09/23/2020

EXIJO RESPETO A MI DERECHO A LA LIBERTAD.

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Gustavo Pardo

Durante los últimos 53 años de mi vida en Cuba, fui sometido a numerosas presiones y limitaciones; tanto de índole espiritual como material. Sin embargo, de todas ellas puedo afirmar que la que más daño moral, espiritual y material me produjo; fue la perenne censura a que fui sometido por el régimen totalitario cubano. En 1984, como un paliativo a esa situación, me incorporé a la Masonería.

Por una u otra razón, tuve la oportunidad de ser invitado por numerosas logias a ofrecer conversatorios, instrucciones, disertaciones de índoles diversas, etc.; en las cuales exponía mi visión de lo que en realidad era la Masonería y su compromiso con los principios de Libertad, Igualdad y Fraternidad que la Institución proclama defender. Naturalmente, las autoridades no gustaban de ese tipo de testimonio, y así se lo hicieron saber a los altos directivos masónicos. No obstante, pude contar con la simpatía de un numeroso grupo de masones, fundamentalmente de los más jóvenes.

En abril de 1994 fui designado director de la Biblioteca Nacional Masónica “José Martí” de la Gran Logia de Cuba. Aunque esta biblioteca es de carácter público, la misma no ofrecía servicio alguno a los masones y mucho menos a la población. Al asumir su dirección, con la finalidad de procurar relaciones con centros culturales internacionales, me puse en contacto con distintas instituciones y embajadas extranjeras radicadas en La Habana. Entre estas legaciones diplomáticas, contacte con el Sr. Jim Bigler, Primer Secretario de Prensa y Cultura de la Sección de Intereses de los Estados Unidos de América (SINA). La SINA efectuó numerosas donaciones de libros, folletos, diarios y revistas a la Biblioteca. La Biblioteca Masónica fue la única de las Bibliotecas cubanas en la cual la población podía consultar libremente el Nuevo Herald y el Diario Las Américas. En 1996, oficiales del Departamento de la Seguridad del estado (DSE) efectuaron un registro en la misma; obligando a que el Gran Maestro me destituyera y me suspendiera durante 6 meses en mis derechos masónicos.

En diciembre de 2005, fui electo para presidir la Academia Cubana de Altos Estudios Masónicos de la Gran Logia de Cuba; organismo que en esos momentos se hallaba en un estado francamente vegetativo.  La Academia se abrió a los masones y a los no masones. Su tribuna fue ocupada por personalidades de la sociedad civil alternativa, entre los cuales se puede citar a la bloguera Miriam Celaya, al medico reikista Julio Martin Rodríguez, a la obispo episcopal Nerva Cot Aguilera, y al Presidente de la Sociedad Teosófica Cubana, Sr. Gaspar Torres. El desarrollo de estas y otras actividades, atrajo a numerosos miembros del cuerpo diplomático radicado en La Habana; quienes presenciaban algunos de sus Actos Corporativos. Esta actividad no fue nada bien recibida por las autoridades gubernamentales, ni por la alta directiva de la Gran Logia de Cuba.

No obstante, abri mi Blog “La Colmena” en el año 2008. En este Blog publicaba todo aquello que consideraba útil para disipar el oscurantismo que el oficialismo proyectaba sobre toda la sociedad cubana.  Ello trajo sus consecuencias, porque en nuestra Isla la censura no es únicamente aplicada por las fuerzas represivas del castrismo; la censura se extiende a todas las esferas de la vida en que se desenvuelven los cubanos: el trabajo, el barrio, la universidad y las organizaciones de índole religiosa y fraternal en que se milita.

Yo fui tan reprimido y aislado por las autoridades masónicas, como lo fui por las fuerzas represivas del régimen. Me vi maniatado y excluido de mis actividades fraternales, civiles y humanas. Esa fue la causa que me llevo a solicitar asilo político en este país.

Al arribar a esta tierra de libertad, abril el nuevo blog “Masonería Libertaria”, desde el cual expongo todo aquello que considero útil para el mejor entendimiento de ser humano como tal, de la naturaleza en su conjunto y de la sociedad. Pensé que todo el horror de la censura castrista había quedado atrás; pero, ¿Cuál sería mi sorpresa al comprobar que no es así? ¡Y lo peor de todo es de donde proviene dicha censura!

Durante toda mi vida, he estado en desacuerdo con muchas teorías, propuestas, acciones y he debatido mis puntos de vista con sus autores; pero, jamás he pretendido coartar el derecho de cada cual a expresar lo que honradamente entienda.

En mis publicaciones no me expreso a nombre de institución u organización alguna; lo que digo lo hago por mi cuenta; por esta razón no tengo que pedir autorización a nadie para escribir o decir lo que considero necesario expresar. Además, por todas las restricciones a mi libertad de expresión que por más de cinco décadas he padecido en Cuba; ¡EXIJO RESPETO A MI DERECHO A EXPRESAR CON ABSOLUTA LIBERTAD MIS IDEAS!

Trata a tus semejantes como quieres que ellos te traten, eso haría de nuestro planeta un lugar mejor para vivir.

Por favor, no hagas a otro lo que no quieras para ti.

DOCUMENTOS.

Declaración de Derechos de Virginia. El artículo doce declara la libertad de expresión.[i]

La Primera Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos es un parte de la Carta de Derechos de los Estados Unidos. Prohíbe que el legislador promulgue ley alguna con respecto a la adopción de una religión o promulgue ley alguna que prohíba la libertad de culto, de expresión, de prensa, de reunión, o de petición[ii].

Declaración de los derechos del hombre y del Ciudadano.

 Art XI. Puesto que la libre comunicación de los pensamientos y opiniones es uno de los más valiosos derechos del hombre, todo ciudadano puede hablar, escribir y publicar libremente, excepto cuando tenga que responder del abuso de esta libertad en los casos determinados por la ley.[iii]

Declaración Universal de los Derechos Humanos:

Artículo 19. Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión[iv].


[i] La Declaración de Derechos de Virginia, adoptada el 12 de junio de 1776, está considerada la primera declaración de derechos humanos moderna de la historia, aunque tiene un importante antecedente en la Carta de Derechos Inglesa (Bill of Rights) de 1689.

[ii] adoptada en su forma original el 17 de septiembre de 1787 por la Convención Constitucional de Filadelfia, Pensilvania

[iii]  aprobada por la Asamblea Nacional Constituyente francesa el 26 de agosto de 1789

[iv] Adoptada y proclamada por la Resolución de la Asamblea General 217 A (iii) del 10 de diciembre de 1948