09/23/2020

UN SUICIDIO MÁS.

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 Aimée Cabrera.

La Calle Amistad  lucía acordonada en la mañana del lunes 20 de enero por San Rafael, mientras que por San José entraban y salían vehículos oficiales y otros se mantenían parqueados frente al antiguo Hotel Bristol, en total eran 5 patrulleros, una ambulancia, un carro de Medicina Legal y otro de bomberos; cientos de personas miraban para arriba y conversaban entre sí en voz baja, sin dar detalles a los curiosos, pero los comentarios siempre se alcanzan a oír: Un hombre se había lanzado al aire desde la azotea.

En un país donde no  hay libertad de prensa no había, por tanto, ningún periodista averiguando y tomando fotos. Una cuadra hacia abajo, entre San Rafael y San Miguel, un bicitaxista comenzó a lamentarse cuando perdió varias carreras por el desvío de tránsito. “Esto que estamos viviendo, no es fácil, no pudo soportar”, exclamó.

“Ya se quitó los problemas de encima, ya llegó al mundo de la verdad”, decía una amiga a otra mientras pasaban por debajo del cordón, custodiado por un policía. Por otra de las calles aledañas, un grupo de personas tomaban café y hablaban. Ellos conocían al occiso. “Él tenía su problema, para tirarse desde esa azotea no se puede estar bien”, explicaba un hombre que señalaba un área de la azotea del Bristol, donde se divisaban tanques plásticos de agua y construcciones habitacionales.

El espectáculo era impactante para los que conocieron o no al hombre que se había quitado la vida de manera tan brusca. En Cuba los casos de suicidios no se divulgan pero ocurren con bastante frecuencia entre personas con enfermedades mentales, ancianos depresivos y los que se evaden a través de las drogas. Un mal que aumenta, por la falta de atención médica y la poca ayuda que obtienen, los más marginados que son, quienes más la necesitan.

Solo queda pararse y ver desde un ángulo en lo que se ha convertido el hotel Bristol que no es más que una cuartería que sirve de albergue a quienes perdieron sus casas en derrumbes y no saben cuándo el gobierno del municipio les otorgará un techo para vivir con sus familiares y pertenencias, con un mínimo de decoro.

De solo observar lo que fuera un inmueble de hospedaje moderno, elegante y acogedor, convertido en una antesala del Infierno con sus  cristalerías rotas y opacas por el hollín, el lobby oscuro y sucio, y sus residentes mal vestidos que parecen espectros,  pudiera  tener entonces explicación, el estado de desesperación de quien, como dijo una joven, a toda voz: “se tiró del Bristol”.

Un pensamiento en “UN SUICIDIO MÁS.

  1. esta iniciativa, merece felicitaciones a todos los organizadores,esta es una de las labores, que debieran crecer en nuestra comunidad de exiliados cubanos y latinoamericanos, LA UNIDAD EN ACCION…..debemos seguir hablando y denunciando, por los que no tienen voz en cuba, por la censura impuesta por la tirania mas sanguinaria del emisferio occidental ;. S;.F;.U;. HUBER;.

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