09/20/2020

LA TRISTE TRAICIÓN DE LA IZQUIERDA LATINOAMERICANA

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Siempre prestos a criticar a Washington, el apoyo prestado por los gobernantes latinoamericanos de izquierda al régimen venezolano traiciona sus valores y su propia historia.

por Miguel Rodríguez-Fabre 28, mar., 2014 6:36a. m.

Entre la multitud de episodios penosos que nos ha dejado la crisis en Venezuela se encuentra el lamentable papel de la izquierda latinoamericana, cuyo compromiso con los valores democráticos -que tanto reclamó a Washington- ha resultado más hueco que un cuenco.

Esa era la izquierda que sermoneaba a Estados Unidos por abrazar con una mano la bandera de la libertad y con otra respaldar los regímenes militares del continente que violaban sistemáticamente los derechos fundamentales, ya fuera Pinochet en Chile, la Junta en Argentina o los gobiernos militares centroamericanos.

Ahora instalados en el poder, esos perseguidos y sus herederos se disfrazan de Henry Kissinger y con su misma frialdad aplican razonamientos de real politik de una manera grosera para evitar criticar a sus homólogos venezolanos.

Para prueba el bochornoso comportamiento de sus embajadores en la Organización de Estados Americanos (OEA), que han evitado abordar la situación en el seno del organismo y llegaron a negar el acceso público a la intervención de la parlamentaria opositora venezolana María Corina Machado en su sede en Washington.

El caso es que esa facilidad para disculpar violaciones de derechos humanos no se limita al hemisferio occidental. Ya el Brasil de Lula demostró una sorprendente moderación hacia los gobiernos opresivos en su paso hace unos años por el Consejo de Seguridad de la ONU, donde no dudó en echarle un capote a personajes como Gadafi o el sirio Al Asad.

En esa tónica, ilustres luchadores contra el pinochetismo como el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, la presidenta Michelle Bachelet o su flamante nuevo ministro de Exteriores, Heraldo Muñoz, hacen piruetas para evitar condenar las acciones del gobierno del presidente Nicolás Maduro.

Insulza ha negado sistemáticamente que hubiera problemas con la democracia venezolana, mientras la mandataria y su canciller prefieren hacer suyo el argumento chavista de que las manifestaciones son un intento violento de derrocar un ejecutivo nacido de las urnas, de paso olvidándose con cinismo de la larga tradición de protestas callejeras de la izquierda latinoamericana.

Recordaba recientemente el periodista chileno Marcel Oppliger que miembros de la coalición que ha aupado de nuevo a Bachelet al poder no tuvieron reparos en calificar de “dictatorial” la respuesta del anterior presidente, Sebastián Piñera, a las protestas estudiantiles del 2011, que ni por asomo se asemejó a la sangrienta actuación de las fuerzas del orden y organizaciones paramilitaras chavistas.

Ni siquiera han querido escuchar las advertencias de organizaciones como Human Rights Watch -que en su momento salió en su defensa cuando ellos eran los perseguidos- que desde hace tiempo denuncia el carácter autoritario de la revolución bolivariana.

Igual de lamentable ha sido el inquebrantable respaldo a Maduro de otra gran dama de la política latinoamericana, la presidente brasileña Dilma Rousseff, quien pese a ser objeto de torturada durante el gobierno militar de su país cuando era guerrillera, ahora da la espalda a los jóvenes venezolanos.

Decía el historiador mexicano Enrique Krauze en el diario El País que esa incapacidad para enfrentarse al autoritarismo bolivariano se debe a que “el chantaje ideológico de Cuba y Venezuela funciona aún: nadie quiere parecer ‘de derecha’ en un continente enamorado de la Revolución, donde los ídolos políticos no han sido demócratas como Rómulo Betancourt, sino redentores como Eva Perón, Che Guevara, Fidel Castro o Hugo Chávez”

Sea por la razón que sea, la actitud de los gobernantes de izquierda no solo es una afrenta a sus propios valores sino que anula su posible intervención mediadora para encontrar una salida aceptable al laberinto en que se encuentra Venezuela, con un gobierno elegido por las urnas que ha ido perdiendo su escasa legitimidad con cada acción violenta de sus partidarios.

Tomado de http://noticias.latino.msn.com/eeuu/blog_post.aspx?post=e843b0ea-a00a-49f6-a653-7912bf02a34c