09/20/2020

DÍAS DE HAMBRE.

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Aimée Cabrera.

Las clases recesaron el viernes 20 de diciembre hasta el lunes 6 de enero, período que superó la quincena,  en el cual, los estudiantes  se mantuvieron en sus casas o en paseos que aumentaron los gastos familiares, sin contar regalos y cenas que aún los más humildes trataron de hacer al menos los días 24 y 31.

Se adelantó, a conveniencia, la entrega de regalos por el Día del Educador-22 de diciembre- y en muchas escuelas, los  maestros y profesores aprovecharon para hacer fiestas o reunirse en donde las ofertas gastronómicas se unen a la música y el baile.

Los que no tuvieron estos días de vacaciones por pertenece a otros sectores se sumaron al jolgorio. El cubaneo se caracteriza por la música bien alta, el trago de ron a cualquier hora y los comentarios   de tópicos como el deporte o la situación social actual, los cuales llegan, a escala de escándalo, y salpicados con las peores frases.

Cada día más desabastecidos los mercados que ofertan en ambas monedas las mercancías liberadas, fue difícil encontrar con qué hacer tres comidas y meriendas para los chicos y jóvenes ansiosos  que prefirieron no enfrentar el transporte urbano para llegar a los pocos lugares recreativos cuyos precios no son tan altos.

Ventas de yogur, jugos, refrescos y golosinas son acaparadas por quienes trabajan el cuentapropismo de manera legal o ilegal. Solo las mercancías caras en exceso están a la vista, y no a la mano del ciudadano medio que opina con pesimismo a propósito de la vida cotidiana habanera.

“No da la cuenta. Mis nietos no  paran de comer. Si se ponen a jugar no hay quien los aguante sino es viendo televisión y comiendo. Estas vacaciones debían ser más cortas, es que no hay nada, ni tan siquiera sacarlos a pasear, a dónde, con qué dinero”, expresa  una señora que cuida a un par de niños para que sus padres no se ausenten de sus centros de trabajo.

Otros niños  se quedaron con el sueño de llegar a aquellos sitios que están lejanos, por lo que los grupos habituales  jugaron a los escondidos, a la pelota o al futbol mientras que las hembras que no tienen juguetes suficientes  se sumaron a compartir  actividades más “varoniles”.

“Esas niñas corren que parecen unos potros. Antes las niñas jugaban a las muñecas, a las casitas, a las cuquitas, pero ahora no tienen con qué jugar”, dice un hombre sentado en un  parque del centro de la capital, asombrado por la agresividad con que tratan de llegar a una meta tres hembras no tan chicas.

Tres hermanos: dos hembras y un varón juegan a las cartas, dibujan, hacen collages y se entretienen con un tablero de monopolio en el portal de una casa. Otros, más modernos no se separan de la computadora y su amplia gama de juegos; ninguno, en general,   ha querido ver las tareas que deben entregar el lunes 6 de enero.

Se acercan días de lluvia y cambios de tiempo con la entrada de días frescos y húmedos que acrecientan otros problemas en las casas como son las filtraciones, y el incremento de enfermedades respiratorias o vinculadas a  procesos alérgicos. La problemática de la alimentación sigue inestable con la efímera canasta básica y la desaparición de varios de sus renglones.

Los adultos de la casa reparan más en estas situaciones que en lo concerniente al buen  rendimiento escolar o a la confección de los deberes asignados, que fueron “kilométricos” por parte de muchos educadores que con esta vía se desentendieron de parte del contenido de clases y delegaron su labor didáctica en los padres,  abuelos o hermanos mayores.

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