09/19/2020

PERDIDA DEL CONCEPTO INICIATICO EN LA MASONERIA.

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Gustavo Pardo

Anteriormente había afirmado, que una de las causas fundamentales que están incidiendo el detrimento de la membresía Masónica mundial, es precisamente el abandono del concepto “iniciático” que conformó su esencia filosófico-doctrinal original. Esta afirmación nos lleva a clarificar lo que masónicamente puede entenderse como “sociedad iniciática”. Pero, ¿Cómo podemos entender lo Iniciático en la Masonería?

Para comprender este propósito, no es necesario el remontarnos a las leyendas atlantes o a los antiguos misterios egipcios; la respuesta la podemos hallar echando una mirada en derredor y apreciar el estado ético-moral en que actualmente se desenvuelve la humanidad. Entonces, vamos a las raíces del asunto: el individuo. Si los individuos andan bien, la sociedad está bien.

Partiendo de la acepción que considera a la escuela iniciática como propulsora de los valores ético-moral esenciales, valores con los cuales los masones han de asumir el sentido que cada cual debe dar a su vida; entonces nos resulta sencillo comprender por qué se considera a la Masonería una Institución Iniciática.

Antes de continuar, creo conveniente referirme a algunas de las principales definiciones con las cuales se ha pretendido delimitar lo que es la Masonería. El Gran Oriente de Bélgica la considera “una institución cosmopolita y en proceso incesante, que tiene por objeto la investigación de la verdad y el perfeccionamiento de la humanidad”.  En tanto, el Gran Oriente de Francia estima que ella es una “Institución esencialmente filantrópica, filosófica y progresiva”(…) que tiene por objetivo “la búsqueda de la verdad” (…) mediante “el estudio de la moral y la práctica de la solidaridad”(…), que ha de  trabajar por “el perfeccionamiento intelectual y social de la humanidad”. Y, por su parte, la masonería anglo-sajona la considera «un hermoso sistema de moral revestido de alegoría e ilustrado por símbolos». Es necesario señalar que la Gran Logia de Cuba añade a lo anterior “y su fin, disipar la ignorancia, combatir el vicio e inspirar amor a la humanidad”..

Es interesante observar la confluencia de las definiciones anteriores en los aspectos tales como la “investigación de la verdad y el perfeccionamiento de la humanidad”. He ahí la raíz iniciática de la Masonería; es decir, “el sentido que los masones hemos de dar a nuestras vidas”.

Esta es una realidad que pasa inadvertida a la mayor parte de los masones, a pesar de que la misma se les presenta desde el mismo instante en que comienza su ceremonial de Iniciación. Al candidato se le introduce en un cubículo estrecho, oscuro y colmado de alusiones fúnebres, ¿Por qué? Indudablemente, esta decoración no está destinada a infundir temor a los novicios; por el contrario, estas condiciones se destinan a provocar en ellos la necesidad del auto análisis de su Ser Interno, y de la reflexión de la forma en que hasta ese instante ellos han desenvuelto sus vidas. Concluida dicha reflexión, ya el candidato ha de hallarse dispuesto a “morir a la vida defectuosa”; es decir, se halla dispuesto a “reacomodar el sentido que hasta ese instante ha dado a su vida”; lo cual implica el renacer a la “luz de la Verdad”.Resumiendo, el Gabinete de Reflexiones, o primer elemento en el trayecto iniciático, no es más que el encuentro del individuo con su Ser Interno; es decir, con su realidad más descarnada, en la cual es capaz de identificar y enfrentar a sus errores conceptuales, tales como el dogmatismo preestablecido por una educación interesada en formar seguidores incondicionales a los atractivos de la seducción.

Ya en el “Templo de la Luz y la Verdad”, y habiendo recuperado el “sentido de la vista”, el aun profano puede apreciar un cumulo significativo de imágenes y símbolos que nada le dicen; no obstante, en cada uno de ellos la Masonería le reserva una enseñanza “de la vida y para la vida”.

Uno de dichos símbolos primordiales en la escala simbólica masónica, lo es la estatua de Venus; en la cual es simbolizado el poder de la seducción. No obstante, el poder de la seducción al que alude Venus, trasciende el ámbito de la atracción erótica; extendiéndose a campos tan disimiles como lo son la religión, la política, y la acción social en su conjunto.

Pero, ¿que es “seducción”? Por seducción puede entenderse la capacidad que algo o alguien obtiene, o puede llegar a alcanzar,  para inducir en otros la ejecución de una acción u omisión, determinada. Como podemos apreciar, la definición anterior puede incluirse en los rasgos concernientes al liderazgo. Efectivamente, quienes aspiren a liderar, necesariamente han de poseer el poder de la seducción. ¿Dónde se complica el asunto? Justamente en el sentido que “en nuestras vidas” se le dé a dicho poder .Efectivamente, desde el primer peldaño de la Escala Iniciático-Docente Masónica, a los neófitos se les inculca a actuar en la vida inspirándose en el “amor a la humanidad”. ¿Qué es esto? Dar un sentido a sus vidas, es decir, actuar siguiendo determinadas normas o valores ético-morales que le sirvan de instrumentos para “pulir lo defectuoso”. “Pulir lo defectuosos” o “labrar la Piedra Bruta”; no es otra cosa que transitar la “ruta iniciática” o de auto perfeccionamiento humano. La causa que ha originado la crisis institucional por la que actualmente transita la Masonería, es precisamente el obviar el aspecto iniciático, o de auto perfección, implícito en la doctrina masónica. Razón por la cual no han sido poco los caudillos y manipuladores que han llegado a dirigir los destinos de diversas organizaciones masónicas; dejando a su paso por ellas, una estela de amarga frustración.

Lamentablemente, las reuniones masónicas actuales no trascienden del marco socio-administrativo; prevaleciendo en ellas únicamente el aspecto de menor monta: la seducción. ¿Seducción a qué? Al mallete y los collarines; a lo aparente y trivial. Así nos centramos en lo negativo de Venus y echamos a un lado los valores contenidos en el simbolismo de otras dos figuras: Hércules y Minerva. La primera nos muestra la necesidad del empleo de la Voluntad Inteligente; y Minerva, el uso correcto de la Razón.

Estos son los atributos que el masón requiere conocer y practicar, en el primer nivel de la cadena de enseñanzas doctrinales que la Institución le ha preparado para conformar en sus adeptos un criterio y una personalidad ético-moral-social que le guie durante su actuación en la vida. Así les prepara para no caer en las excitaciones que le presenta la seducción.

El masón ha de poseer un fuerte criterio personal, que le preserve de ser parte del rebaño. Un masón formado en las enseñanzas y prácticas iniciáticas institucionales, jamás podrá ser convertido en “masa” o “multitud” para ser manipulado por la seducción de un líder carismático. Con el mayor respeto, me atrevo a preguntar, ¿Cuántos masones pueden afirmar que son capaces de obrar de por sí mismos? ¿Cuántos se han dejado arrastrar por el cantinfleo de demagogos seductores, que los han convencido hasta de lo más irracional; dejándolos en la estacada? ¿Cuál es la causa del interminable fraccionamiento masónico?

No obstante este sombrío panorama, ya puede vislumbrarse una luz al final del túnel: el renacer del concepto iniciático de la verdadera masonería, de su compromiso ético-moral consigo mismo, con su patria y con la sociedad en su conjunto.

¡Buscad y hallareis!