09/22/2020

Sugerencias y posibles paseos de verano.

Anuncios

 Aimée Cabrera.

Los medios de comunicación se dan a la tarea de divulgar los espacios de entretenimiento que abren sus puertas cada verano, sin aclarar cuál es el promedio de importe que deben llevar sus visitantes.

Si no tiene carro, que es lo más seguro, los paseadores deben tomar el ómnibus: sí ese mismo, el articulado cuyo chofer se estaciona, media cuadra antes y, se echa para atrás en su asiento a reírse de quienes muestran cara de desespero, corren, empujan o hacen el esfuerzo.

Están los que se dirigen al trabajo o tienen una cita médica, en ambos casos hay que llegar a una hora exacta; a ese tumulto pueden agregarse los que deseen visitar ciertos lugares de la periferia.

Frases como ¡caminen un poquito que hay espacio!, y todos los pasajeros están en puntas de pie o ¡no oigo que caiga pasaje en la alcancía!, acompañada de miradas hacia el techo o la ventanilla, en medio de un silencio sepulcral, pudieran ser el entrante, sin estar precisamente en un restaurante.

Los comunicadores no explican que estos humildes veraneantes amantes del maltrato (una de las muestras más comunes brindadas por quienes dan servicios en Cuba) tienen que recordar a las tribus nómadas, apertrecharse bien de líquidos, ninguno mejor que el agua.

El preciado líquido, bien hervido en la casa, envasado en los frascos de litro y medio, los cuales se guardan toda la noche en el congelador. Antes de guardarlos en la mochila hay que envolverlos en una toalla o paño absorbente para que no humedezcan el resto de las pertenencias. Uno del grupo debe ser el encargado de saber administrarlo. Se recomiendan vasos plásticos o desechables.

Hasta unos frascos de refrescos de los pequeños o las latas de refrescos o cervezas, hay quienes les hacen  bordes bien hechos y ¡ahí están los vasos! Las cucharas del material que sean no pueden faltar en el viaje “de recreación”. ¿Y las manos qué? Porque en la mayoría de los establecimientos y centros de esparcimiento los lavamanos no funcionan. No es mala idea llevarla también  para ese fin.

Así si se puede llegar más muertos que vivos a un lugar tan acogedor como Expocuba. Allí tienen lugar actividades culturales muy variadas desde la mañana y se venden las principales líneas de productos de Labiofam las cuales incluyen medicamentos, cosméticos, productos de aseo e higiene y alimentos, como el yogur Paraíso.

Con mucha discreción en la vasta área de exposiciones, el grupo que puede hasta ser condecorado por haber podido llegar antes de las 10 de la mañana a Expocuba, puede hacer un “mini picnic” que no es más que entregar a cada uno “un pan con algo” nada de sándwiches de pollo, jamón o carne de res, estos son de ave (averigüe) que es una pasta que tiene de todo y se pasa por la licuadora, o unos huevos duros que no es que estén viejos o unos perritos, que no es desamor a las mascotas, sino así se les llama en Cuba a las salchichas.

Teniendo en cuenta estos detalles, un grupo de familiares o amigos pueden hacer un viaje hacia el oeste de la capital. También pueden hacerlo a la inversa, para el este está la playa que, en cada tramo recibe un nombre, el primero es Bacuranao que se encuentra a continuación de la última zona residencial de Alamar, Micro X o “La Siberia” sin frío.

Para este caso hay que madrugar. Los ómnibus de Alamar terminan en esta zona; de ahí el trayecto puede hacerse a pie y de paso se van soleando. Recordar las anteriores sugerencias de bebidas y comestibles. Un alud de revendedores y gente de la peor calaña pueden tener, en apariencia, excelentes ofertas, las mismas que pueden ocasionar una peligrosa ingesta.

El cubano puede adoptar actitudes demenciales en la playa como lo es beber ron del peor bajo los impecables rayos generadores de más efectos perjudiciales que beneficiosos en la piel y en el organismo humano, en general. Un consejo muy saludable es estar lo más lejos posible de estos “hermanos vacacionistas”, y partir hacia la parada del transporte mucho antes que ellos.

Para los que tienen dinero en ambas monedas para gastar están además, los paseos en la ciudad como tal. Rutas y Andares siempre tiene ofertas instructivas, así como los museos, el zoológico, el jardín botánico, los teatros y cines con programaciones infantiles, incursiones de artistas del circo u otras variedades.

Los más osados, aburridos de ver tantos filmes y seriales de experiencias paranormales, crímenes y acción desmedida, pueden participar en los carnavales que se celebran en buena parte del Malecón. Están los palcos con sus asientos y áreas por donde se puede caminar. Los carnavaleros deben estar atentos a los carteristas, a los busca pleitos y mucho ojo de nuevo con qué se come y bebe en el carnaval de la capital de todos los cubanos, ¡felices vacaciones!