09/22/2020

¡ESTAMOS PERDIENDO LA BATALLA!

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Gustavo Pardo

¡Cuánto se habla, discute, elabora y publica sobre lo que es o lo que debe ser la democracia! Indudablemente que mucho. Paneles, Foros, conferencias de prensa… Todo enmarcado dentro de un halo de profundo conocimiento y aparente convencimiento de los beneficios que para la sociedad implica la democracia. En realidad, sí; la teoría esta. Lo que falta es la convicción.

Cuando la vida se impone y nuestro estudioso se enfrenta a la realidad de poner en práctica cuanto dice … ¡Ahí es cuando se presenta el problema! Ante la disyuntiva de poner en práctica cuanto ha estudiado y conoce sobre lo que es la democracia, sus atributos, condiciones y lo necesario que en ella es el ejercicio de las contradicciones; ¡Se horroriza!

Ciertamente, ser demócrata implica el aceptar que los demás integrantes de la Organización, Movimiento o equipo; tengan el pleno derecho a expresar libremente sus ideas, emitir opiniones, a discrepar y a oponerse. Es entonces cuando el predicador de los benéficos principios democráticos, comienza a cuestionar y a obviar las reglas del juego democrático que hasta el momento ha patrocinado. Invariable nuestro paradigmático héroe comienza a pensar y actuar de forma autoritaria.

Lo común en estos casos es que justifique su viraje hacia el autoritarismo aludiendo a la “operatividad”. Efectivamente, nuestro héroe ha descubierto las delicias de actuar sin las barreras que implica el debate; y asume que desde algún sitio ignoto le ha bajado la “iluminación”. A continuación, asume poseer el principio de la “infalibilidad”. Sus propósitos y opiniones se tornan ideas fijas, que adquieren fuerza de dogmas; y los dogmas no se ponen a discusión: ¡se cumplen!

Ser un demócrata implica estar dispuesto a poner las propuestas sobre la mesa, escuchar las opiniones de los otros participantes; y … ¡debatir! Pero para debatir hay saber razonar y defender ideas. Quien mejor exponga su proyecto, quien sea capaz de convencer al conjunto de los presentes en la reunión; ese será quien podrá lograr la aprobación de su propósito. Es cierto que ello puede resultar molesto; pero, lamentablemente, el ejercicio de la democracia necesita de la diversidad de opiniones, de la discusión y de la aprobación por mayoría de los propósitos a implementar por el grupo. Este procedimiento envuelve adoptar el mejor acuerdo y la satisfacción generalizada del grupo; precisamente porque dicho acuerdo se adoptó, tomando en cuenta la opinión de todos.

La opción autoritaria, por el contrario, trae consigo el disgusto de quienes se sienten ignorados o, lo que es peor, menospreciados. ¿Pueden enumerarse las organizaciones que se han fraccionado, continúan fraccionándose y hasta desaparecen a causa de la imposición de las ideas y las acciones de un líder autoritario-providencial? Indudablemente, eso es parte inseparable de nuestra penosa historia opositora; precisamente, ella es la parte que mejor ha servido, y aun sirve, a la subsistencia del régimen castrista.

Pero no, esa materia no es objeto de interés en los estudios que se realizan sobre la democracia, y precisamente es por ello que ¡ESTAMOS PERDIENDO LA BATALLA!

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