquitecto representa el acontecimiento en el momento del nacimiento cuando el yo (el Primer Vigilante) se siente agobiado por el impacto del confinamiento en su cuerpo físico y pierde la consciencia, concretamente el contacto consciente con su alma y su espíritu y con la divinidad. Esta “muerte” o restricción de la consciencia refleja en el nivel individual la separación consciente de la deidad que la historia de la “caída” describe para el ser humano. La leyenda masónica cuenta que el Arquitecto es enterrado en una tumba de “tres pies hacia el Este y tres pies hacia el Oeste” (limitada por la dimensión de la consciencia), y tres pies entre el Norte y el Sur (limitada en la capacidad para la acción y la restricción) y de cinco o más pies (la altura de un hombre) de profundidad”. Además la leyenda da a entender que el feliz estado edénico que precedió a la encarnación sólo es posible cuando los Tres Oficiales Principales – yo, alma, espíritu- están en buen estado; y en ese sentido esta claro por que los “secretos del Maestro Masón” (la consciencia de los “mundos superiores”) se ha perdido. Los párrafos anteriores consideran el primer aspecto de la leyenda masónica, la del desastre primordial; y ofrecen una explicación de cómo podemos llegar a ser en nuestra situación presente y aparentemente aislada. La segunda perspectiva de la leyenda habla de reparar la situación, y cuando examinamos esa segunda perspectiva se hace claro por qué la lectura del Tercer Grado dice que “para un completo conocimiento de este Grado basta poco alcance”. Hay un segundo contexto en el que el ser humano puede considerarse el Templo de Dios, y es reconociendo que la estructura psicológica que hemos visto construir (o quizá explorar) al masón con tanto esmero es ese “Templo”. En este caso el Compañero maduro cuya condición hemos descrito más arriba es el templo que esta a punto de acabarse; y la “muerte” que se mencionaba en la leyenda es el proceso psicológico por el cual se concluirá la construcción. Es un proceso de “muerte del yo”, y no resulta algo totalmente nuevo al candidato al Tercer Grado. Cuando se inició como aprendiz, el candidato se consideraba un ser físico, aunque ya entonces tuvo conocimiento de que “había algo más”. En el curso de su desarrollo habrá “muerto” esa idea y llegará a considerarse fundamentalmente un ser psicológico, un alma y yo humanos, que ocupan un cuerpo. La “muerte” a la que se enfrenta un candidato en el Tercer Grado le obligará a reconocer que no es más un ser psicológico que físico, sino más bien un ser espiritual que tiene cuerpo y alma. “Reconocer” el mundo es importante. La mayoría de las personas religiosas creen que tienen una esencia espiritual. La “muerte” psicológica mencionada en el Tercer Grado está relacionada con la experiencia de esa ciencia espiritual. Puesto que requiere la muerte del yo del candidato (su esencia psicológica), y puesto que su yo es el concepto de su existencia, esa “muerte” puede ser un proceso muy doloroso y terrible.

 

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5 comentarios en “COMPAÑERO; SEGUNDO GRADO DE LA MASONERIA

  1. jose

    muchas gracias por sus luces, me ayudo mucho para hacer una presentación sobre el tema, atengamente un comp.´. mas.´. del ord.´. de Barcelona Venezuela.

  2. Pingback: CUESTIONARIO DE SEGUNDO GRADO  | masonerialibertaria

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