09/19/2020

EL LADO MÁS DÉBIL DE LA SOGA.

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Aimée Cabrera.

El cubano medio se debate en cómo alimentarse y solucionar otras cuestiones diarias como el aseo, cuando las entidades estatales no son capaces de garantizar lo imprescindible, se agotan o encarecen las mercancías y la vida sigue su curso, muy apretada para quienes están del lado más débil y vulnerable de la sociedad.

Con salarios mensuales por debajo de los veinte CUC ($480.00 pesos) y con jubilaciones inferiores a los diez CUC ($240.00 pesos) la población de la Isla no encuentra la forma de organizar sus ingresos y que estos duren más de una quincena.

La canasta básica apenas es una ayuda para la familia y las compras liberadas son demasiada caras, no importa si son en pesos o en la moneda convertible. “Tengo dos hijos estudiando, mis padres tienen más de ochenta años, sus chequeras son bajas; tratamos de vivir pero todo está muy caro: la comida “por las nubes” (precios altos), ahora no hay ni detergente (en polvo) ni desodorante, ¡hasta las cuántas!”, dice una obrera capitalina.

Entrevistas con opiniones de campesinos aparecen con frecuencia en la prensa oficial. Ellos plantean que este período “de invierno” considerado de esplendor en las cosechas de vegetales, viandas y frutas en otros años “ha sido un tiempo malo para el tomate, la col y las hortalizas en general. El clima no se comportó como debía. Llovió cuando no se esperaba, y el frio fue casi imperceptible cuando más necesario era para el desarrollo de estos cultivos”, apuntó Herminio Ravelo director de la Unidad Empresarial Comercializadora del municipio Güira de Melena en la provincia de Artemisa al diario Juventud Rebelde.

Se acepta la explicación del directivo de la nueva provincia occidental, pero nada se dice de la papa. Dónde está la papa. Guardada en frigoríficos y distribuida los doce meses fue, por decenios, uno de los principales alimentos de la población.

Había meses que se despachaban hasta 8 y 10 libras por persona. En el 2013, en su modalidad de producto liberado a peso la libra, fueron pocas las veces que se distribuyó. Los agromercados seleccionados tuvieron más que filas organizadas, grandes tumultos en los que tuvieron que poner  orden los policías. Los que tenían transporte aprovecharon para comprar sacos de papas y acapararlas mientras otros prepararon bolsas de plástico con papas limpias y grandes al precio de 25 pesos o 1 CUC.

Lo que se consume y no se vuelve a poner en venta se acaba. Hace meses que la población no la come. Solo en algunos restaurantes privados conocidos como “Paladares” y en hoteles de lujo puede degustarse el tubérculo. La sustitución no es muy favorable cuando la libra de boniato se encuentra a dos pesos y la de malanga regular a más de tres. La conocida como Isleña o “chopo” cuesta $1.80 pero se corre el riesgo de  que esté picante.

La costumbre del cubano de comer frijoles, arroz y vianda en cada comida ha pasado a ser una tradición de antaño. Mucho menos el consumo de vegetales cuando las zanahorias y remolachas, así como las coles están a diez pesos, la habichuela entre 5 y 6, y es difícil encontrar lechuga,  berenjena y acelga. En el Agro mercado  de 19 entre A  y B en el  Vedado un vendedor muestra sonriente la coliflor a $35.00 la libra.

Lo cierto es que el tomate de mala calidad está a seis pesos la libra. “Redondos como manzanas, mire qué lindos”, dice un cuentapropista que los vende en su carretilla a diez pesos la libra. La gente pasa, lo escucha, mira y sigue.

Los spots televisivos que sugieren el consumo de vegetales muestran una mesa con una ensalada variada, vasos llenos de jugo y proteína animal. “¿Dónde está esa casa?, no conozco a nadie que coma tan bien, hay que comer lo que haya”, dice una anciana que escoge unos plátanos de fruta de una tarima del Agro de la Calle Ánimas en Centro Habana, ante el comentario irónico sobre el mismo, de otro cliente.

El mes de enero comenzó con más carencias que las habituales, que es mucho decir. Sin apenas alimentos asequibles, en las tiendas recaudadoras también faltan los principales productos de aseo personal y de  limpieza-entiéndase los más baratos-  El efecto de los cambios climáticos y la indolencia de los dirigentes, a todos los niveles, parecen estar confabulados contra  quienes se encuentran en una posición, a la que parece no llegar mejora alguna.

Fuente consultada.

Campo revuelto, pérdidas para los bolsillos, Marianela Martín González, Juventud Rebelde, 01 de febrero de 2014, P.4.