09/19/2020

“HACIA DONDE VAMOS”

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ROBERTO   GÓMEZ   ANZA

 

GRAN   MAESTRO. GRAN  LOGIA  DE  TAMAULIPAS.

 

La visión de un mundo mejor está estrechamente ligada con la visión masónica de la unidad entre los hombres; el mundo moderno, nuestro  mundo, ha abierto nuestros ojos a la realidad sobre la alternativa de subir juntos o hundirnos juntos.

Todas las experiencias del mundo profano, nos muestran la necesidad de salir adelante, evitar la confusión separatista y entrar en la luz diáfana del  concepto  de  la  unidad  en todos.

La situación actual en nuestras columnas, hace imperativo un pronto restablecimiento del orden en ellas.  Los que vemos y sentimos en la masonería algo más profundo y más grande de lo que aparece en la superficie, no podemos resignarnos a que pase mucho tiempo antes de que el  sol  salga  de  nuevo  en  oriente.

Nuestro objetivo, debe ser revisado a la luz de una mejor capacidad de entendimiento y asimilación en el presente, ya que tenemos por enemigo común a la división y por amigo común a la unidad, por lo tanto, cada parte que dividimos, crea un problema y cada división que eliminamos, resuelve  un problema.

Nuestro símbolo principal, el de la escuadra y el compás sobrepuestos, significan, para la masonería, la unidad en todos sentidos, debiendo existir la armonía y la interdependencia, en lugar de antagonismos, debemos pues, hallar en ella, ese sentido de continuidad que reina en el universo y para alcanzarlo, ninguna tarea resultará demasiado difícil, ni  camino  demasiado  largo  o  sacrificio  demasiado  grande.

Nuestros  vínculos  con  la  institución  masónica,  van mucha más lejos de los

que  podemos recordar.  Pese a ello, tiene una particular característica, que ha mantenido a través de su larga historia, no obstante las distorsiones que ha sufrido y las formas diferentes de manifestación que ha tomado en distintas épocas.  Recordad  qq.´. hh.´. que ninguna institución en la tierra cuenta  con  una vida tan larga.

Los antiguos preceptos masónicos son las palabras más importantes de nuestro lenguaje, ya que son para la institución, lo que las leyes para el universo.

En la oscuridad que rodea a la masonería, se está pidiendo a gritos una guía incuestionable para no apartarse de los preceptos masónicos básicos y para que las constituciones y reglamentos sobre usos y costumbres de la orden, no se aparten de las normas que la caracterizan, siendo para ello indispensable conocer primeramente el objetivo de nuestra  institución.

Estamos pasando a través de una de esas grandes etapas difíciles en nuestra historia, en la cual, tenemos que tomar una poderosa decisión, es decir: el ocaso de la superficialidad o el oriente de la esenciabilidad, en otras palabras, hundirnos en la obscuridad o surgir con bríos renovados a la luz.

Los tiempos demandan de la masonería, que ordene su casa, si quiere sobrevivir a la tormenta que cada día va creciendo en intensidad y para ello, debe dejar de resbalar hacia el pasado y dar un paso adelante, hacia lo  siempre  nuevo,  que  es  su  destino.

Un viejo proverbio dice: “que nada es tan fuerte como una idea y que nadie la puede detener, cuando le ha llegado su día”, y pese al caos actual en el mundo, hay síntomas evidentes, de que a la idea de la unidad, el orden y la armonía que caracterizan la masonería, le ha llegado su  día,  el  mundo  está  cansado  de  lo  contrario.

Tenemos la visión de llevar al mundo, un cuadro sobre la realidad de las relaciones humanas, reflejándola en la unidad real y la vida grupal que podemos demostrar fehacientemente en nuestros talleres, no  hay un mensaje más poderoso ni un argumento más convincente que el ejemplo que podemos  dar  al  mundo.

El recelo, el odio, el rencor y la separatividad, no pueden existir en ninguno que haya percibido la luz masónica, todos nuestros símbolos, tienden a abrirnos los ojos a la realidad de la unidad intrínseca de todos  los  seres.

En medio de este mundo en confusión, la masonería debe estar ahí como un faro en la noche, indicando el único camino para llegar a puerto seguro: el camino de la verdad, la unidad, la armonía y la fraternidad. Pero para ello, los masones tenemos que salir de la edad de hielo en el sentido espiritual y sacudir el polvo y la telaraña que nos cubre, romper  esas  formas  muertas  y  surgir  de  ellas  como  el  ave  fénix.

Mientras muchas instituciones en el mundo, se están poniendo en órbita, para usar un término moderno, la masonería no puede ni debe quedar al margen de ella; la humanidad ha evolucionado en su forma de pensar, desde los tiempos de galileo y de copérnico, y siendo los masones parte de esa humanidad, no podemos quedarnos atrás, hacerlo, equivaldría a pretender evadirnos de la realidad que se vive en el mundo actual, olvidando que debemos marchar hacia el oriente, siendo muchas veces pioneros e  idealistas  de avanzada.

Es tiempo para un  nuevo comienzo en la institución masónica, debemos comenzar con renovados bríos, para ajustar nuestra actividad a la época actual, de manera que podamos adelantarnos material y espiritualmente.

Debemos reconocer, a la vez, con un sentido realista que el camino por delante es largo y cuesta arriba, pero impostergable.  En esta hora decisiva del reencuentro, recordemos que una jornada de mil leguas comienza con un solo paso, pero debemos prepararnos para darlo oportunamente, y siempre pensando en forma colectiva, no en búsqueda de beneficios  personales o de grupo, que nuestro andar refleje los anhelos de  los  hh.´.  y  los objetivos  de  nuestra   augusta   institución.

Cd.  Reynosa,  Tam.   junio  7  de  1988.  E.´.V.´.