09/20/2020

UN BIENVENIDO REGRESO A LA REALIDAD

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A diferencia de lo que solía suceder con las interminables y divagantes peroraciones de su hermano mayor, el breve pero sustancioso discurso pronunciado por el presidente cubano Raúl Castro Ruz el pasado 7 de julio, en la clausura de otro fugaz período de sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular, ha generado el justificado interés de la opinión pública nacional e internacional.

Aunque el orador tocó varios puntos importantes en su alocución, yo diría que el plato fuerte de ella fue el señalamiento que de manera abierta y descarnada hizo a la proliferación de las indisciplinas sociales y la pérdida de las buenas costumbres por parte de los cubanos, tema del que afirmó que “no resulta agradable para nadie”.

El mandamás, convencido de que “el primer paso para superar un problema de manera efectiva es reconocer su existencia en toda la dimensión”, criticó sin ambages “el acrecentado deterioro de valores morales y cívicos”. Entre éstos citó “la honestidad, la decencia, la vergüenza, el decoro, la honradez y la sensibilidad ante los problemas de los demás”. Mencionó incluso la difusión de “conductas antes propias de la marginalidad”.

En un plano más concreto, fustigó el “ver normal el robo al Estado”, “la aceptación de sobornos y prebendas”, “las construcciones ilegales”, “el incumplimiento de los horarios”, “el irrespeto al derecho de los vecinos”, “el uso indiscriminado de palabras obscenas”, la violación de “las más elementales normas de caballerosidad y respeto” y la participación de maestros y familiares en “hechos de fraude académico”, entre otras muchas calamidades.

Formuladas todas esas críticas, corresponderá ahora a los informadores castristas glosar y enriquecer lo expresado por el General de Ejército. Éste, tras afirmar que sobre el tema “se puede estar hablando varias horas”, aseguró que lo dicho por él era suficiente, y lanzó su orientación a la disciplinada prensa oficialista: “Lo demás se debe publicar”.

No dudo que los escribidores del régimen cumplan con la consigna trazada; de hecho, la Televisión Cubana comenzó a hacerlo de inmediato, con mini entrevistas realizadas a los ciudadanos, quienes de manera unánime —¿acaso cabía esperar otra cosa!— comentaron lo acertado y oportuno de los planteamientos raulistas y les expresaron su pleno respaldo.

Aquí viene al caso una pregunta ineludible: ¿Y cómo queda, en este nuevo contexto, la aguerrida prensa independiente cubana? Sus representantes han denunciado y criticado esos mismos males durante años. Como es obvio —y a diferencia de sus obedientes colegas del oficialismo—, no esperaron a que el jefe supremo hablara, dictara sus órdenes o anunciara su conformidad al respecto.

Sin embargo, el orador, antes de abordar ese peliagudo tema, sí aludió a “la gran prensa internacional, especializada en denigrar a Cuba y someterla a un frenético escrutinio”. En ese contexto, omitió mencionar a los aludidos informadores alternativos radicados en el país, muchos de los cuales han sufrido acoso, persecución y hasta cárcel, ¡precisamente por haber dicho cosas como las que él hoy expresa!

De las palabras del Primer Secretario del Partido Único se saca una conclusión curiosísima: Si en los órganos no controlados por el régimen se fustiga la descomposición moral sufrida por Cuba bajo el castrismo, se trata de ‘denigración’, “asedio” y “frenético escrutinio”. Si, por el contrario, las críticas las hace el propio mandamás de turno o los “periodistas”  que se le subordinan, sólo cabe hablar de franqueza, honestidad y entereza.

Pero el discurso del actual jefe supremo invita a formular otras preguntas: Cuando él condena esas manifestaciones de incivilidad y la pérdida de la decencia y de “la sensibilidad ante los problemas de los demás”, ¿estará anunciando también el fin de los atropellos y golpizas que se propinan a los activistas pro democracia durante los tristemente célebres “actos de repudio”? ¿Cesará la represión contra los periodistas independientes por decir sus verdades sin pedir permiso?

En cualquier caso, resulta positivo que el General-Presidente haya reconocido este nuevo fruto del régimen que ahora encabeza él, y que se viene a sumar a las muchas otras calamidades que, en indisoluble relación con el apellido Castro, han caído sobre nuestra desdichada Cuba durante los cinco últimos decenios.

La Habana, 10 de julio de 2013

René Gómez Manzano

Abogado y periodista independiente