09/25/2020

CUBA: ALGUNOS APUNTES SOBRE MARXISMO, CASTRISMO Y GRAMSCISMO

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Jorge Hernández Fonseca. El 4 de noviembre de 2013 08:04 jfonseca@amazonet.com.br.

Enviado por Roberto Jimmenez.

Ahora que el socialismo castro-marxista cubano se declara derrotado –al inaugurar en el Puerto de Mariel un enclave capitalista para intentar sobrevivir al desastre económico, social y moral de la sociedad castrista cubana de 2013– vienen a mi mente ideas necesarias de compartir.

Nicolás Maquiavelo, un asesor de las altas esferas de gobiernos feudales de algunas de las ciudades-estados italianas de inicios del Renacimiento, fue probablemente el primer escritor que dejó para la posteridad algunos principios de lo que hoy se conoce como las “ciencias políticas”. Su obra principal, “El Príncipe”, es una recopilación de recomendaciones efectivas (poco éticas) ante situaciones complejas que enfrenta todo gobernante, válidas hasta hoy.

Carlos Marx, que pasó a la posteridad con su obra cumbre “El Capital”, –de corte económica– creó también –asociado a sus estudios económicos– métodos y procedimientos sociales y políticos como forma de aplicar supuestas soluciones a los problemas que sus estudios económicos arrojaron, según su óptica. Para tales propuestas, Marx incursionó en la filosofía y la historia, de las cuales extrajo las bases para los métodos y procedimientos citados. Nacían así principios marxistas consagrados –como “el fin justifica los medios” muy usado hoy día– asociados a la utilización de la violencia como método adecuado para alcanzar fines políticos.

El trabajo de Marx en el campo social y político puede resumirse como una sistematización, un método y un direccionamiento político-económico-histórico de las viejas ideas contenidas en “El Príncipe” citado antes, del cual probablemente extrajo sus principios básicos, concatenándolos.

Sí bien la Cuba de los hermanos Castro de hoy ratifica –con su paso hacia el capitalismo en el Mariel ‘brasileño’– el fracaso de las ideas económicas y sociales de Marx, eso no significa que el marxismo como filosofía de procedimientos –y en el ideario de nuestros políticos en Latinoamérica, en las normas de la ‘mala’ educación, en la óptica política y en el proceder social general de una izquierda revanchista– esté igualmente acabado. Todo lo contrario, ¿por qué?

 

Una pregunta difícil de responder, asociada a un modelo de pensamiento, cuyo núcleo central fracasó estrepitosamente –no sólo en Cuba, como también en las decenas de países que lo experimentaron y fracasaron antes– resultando por eso en una respuesta compleja y múltiple.

Por un lado, el marxismo es un cuerpo de doctrinas muy bien concatenadas, que encuentra su principal –e insoluble– problema cuando es aplicado en el mundo real. De manera que para aquellos de pensamiento netamente teórico –la mayoría de la intelectualidad se engloba en esta categoría– a los que les resulta ajena esa realidad social fuera del “librito”, estos fracasos suelen ser atribuidos a ‘gestores inexpertos’, ‘conspiraciones de la derecha’, o a ‘incidentes fortuitos’ y no al desapego del conocimiento marxista sobre la naturaleza humana, razón principal de su fracaso en la realidad económica, política y en el funcionamiento de la sociedad.

Por otro lado, el marxismo establece una especie de catecismo de dogmas que funcionan como en una religión, de manera que obliga a atar aspectos tan disímiles como la “justicia social” y la ‘dictadura de un partido único’ (que reprima a ‘los capitalistas’ de manera ejemplar) siendo que en la realidad social no hay relación efectiva de una cosa con la otra. El marxismo distorsiona además los principios morales, para lo cual ataca las bases de la sociedad occidental, el cristianismo, a cuya doctrina es diametralmente opuesto, con vistas a destruir el cimiento de nuestra civilización, pensando que –sobre las ruinas de la misma (ruinas como las de la sociedad cubana actual)– puede establecer su doctrina atea, relativista, oportunista y utilitaria.

El marxismo en Cuba fracasó en la economía y en la sociedad, que ya no cree más en la “revolución”. Además, el marxismo no es sólo aplicar sus postulados directos, también carga con sus consecuencias. Así, vive en la esencia de una dictadura de partido único, en el odio de las turbas que golpean mujeres indefensas, que arbitrariamente encarcelan y condenan sin pruebas personas inocentes, en el terrorismo de estado que aplican contra su propio pueblo y en la violencia social que se vive dentro de la isla, sin presente y sin futuro. Eso también es marxismo, como lo es la doble moral, la prostitución generalizada, los miles de fusilados, los cientos de miles de presos políticos, la desesperanza de la juventud, la división de la familia…

Adicionalmente, el marxismo es una doctrina de derramamiento de sangre, que se justifica en la muerte del “enemigo de clase”, que promueve la descomposición social, la falta de educación, el hablar chabacano, el desprecio a las buenas costumbres. Siembra el odio y la destrucción de la familia como principal célula social, incentiva la envidia y las bajas pasiones con fines utilitarios, pero después no tiene como suprimirlas, porque las usa precisamente como factores de triunfo de su ideología divisionista, que controla con técnicas de terror social y represión.

El marxismo es robarse las elecciones presidenciales en Venezuela, al tiempo que ‘adelanta las Navidades’ para ganar las elecciones municipales; es modificar –con los peores métodos de corrupción y terror– la Constitución en Nicaragua para establecer un “dictadura constitucional”; es hacer aprobar leyes contra la prensa en el parlamento ecuatoriano; es doblegar voluntades pro socialistas usando la coerción en Bolivia; es depredar el patrimonio público y privado en Brasil escudándose en manifestaciones pacíficas, y un largo etcétera que incluye penetrar los medios masivos de comunicación para establecer un estado de opinión que justifique el caos.

Por efecto de la debacle generalizada en Cuba –y con miedo a la estampida que se espera a la muerte de los hermanos Castro– muchos marxistas cubanos han abrazado la oposición política al castrismo ahora, pero –vaya pretensión– quieren imponernos a los opositores demócratas sus ideas sin ninguna vergüenza. Usando sus condiciones de “intelectuales” marxistas llegan incluso a mirar por encima del hombro a los opositores demócratas, siendo que un puñado de los pocos representantes del ex castrismo marxista dentro de la oposición política cubana, escriben con excelente acceso a los medios de prensa opositores, creando un estado de opinión con el que pretenden coartar a la mayoría opositora demócrata dentro y fuera de la isla.

Es la práctica asociada a los métodos propuestos por Antonio Gramsci, un comunista italiano que propuso la penetración del marxismo en los medios culturales de occidente defendiendo sus métodos, materializado ahora no sólo en una buena parte de la sociedad occidental, sino –pretendidamente– dentro de la oposición política al castrismo. Este procedimiento se ejecuta –no para defender una doctrina económica fracasada en la isla– sino para introducir el germen de la autodestrucción marxista entre los opositores cubanos, con vistas a prevalecer dentro de la isla en una transición asociada a la familia Castro, tal y como Raúl y sus generales planean.

El marxismo político, económico y social, ha fracasado, pero todavía hay que dar la batalla de la eliminación de los métodos marxistas al interior de la cultura de la sociedad civil cubana, como la única forma de evitar que los teóricos del odio y la sangre derramada vuelvan por sus fueros a imponer en la isla lo peor de una filosofía discriminatoria, la envidia y las bajas pasiones, que si bien ha demostrado eficacia para atacar y destruir personas de éxito e Instituciones democráticas, también ha demostrado su total incompetencia para generar bienes y servicios (riquezas) en una sociedad pacífica, apegada a los preceptos cristianos de la exitosa sociedad occidental.

El marxismo –derrotado en la política y la economía– actúa ahora en occidente como un cáncer en el seno del tejido socialmente sano, contra el cual se rebela con métodos inmorales y poco éticos, basado precisamente en la libertad y la tolerancia propia de las sociedades democráticas, que aprovecha para penetrar con falacias y métodos divisionistas –usando lo peor de la condición humana– que promueve con vistas a prevalecer (divide y vencerás) para implantar su esquema de terror, matonismo y desprecio por los valores éticos y morales.

La derrota del castrismo en la sociedad cubana es un hecho innegable. El peligro ahora es su continuación mediante un gobierno “capitalista de estado” promovido por los peores métodos marxistas de engaño, soborno y penetración garmscista en la oposición política cubana. En virtud de lo anterior, es necesario saltar con fuerzas al plano intelectual de la lucha de ideas, para desmontar esta nueva pretensión castrista-gramscista-marxista dentro de la oposición.

No dejemos que el marxismo derrotado capitalice la transición hacia un capitalismo de estado castrista, ¡luchar por una Cuba libre y democrática resulta ahora más que necesario!

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