ORISHAS MAYORES.-

3Entre los orishas mayores, Oroiña es la manifestación del fuego universal, el centro incandescente del globo terráqueo, con cuyo poder forma las montañas y las cordilleras.

Muy importante es Elegguá (Eleguá), que se ha identificado con varias figuras del santoral católico como el Niño de Atocha, San Antonio de Padua o San Juan Bautista, según la comunidad religiosa. Hijo de Obatalá y Yema (o de Yemayá, según otros informantes), desempeña un papel de intermediario entre los hombres y los orishas. «Elegguá guarda las encrucijadas; es el  portero del monte y de la sabana». Tiene las llaves del destino, abre y cierra la puerta a la desgracia o a la felicidad. La pareja Elegguá-Echu constituye la expresión mítica de la inevitable relación entre lo positivo y lo negativo. Se le imagina como un viejo con cara de niño. Es el primer orisha al que se dirige la ofrenda el día de los sacrificios. Se acepta que Elegguá tiene veintiún caminos.

Oggún (Oggun, Ogun) es hermano de Elegguá y Changó y personifica el guerrero por excelencia, que participa en todas las batallas. El santero trabaja mucho con Oggún, que se sincretiza con un buen número de figuras del santoral católico, como San Pedro, San Pablo, San Juan Bautista o San Miguel Arcángel. Es el dios de los minerales y patrón de los herreros y artesanos que trabajan con herramientas metálicas. Domina los misterios del hombre como un brujo. Vive en el monte y en los raíles del tren, por lo que muchos de los trabajos que se hacen con este orisha se deben llevar a cabo en este lugar. Es el dueño de las llaves, las cadenas y las cárceles. Se le conocen ocho caminos.

Osain, que se sincretiza con San José y San Benito, es el dueño del monte y de las hierbas. Sin padre ni madre, salió de la tierra como una planta. Por eso se le considera el dueño de la naturaleza y de todas las plantas, a través de las cuales desarrolla sus poderes mágicos. Tiene una sola mano, una sola pierna y un solo ojo.

Ochosi (Oshosi), hijo de Yemayá y del yerbero y médico Inle, es un viejo guerrero, mago y adivino que vive en el monte sentado a la puerta de su ilé, o casa. Magnífico cazador, es patrón de aquellos que tienen problemas con la justicia y evita que sus protegidos entren en las prisiones. También protege en las operaciones quirúrgicas.

Osun (Ozun) actúa de mensajero de Ofoli y de bastón de Obatalá. Su tarea es recoger y entregar las ofrendas que se presentan a los orishas.

Orula (Orúmbila), que se sincretiza con San Francisco de Asís, San José de la Montaña y San Felipe, es según la mitología hijo de Obatalá, hermano de Changó y Oggún y marido de Ochún. A su alrededor se ha formado todo un complejo religioso que lo singulariza en relación a los demás orishas. Orula es el gran benefactor de los hombres, su principal consejero, porque les revela el futuro y les permite influir sobre él. Personifica la sabiduría y es considerado como gran médico y uno de los dueños de los cuatro vientos. Quien no obedece sus consejos, sea hombre u orisha, puede ser víctima de lososogbos, la mala suerte, la desgracia, inducida por Echu. Su poder es tan grande que cuando exige a alguien que sea su hijo, éste tendrá que abandonar el culto a cualquier otro orisha y dedicarse en exclusiva a Orula. Es el único orisha que posee los secretos adivinatorios de Ifá y sólo se comunica a través de sus oráculos, el ekuele y el tablero de Ifá.

Oddúa (Oddua, Odudúa, Odduwa), que se sincretiza con Jesucristo y el Santísimo Sacramento del Altar, representa los misterios de la muerte y todos sus secretos. Como creador y dador de justicia, es visto como un elemento divino e impersonal. En su origen fue un rey de Oyó, poderoso reino africano. Se le tiene también por un camino de Obatalá. No es un orisha de santeros o sacerdotes menores sino de babalawos. Sus iniciados son de edad avanzada, inactivos sexualmente[13].

Obatalá, que se sincretiza con la Virgen de las Mercedes, es creador de la tierra y escultor del ser humano. Es la deidad pura por excelencia, dueña de todo lo blanco, de la cabeza, de los pensamientos y de los sueños. Hijo de Olofí y Olordumare, fue mandado a la tierra por Olofí para hacer el bien y para que gobernara aquí como rey. Es misericordioso y amante de la paz y la armonía. Rige la buena conducta y es capaz de aplacar a su hijo Changó y a Oggún Areré. Todos los orishas lo respetan. Todos lo buscan como abogado. No admite que nadie se desnude en su presencia o se profieran frases duras o injuriosas. Tiene veinticuatro caminos[14].

Yemayá, identificada con la Virgen de Regla, es considerada madre de todos los orishas, por lo que recibe el nombre de «Madre de la Vida». Es la dueña de las aguas, la fuente de la vida, y de ella brotan los mares y los ríos y todo lo que alienta y vive sobre la tierra. Habita preferentemente en la espuma de una ola, y para reverenciarla hay que cruzar el mar y arrojarle monedas en señal de agradecimiento.  «Entre las santas, Yemaya se distinguirá por sus aires majestuosos».  Fue mujer de Babalú Ayé, de Agayú, de Orula y de Oggún. Le gusta cazar y manejar el machete. Es indomable y astuta. Sus castigos son duros y su cólera es terrible pero justiciera. Es amiga de la buena compañía, madre virtuosa, aunque también es alegre y jovial.

Aggayú Solá (Argayu, Agayú), que se sincretiza con San Cristóbal, es el báculo de Obatalá. Oroiña es su madre. Es el padre de Changó. Simboliza al hombre fuerte y violento. Es el que sostiene al mundo y en muchas ocasiones se identifica con el sol.

Changó (Shangó), que se identifica con la Santa Bárbara del culto católico aunque se le tiene por un orisha masculino, es hijo de Aggayú Solá y Obatalá y fue criado por Yemayá. Tenía tres mujeres, Obba, Oyá y Ochún; de la unión con ésta última nacieron los Ibeyis. Respeta muchos a los eggunes. Changó es el más popular de los orishas y habita en la palma real. Es el rey de la fertilidad y del fuego, jefe del trueno y de la guerra, así como también de los tambores. Es la representación de la belleza viril, patrón y abogado de los guerreros, a los que se encomiendan las tempestades porque las guía. Amante de la fiesta, auspicia el baile y la música. Presenta el mayor número de virtudes e imperfecciones humanas. Es trabajador, valiente, buen amigo, adivino y curandero, pero también mentiroso, mujeriego, pendenciero, jactancioso y jugador.

Ochún (Oshún) se personifica como una espléndida mulata, representación de la deidad femenina por excelencia, y se identifica con la patrona de Cuba, la Virgen de la Caridad del Cobre. Es la mujer de Changó y muy íntima de Elegguá, quien la protege. Mantiene relación familiar o amorosa con casi todos los dioses del panteón: compañera de Orula, madre de los Ibeyis, hermana de Yemayá, amante de Oggún, Ochosi, Babalú Ayé. Es la diosa del amor y la riqueza y vive en el río. Amansa a las fieras y se dice que ni el alacrán le pica. Es muy buena, pero con una sonrisa puede matar a cualquiera, y en realidad se ríe cuando está enfadada. Cuenta con cinco caminos, aunque se la menciona con más nombres.

Oyá (Oya Yansá, Oya), que se identifica con la Virgen de la Candelaria y Santa Teresa de Jesús, es la diosa de los vientos y las tempestades, guardiana de la parte delantera de los cementerios, donde vive. Es la más guerrera de las diosas. Acompañó a Changó en todas sus batallas y peleó junto a él aniquilando a sus enemigos con sus espadas y su rayo. Fue amante de Changó y se le considera su preferida, aunque «Oya es una mujer que no quiere tener casa ni hijos». No se le conocen caminos.

Obba (Oba, Olba), forma con Yewá y Oyá una tríada de orishas que habitan en el cementerio, conocidas como las «muerteras». Es dueña de los lagos y las lagunas. Es el símbolo de la fidelidad conyugal y se le representa como una mujer joven, sensual y de carnes firmes. Es la eterna enamorada y abogada de las causas difíciles. Es la mujer legítima de Changó, pero sus celos y los consejos de Ochún, según unos, y de Oyá, según otros, la condenaron a vivir alejada de su marido. Se mutiló su propia oreja y la coció en el plato de Changó para ganarse la gracia de su marido. Pero Changó desprecia a las mujeres con defectos físicos. Rechazada, se retiró a la soledad, al cementerio. Se sincretiza en el santoral católico con Santa Rita de Casia y Santa Catalina de Siena.

 

Yewá (Yeguá), que se identifica entre otras con la Virgen de los Desamparados y con la Virgen de los Dolores, vive en el cementerio. Es la encargada de entregarle a Oyá los cadáveres. Virgen y sumamente casta, prohíbe a sus hijos todo comercio carnal. Hoy su culto escasea, y muchos creyentes la confunden con Oyá, la tienen por un camino de ésta. Es hermana de Babalú Ayé.

Naná Burukú, que se ha sincretizado con Santa Ana, es considerada en el culto yoruba como madre de Dios y abuela de todos los Obatalás. Vive en forma de serpiente en ríos, manantiales y cañas bravas. Al igual que Obatalá es hembra y macho. Su poder es inmenso. Aunque su culto está en decadencia.

A Babalú Ayé, que se identifica con San Lázaro, algunos lo consideran hijo de Naná Burukú y para otros nació directamente de Obatalá. El nombre como tal significa «padre del mundo». Tuvo una vida muy licenciosa, por lo cual enfermó y murió, pero cuenta la historia que resucitó porque Dios así lo quiso. Sus compañeros infatigables son dos perros recibidos de Changó para acompañar al hombre enfermo. A este santo le gusta trabajar con los muertos. Algunos fieles creen que no tiene verdaderos caminos; otros hablan de que tiene diecisiete o diecinueve caminos.

Olokun es dueño y señor del océano, poderoso y terrible en la tierra y en el mar. Vive en el fondo de los océanos junto a una gran serpiente marina atada con siete cadenas. Es andrógino, se conoce tanto en forma femenina como masculina. Algunos la consideran madre o abuela de Yemayá, otros camino de Yemayá, y en ocasiones se le representa mitad hombre mitad pez. No es seguro que sufra sincretización. Olokun es el orisha de los babalawos. Nadie puede ver la cara de Olokun, por lo que siempre va enmascarada.

Oko, que se identifica con San Isidro Labrador, es una deidad de la tierra, la agricultura y las cosechas y patrono de los labradores. Actúa también como árbitro en las disputas entre mujeres y, sobre todo, entre los orishas. Es el responsable de la alimentación en el mundo, el espíritu generador que anima las plantas y los animales. Devora los cadáveres que le entrega Yewá.

Inle (Enrilé), que se sincretiza con San Rafael Arcángel y con el Ángel Custodio, es el patrón de los médicos y se dice que es el que dirige y organiza a los ángeles custodios. Es andrógino y muy bello. Se le considera la deidad de la pesca y es a veces también el dueño del río.

Iroko, que se identifica con la Purísima Concepción, es la representación de la ceiba, árbol muy venerado pues se supone que en él residen todos los orishas. Simboliza los principios del mundo, el cielo y la tierra, y se le considera el bastón de Olofí, por tanto, deidad del caminante.

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