09/20/2020

CUBA; SIN GÉNERO DETERMINADO.

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Aimée Cabrera.

Cuando se habla de género, lo primero que viene a la mente es todo lo relacionado con el femenino; pero toda regla tiene su excepción. Entre el 7 y el 8 de marzo se celebró en La Habana el IX Congreso de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC)-única organización femenina aceptada por el estado y gobierno- y la clausura del encuentro la hizo un hombre.

El Segundo Secretario del Partido Comunista de Cuba, José Ramón Machado Ventura, dijo las palabras finales del Congreso de esta organización de masas que muy poco ha hecho por  darle un lugar meritorio  a la mujer cubana en general.

Las delegadas entregaron reconocimientos especiales no solo a Machado Ventura sino a Raúl Castro, actual presidente de la nación y a Fidel Castro, a  este último se le envió un saludo y se le obsequió un vitral con la mariposa, flor nacional, considerada además símbolo de rebeldía de las mujeres que lucharon por la independencia.

En otro momento se hizo un pronunciamiento a favor de la excarcelación de los tres cubanos presos en los Estados Unidos, considerados héroes y hubo muestras de solidaridad hacia el gobierno venezolano. No podía dejar de mencionarse a Vilma Espín quien fuera presidenta de la FMC desde su creación a principios de los años sesenta del Siglo XX  hasta su deceso, a  quien se le dedicó “gratitud eterna”.

Se destacaron temas como la elección de miles de  mujeres menores de 35 años que ocuparán cargos de base en la Federación (y por qué no de los más altos), la lucha contra las indisciplinas sociales, las necesidades actuales de la mujer cubana (que no se detallaron), el envejecimiento poblacional, así como la baja tasa de fecundidad y mortalidad infantil.

Otros aspectos tratados en la plenaria final estuvieron relacionados con el funcionamiento de la organización, su trabajo político-ideológico  y cómo deben colaborar sus miembros en la formación de valores. Se ratificó a la anterior secretaria general y se impusieron el reto de interesar a las jóvenes en integrarse a la FMC.

Si antes de los años 90, las mujeres se preocupaban por pertenecer a  esta organización era porque, de no pertenecer a la misma, no podían optar por estudios ni trabajos. Aunque no era tan participativa como los comités (CDR), la opinión de sus directivas de base era clave para ser aceptada la planilla que adjuntaba estas verificaciones: La cotización mensual y la participación en las actividades entre vecinas el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer y el 23 de agosto, aniversario de la creación de las FMC eran obligatorias.

En estos tiempos de carencias y problemáticas sin soluciones, las mujeres no se sienten identificadas con una organización que les fue impuesta. Ellas realizan una labor que va desde ayudar a la manutención de la familia, hasta hacer en ocasiones, el papel de madre y padre. Los hombres emigran o prefieren el divorcio para no enfrentar las condiciones que generan discusiones, maltratos, violencia y disfuncionalidad familiar. Es mejor para ellos dar la espalda, o ayudar cuando pueden o se acuerdan.

Por eso, ser federada no es un mérito, sino una máscara oportunista para mantener el buen puesto de trabajo, en el caso en que se tenga este privilegio o, el yugo del que no se pueden zafar las que viven amedrentadas con exponer su descontento y recibir la represalia abierta o el silencio (aparente ignorancia) que sufren sobretodo las que mantienen una actitud de honestidad sin fanatismos ideológicos.

Las mujeres que no viven en la ciudad fueron alertadas de la importancia de que se integren a las faenas agrícolas, para que den de esa manera su aporte a la economía del país. Se exhortó a las familias jóvenes a ser responsables en la crianza de sus hijos y se señaló además como la FMC debe estar al tanto de la violencia de género, entre otros temas.

El IX Congreso de la FMC fue más bien el reencuentro de todos los dirigentes de alto nivel y de las federadas fundadoras que entre aplausos y presentes se halagaron unos a otros, sin tener en cuenta a las cubanas pobres o de pocos recursos, Las cuales son mayoría, que no saben qué hacer para dar de comer a sus familias; esas que no hablan de cocinar sino de inventar. Las mismas que día a día se ven agobiadas ya sean amas de casa, trabajadoras o jubiladas. Para esas, no hay congresos ni regalos, solo miserias.