09/18/2020

A BUEN ENTENDEDOR…

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Gustavo Pardo

La vida de los seres humanos se desenvuelve entre el caer y el ponerse en pie; lo mismo ocurre con las instituciones. Se afirma que las mayores posibilidades de éxito la tienen aquellos que, además de poseer la voluntad de levantarse; son capaces de evitar las causas que le hicieron derrumbarse. Otros, en cambio, caen y sin terminar de incorporarse ya están buscando de nuevo el mismo obstáculo para volver a caer. Esos son los eternos perdedores.

Quienes ingresas a la Masonería, y se limitan apenas a echar una indiferente ojeada a las enseñanzas implícitas en sus liturgias, ritualista, y doctrinas ético-sociales; consideran a esta Institución como una sociedad meramente fraternal. Estas personas pasan por los distintos estadios masónicos, sin que dicho transito deje en ellos la menor huella. Ellos pertenecen a la estirpe de los que caen y sin terminar de levantarse, vuelven a buscar la misma piedra con la cual chocar para volver a caer.

La Masonería es una Institución que  a pesar de haber padecido innumerables persecuciones, anatemas y exclusiones por parte de sistemas religiosos y políticos excluyentes; ha sido capaz de sobrevivir por casi cuatro centurias. Sería interesante preguntarse el por qué la Masonería aún se halla vigente en el siglo XXI, a pesar de todas las vicisitudes a las cuales sus miembros y ella misma se ha visto sometidos. Desde mi punto de vista, el sostén que ha permitido sobrevivir a la Institución Masónica, se halla en la fuerza renovadora implícita en su filosofía doctrinal; es decir, en adaptarse a las condiciones objetivas que prevalecen en el entorno social en el cual ella se desenvuelve.

La Masonería cubana radicada en el exterior, surgió a partir de las motivaciones que impelieron a las distintas generaciones de masones cubanos a radicarse en el exterior. Los primeros masones que abandonaron la Isla, evidentemente lo hicieron obligados por las circunstancias políticas que comenzaban a prevalecer en ella. Esta circunstancia dio origen a la Masonería exiliada. De esta etapa han podido sobrevivir dos instituciones.

A medida que las motivaciones que impulsaron a los masones a salir de la Isla fueron cambiando, también cambiaron las perspectivas de su misión; de políticamente militante, paso a cuestionar sus orígenes y buscar la bendición de las autoridades masónicas radicadas en La Habana. Pero, ¿Qué confiables son dichas autoridades?

Una máxima histórico-política afirma que “quien no conoce su historia, está condenado a repetirla”. Entonces me pregunto, si para preservar la salud de la Institución Masónica exiliada, resulta válida la propuesta de “olvidar las experiencias pasadas”. ¿Ello no implicara algo peligroso para la Institución?

El valor de las personas, incluyendo a los masones, no está en las veces que cae sino en las que se levanta; siempre y cuando no cierre voluntariamente los ojos para no ver el mismo obstáculo que nuevamente le hará caer.

A buen entendedor…