09/20/2020

CAMBIOS EN CUBA, SOCIEDAD CIVIL Y FACILISMO

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Gustavo Pardo 33

El desarrollo de la Sociedad civil es una necesidad para el progreso la sociedad humana. En la Cuba pre “revolucionaria”, existían una Sociedad Civil conformada, entre otros, por Asociaciones de índole religiosas, fraternales y laicas.

Estas organizaciones estaban involucradas en promover acciones sociales que complementaban el trabajo de las entidades gubernamentales. El trabajo de las mismas estaba dirigido a mejorar los servicios en sectores tan sensibles como la educación, la salud, el transporte público, y otras esferas en las cuales la gestión gubernamental era más deficiente. En la Cuba pre Castrista, la Sociedad Civil establecía un equilibrio entre lo estatal y lo No Gubernamental, hecho que  beneficiaba a los sectores menos favorecidos de la sociedad.

La mayor parte de estas instituciones dejaron de existir en los primeros años de la década del 60, y solo una pocas continuaron una frágil subsistencia; entre éstas, la Masonería.

La Masonería cubana logró sobrevivir la hecatombe castrista por el reconocimiento internacional, y el prestigio que esta Fraternidad gozaba entre la población. Los cubanos de la época,  conocían que esta Institución habían militado patriotas como José Martí, Carlos Manuel de Céspedes, Ignacio Agramonte, Antonio Maceo, Máximo Gómez, y otros.

Por otra parte, durante la Republica, la Masonería de Cuba se había destacado por su fuerte participación, y contribución al progreso y desarrollo de la sociedad, promoviendo y apoyando campañas contra el juego, el alcoholismo, la prostitución, la corrupción administrativa, las prebendas y privilegios que se otorgaban a ciertas empresas a fin de burlar el pago de los impuestos correspondientes al fisco.

No obstante, el gobierno castro-comunista nunca cesó de hostigar a quienes militaban en la Masonería; logrando que más de la mitad de sus miembros se retiraran de la misma, lo que conllevó al cierre de numerosas logias.  Además, eran reiteradas las embestidas que sufrían las logias masónicas por parte de los inspectores oficiales, quienes les imponían numerosas multas y sanciones.

Producto de estas acciones, desaparecieron y fueron cerradas en todo el país 26 logias; instituciones filantrópicas como el Zapato Escolar y el Traje Masónico; los Asilos para niños desamparados de Matanzas; la Escuela y la Universidad Masónica; y otros muchos  proyectos sociales sustentados por la Gran Logia, y las logias masónicas.

A partir del derrumbe del campo socialista, el gobierno de Cuba comenzó a realizar ciertos cambios, entre ellos la reforma de la Constitución atea de 1976, cambiando este concepto por el de “laico”. Esto implicó la autorización para que los funcionarios estatales, e incluso los militantes del Partido Comunista de Cuba, pudiesen ingresar en las Instituciones fraternales, o practicar algún credo religioso.

Hoy la Institución Masónica es dirigida por hombres carentes de proyecciones, que han sumido a la Institución en un laberinto cuyas salidas conducen inexorablemente al acatamiento de los dictados de la Oficina de Asuntos Religiosos del Comité Central del PCC. Uno de los hechos que han evidenciado esta realidad, es el conocimiento público de que este Institución había sido presidida por un agente de los Servicios de la Contrainteligencia castrista; posición que utilizo para espiar las actividades de la Institución y delatar a sus hermanos masones. Esta circunstancia ha motivado que durante el año 2011, más de 2 000 masones abandonaran la Institución.

La Masonería es una de las Instituciones cubanas que podía constituir un factor que facilitara un cambio socio-político viable en Cuba; naturalmente, siempre que la directiva de la misma estuviese comprometida en hallar una solución que implique un dialogo inclusivo que implique la reconciliación nacional, el respeto a las libertades individuales y sociales, y el establecimiento de un Estado de derecho. No obstante, el férreo control que ejercen los órganos estatales sobre la sociedad civil cubana en general, y sobre la Masonería en particular; incidirá de forma negativa en cualquier esfuerzo que se haga para democratizar a Cuba.

Esto implica que los cambios en la Isla, se irán realizando de acuerdo a los intereses y necesidades del Castrismo; quienes en ningún caso tomaran en cuenta las aspiraciones de la nación cubana.

Como enfrentar esta realidad? Apoyando a los movimientos independientes que luchan por abrir espacios en la Isla. El dilema está en identificar y determinar con precisión a los grupos disidentes u opositores que dentro de Cuba implementan proyectos comunitarios realistas y efectivos. Este no es un reto nada fácil, cuya mayor dificultad reside en vencer el enemigo más encarnizado de los cambios: EL FACILISMO.