09/22/2020

LA HONESTIDAD SIEMPRE SE AGRADECE.

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 Aimée Cabrera.

El impacto que ha causado el filme cubano “Conducta”, para mayores de 12 aÑos, del que ya  se han vendido copias “piratas”, sobrepasa las expectativas. El pueblo se ha sentido identificado con la trama y no se puede esconder el júbilo de quienes han llenado todos los cines donde se exhibe sin importar horario ni día de la semana.

El sábado 15 de febrero, la fila compacta de personas en el Yara, alrededor de las 5:00 pm, llegaba casi a la Calle 21. A pocos metros de la entrada al cine estaba una camioneta de la policía con agentes adentro. Enfrente, un patrullero parqueado. Mujeres y hombres, con los uniformes de la policía, caminaban en parejas, por la acera de la heladería Coppelia.

Por qué tantas precauciones se preguntaban algunos. La sinopsis del largometraje es la historia de un niño que vive con su madre en una relación disfuncional que lo lleva a él a realizar faenas para ayudar a la economía de su casa que, para nada es un hogar, como criar perros de pelea y palomas. “La Conducta” se filmó hace dos años, por qué no se puso antes.

Si la madre no juega su papel, sí lo hace la maestra, señora que sin ser joven está al tanto de sus alumnos y en especial de este chico a quien ella quiere ayudar. La película no es solo esta vivencia sino que el público se enfrenta por primera vez a una obra hecha con toda la sinceridad que siempre había faltado antes.

Los niños no son de “La Colmenita” como en otras películas. Estos fueron escogidos en un casting que se realizó con quienes estudiaban primaria y secundaria, y vivían en los municipios Centro Habana, Habana Vieja y Cerro y no tenían experiencia actoral.

Por  cosas que suceden el protagonista, por dos ocasiones no fue escogido, hasta que la tercera vez fue llamado por el director que quería verlo de nuevo. Este le preguntó si sabía nadar-uno de los requisitos- y Armando Valdés Freire, conocido como “el Chala” en “La Conducta” dijo que sí, aunque reconoce que no sabía.

Según relata el adolescente, fueron 3 meses de entrenamiento intenso, en el que tuvo que dar clases de natación y boxeo; aprender a entrenar perros y palomas y actuar con otros jóvenes o con actores profesionales. Un verdadero reto para quien tuvo que filmar escenas muy fuertes por primera vez en su vida  y,  con un increíble carisma, dio  todo de sí.

“Ese niño me sacó las lágrimas, que Dios lo bendiga, hacía años  que no iba al cine pero mi nieto la vio y llegó a la casa contento hablando de la película. Al otro día fui a verla y ya quiero verla otra vez”, comenta una anciana que espera su turno para comprar una cuota normada en un mercado de Centro Habana.

“La maestra habla claro y en el cine la gente aplaude y grita. Nunca había visto eso, ni en los Festivales de Cine. “La Conducta” ha sido todo un acontecimiento, ese niño es un fenómeno, con qué naturalidad trabaja, no me canso de verlo”, admite una acomodadora de una sala del Vedado.

El mismo sábado en el horario de la noche, Armando Valdés estuvo invitado junto a la actriz que hace de la profesora, Alina Rodríguez en la revista televisiva “23 y M”. Ellos conversaron con la misma fluidez y sinceridad con que elaboraron sus papeles protagónicos. El domingo el programa “Telavances” que da la programación semanal terminó con una invitación de su conductora a no dejar de ver “La Conducta” y con los créditos del programa se vieron escenas de la película.

Ernesto Daranas supo dirigir con maestría a quienes se pusieron en el lado de los que sufren carencias afectivas, espirituales y materiales. Unos del lado de los intransigentes, otros en el bando contrario; sin embargo de ese mundo imperfecto, emergen otros como El Chala y su profesora que comienzan y terminan un drama, que sigue cuando se encienden las luces del cine, aún latente,  en la piel de cada espectador.