09/23/2020

MASONERIA Y MUJER (II)

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ORIGENES DE LA FRANCMASONERIA Y LAS ORDENES MONASTICAS.

Gustavo Pardo 33

En este movimiento precursor de las actuales comunidades monásticas, debe destacarse la figura de San Pacomio, que había nacido en Esneh, en el Alto Egipto, en el seno de una familia pagana. Habiendo combatido en el ejército de Constantino, en su regreso a su patria obtuvo ciertos conocimientos del Cristianismo, que completó en Senesit donde recibió el bautismo en esa religión. Posteriormente se reunió a una colonia de anacoretas, que sin vivir totalmente en comunidad, mantenían una cierta relación entre ellos.

A partir de esta experiencia San Pacomio decide crear una comunidad religiosa del tipo cenobita, procediendo para ello a establecer una Regla Monástica, la primera de este tipo que se conoce en la Cristiandad, y que sería aceptada, con algunas modificaciones o literalmente por todas las congregaciones de este tipo, que se establecieron en el Oriente. La comunidad de la Tebaida, nombre que adoptó por hallarse ubicada en un pueblo abandonado ubicado en esa región, a la orilla derecha del Nilo, llegó a albergar hasta 9 centros o cenobial de hombres y 2 mujeres. Nótese desde este primer albor de las congregaciones monásticas, las separaciones existentes entre los hombres y las mujeres.

Los Monasterios en Europa Medieval.

La afición por este tipo de vida (aislada de la sociedad, pero en comunidad), surge en la Europa del Medioevo, a partir de la publicación por San Anastasio de la vida de San Antonio, en el año 340 d.C., y que motivó a muchos cristianos de la época a imitar esta costumbre oriental. No obstante fue en Francia donde San Patricio funda el convento de Bangar, a mediados del siglo VI y que llegó a contar con cerca de 3000 monjes.

De este convento salió en el año 590, San Columbano, que emprendió un nuevo género de vida; La instrucción del laicado. Esta instrucción tomó diversos aspectos, entre los más destacados resultaron ser la enseñanza de los oficios y la agricultura. Digo que estos fueron los más destacados, tomando en cuenta los fines del presente trabajo, es decir, demostrar la influencia que las Órdenes religiosas tuvieron en todas las restantes asociaciones seglares, al partir de ellas la instrucción, la organización y el apoyo de las mismas.

Pero el verdadero fundador de las congregaciones monacales en Europa, fue el italiano Benito de Nursia, que en el año 525 fundó en el Monte Casino un monasterio, edificado por él y sus seguidores, donde escribió la Regla Monachorum, inspirada por la escrita por Santo Pacomio en Egipto, pero adaptada a las realidades culturales y sicológicas del hombre europeo, y que habría de recibir general aceptación en todos los conventos establecidos en la época en ese continente. Esta Regla prescribía los votos de castidad, pobreza y obediencia, señalando la necesidad de que los conventos estuviesen en lugares aislados y fueran capaces de su propio sostenimiento. Igualmente distribuía el tiempo de los monjes, dividiéndolo en tres partes; para la oración en comunidad, para el trabajo manual y para el trabajo intelectual, para desarrollar este último, en cada monasterio existía una pequeña celda llamada Scritorium, donde se copiaban los textos de la cultura antigua hábito éste que permitió salvar parte de aquélla. Por otra parte, había una escuela donde se educaba a los aspirantes a monjes.

Ordenes Militares.

De la Regla de Benito de Nursia, tomó Bernardo de Claraval, la esencia de la que serviría a los Caballeros Templarios para regularizar su orden. Deseo destacar que en ella existía, además de los votos antes mencionados, una prohibición absoluta de toda relación con mujeres, y ni aún con las de la propia familia, tales como sus madres, y ni aún con las de la propia familia, tales como sus madres y hermanas. La Orden de los Caballeros Teutónicos, tenía una doble Regla, la de los Hospitalarios para la reglamentación de los Hospitales y la de los Templarios, para los Caballeros.

En cuanto a la de los Hospitalarios y la de los Caballeros Trinitarios, seguían la pauta general, con las especificidades de sus respectivas Ordenes y sus fines.

Como patrón generalizado, podemos afirmar que en todas las Órdenes religiosas, desde sus comienzos, se prescribió la participación de la mujer en los conventos de hombres, estableciéndose una rígida disciplina al efecto.

Por otra parte fueron estas comunidades religiosas, las que emprendieron la educación e instrucción o entrenamiento de los sectores populares, en oficios tales como: panaderos, carpinteros, albañiles, herreros, etc., por lo que se puede considerar a éstos como los gérmenes que conllevaron al establecimiento (de forma indirecta), de los Gremios, de los cuales se presume emergió alguna forma de Francmasonería, profundamente influenciada por el espíritu religioso de la época, es decir, por el Catolicismo.

A esto hay que agregar las teorías que dan a los Caballeros Templarios, los unos y a los Hospitalarios o Teutones, los otros, una marcada influencia en los orígenes de nuestra Orden, y al tener en cuenta que estas Ordenes eran Conventuales, entonces debemos concluir que la Francmasonería de estos tiempos estaría organizada siguiendo los cánones de todas ellas.