09/19/2020

EL COMPAÑERO MASON Y LA POLITICA (PARTE II)

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Gustavo Pardo

Antes de continuar en nuestro estudio, hemos de recordar que la Masonería se define a sí misma como “la Institución Orgánica de la Moralidad”[i], lo cual implica que la Institución posee un sistema de enseñanzas destinado al desarrollo, la instrucción y la formación de sus miembros; es decir posee un sistema Iniciático de valores.

La doctrina filosófico-doctrinal masónica se halla contenida en un método de enseñanza simbólico-didáctico, destinado a proporcionar a sus afiliados las herramientas básicas para que ellos sean capaces de actuar como activistas prototipo de progreso material y renovación ético-moral de su entorno social. Es decir, en el espacio político-social.

El aspecto político-social de la Masonería, se encuentra implícito en la Segunda Pregunta contenida en la planilla triangular que debe ser completado y firmando en la habitación o Gabinete de Reflexiones[ii]; en la cual los Candidatos son introducidos antes de acceder al Templo para su iniciación masónica. Dicha pregunta se refiere a los deberes que el hombre tiene para con sus semejantes[iii]; siendo esta una de las tres interrogantes determinantes que son analizadas para en la admisión o no de la solicitud del Candidato.

Efectivamente, una vez cumplido el tiempo y superados los estudios pertinentes al Grado de Aprendiz, el masón tiene derecho a escalar al peldaño superior de la Escalera Simbólica: Compañero Mason. En la ceremonia correspondiente para el Ascenso al Segundo Grado, se impone al candidato la opción de comprometerse libremente a “no negar vuestro apoyo a ninguna obra justa, ni vuestra ayuda a ningún masón digno” (…); comprometiéndose igualmente a “la dignificación de vuestra patria y luchar siempre por el progreso de la humanidad”[iv]. Como se puede apreciar, nos estamos refiriendo a dos términos eminentemente sociales: patria y humanidad.

La Masonería es considerada una asociación, o sea, una sociedad constituida por personas “libres y de buenas costumbres”[v], comprometidos a la práctica de la Moral, la Tolerancia y la Fraternidad[vi]; aspectos que identifican su férreo compromiso con la práctica de los principios democráticos universales. Es necesario aclarar que, aunque la Masonería no propugna una ideología política determinada, los principios de la Institución se sustentan en los valores: «Libertad, Igualdad, Fraternidad».

Como se puede apreciar, ya comenzamos a vislumbrar más claramente el matiz socio-simbólico que comprende el significado la susodicha Segunda Pregunta; en otras palabras, se indaga sobre los conceptos cívicos, éticos y morales que el aspirante considera validos aplicar durante su actuación dentro del ámbito social del cual forma parte. Obviamente, dichas nociones han de hallarse acordes a los principios que la Institución sostiene; tales como que  “Los Masones tienen el deber de conducirse moral y decorosamente dentro y fuera de la Logia, se dan el tratamiento de hermanos, deben amarse, protegerse y vivir en armonía”[vii]. ¡Cuántas implicaciones contiene este aserto! ¿Qué dirán del mismo los masones que han padecido, y aun padecen, de los rigores de las prisiones castristas?

Como ya sabemos, el Grado de Compañero Mason constituye un peldaño de tránsito entre el Grado de Aprendiz y el de Maestro[viii]; razón por la cual los masones no prestan la atención necesaria a sus enseñanzas doctrinales, creando con ello un vacío en la secuencia del sistema didáctico-doctrinal ideado desde su origen por los teóricos masónicos. No obstante, el estudio de las enseñanzas contenidas en este grado, resultan esenciales para la correcta comprensión y asimilación como un conjunto de filosofía de vida y para la vida de los valores iniciáticos masónicos,.

Observemos que al ascender a este Grado, el neófito recupera el uso de la Palabra, indicándosele que la misma ha de ponerla “al servicio de la Verdad y de la Justicia; jamás al del error o al de la hipocresía”. ¿Qué implica para un Compañero Mason la Verdad y la Justicia? Veamos.

Durante la apertura de los trabajos en este Grado, se establece que la Escuadra es el emblema del mismo; significándose que la misma simboliza la “rectitud en nuestros juicios y la moralidad en nuestras acciones”. ¿Resultaría muy aventurado el asumir que lo antes expresado se refiere al derecho que tienen los individuos a la libertad de pensamiento, de conciencia y de expresión?

Ello se encuentra explícitamente expresado en uno de los juramentos que asume el Compañero Mason: “no negar vuestro apoyo a ninguna obra justa” (…) “trabajar con fe en pro de la dignificación de vuestra patria y luchar siempre por el progreso de la humanidad”. ¿Puede considerarse “obra justa” al abuso y el crimen que generan la tiranías? ¿Puede progresar una nación sometida a la arbitrariedad de una ideología anquilosada? Por mi parte, considero que el juramento que se toma al compañero Mason, implica que el mismo se compromete en afanarse por asegurar la libertad moral e intelectual propia, y de los seres humanos en general; aspecto que, indudablemente, incidirá en confirmar la libertad política de su propia patria y del conjunto de las naciones.

Pero, hay más, leamos con detenimiento los aspectos expresados en el Catecismo del Grado. En este acápite, se establece que el compañero Mason no se puede dejar arrastrar por sentimientos tan nefastos como “el fanatismo religioso” (…) ni la “obcecación política” (…); porque “en el gran libro de la Historia” (…) “se narra “como se modifican y renuevan las ideas, y como la humanidad, en el transcurso de los siglos, ha recabado y consolidado entre otros derechos, la facultad de pensar, la santidad de la conciencia y la inviolabilidad del honrado pensamiento”.  Como podemos apreciar, existe una íntima relación entre el significado simbólico que en este Grado se le asigna a la Escuadra y lo antes expresado.

No obstante, en el antes referido catecismo, podemos continuar leyendo otros conceptos determinantes para en la formación de una moral política y social a seguir por los masones. Efectivamente, en el texto se expone que “la paz universal es el eterno ideal de la institución masónica”; o sea, la Institución Masónica no puede ser proclive a apoyar a personas, partidos políticos o movimientos de tendencia violenta, y mucho si ellos se encuentran involucrados en el apoyo a narco traficantes confesos. ¿Alguien recuerda el caso Ochoa? ¿Por qué fueron fusilados Arnaldo Ochoa, Tony de la Guardia y otros? ¿Por qué muere José Abrantes “en extrañas circunstancias”? ¿Quién o quienes resultaron beneficiados de estas muertes? ¿Quiénes apadrinan las conversaciones de paz entre los narcos-terroristas colombianos y el gobierno de Santos?

Pero, además, el Catecismo sigue exponiendo “que piense cada hombre como quiera en materias filosóficas, políticas y religiosas, mientras no afecte con el uso de su derecho, el libre ejercicio del derecho ajeno”. ¿Puede pedirse una definición más clara y precisa de la actitud que ha de seguir un masón ante la sociedad? Naturalmente, muchos de los masones cubanos que lean lo antes expresados, se horrorizaran; porque, según “el síndrome de la indefensión aprendida”, que desde infantes se les ha inculcado en el sistema de educación ideológica castrista, esta es una definición “política”. Lamentablemente para quienes así piensen, aún faltan expresiones y conceptos aún más “políticos”.

Efectivamente, las Instrucciones que el compañero Mason ha de estudiar y examinar, para ser aprobada su entrada al tercer Grado de la Masonería Simbólica, se puede leer “Que ame a su Patria, a su pueblo, a su familia, con el amor que su corazón sea capaz de sustentar; que tome el camino que le plazca para satisfacer ese amor, en tanto no se aparte del espíritu de justicia y del sentimiento de la fraternidad” (…); es decir, se admite que el masón tenga puntos de vista y opiniones diversos respecto a la religión, la política y la sociedad; o sean ante la vida. No obstante, se le exige que sea capaz de ejecutar lo aprendido en el sistema de valores iniciáticos que la Masonería pone a su alcance; tales como  “desarrollar sus ideas” en “perfecta concordia”, instándole a “que propague lo que quiera; pero que no ofenda ni dañe intereses morales que la Masonería debe amparar y proteger”. Ello implica que el masón ha de ser un ente activo para la conciliación armónica de la sociedad, nunca un integrante de la brigadas Castro fascistas de “respuesta rápida”.

Y concluye con una oración lapidaria: “A eso está autorizado, compelido, y hasta obligado. Para tal empresa, necesita un auxiliar poderoso, y una fuerza inmensa: el auxiliar del estudio y la fuerza de las convicciones”.

¿Alguien duda que la “fuerza de las convicciones” que se alude no son otras que los preceptos incluidos en valores formativos de una personalidad libre, justa y moral? Exactamente, ¡esa es la función de una Sociedad Iniciática!

La Masonería nos proporciona las herramientas necesarias para perfeccionarnos, somos los masones quienes las ignoramos; pretendiendo ver en ella un medio para satisfacer egos, intereses y ambiciones personales.

 

[i] Constitución Masónica Cubana, Libro I, Articulo 1, inciso I.

[ii] El Gabinete de Reflexiones; Llave Dorada del; Simbolismo Masónico. Gustavo Pardo. Academia Cubana de Altos Estudios Masónicos.

[iii] Entorno socio-politico

[iv] Liturgia del Segundo Grado. Joaquín N. Aramburu.

[v] Estatutos de la Fraternidad. Libro II, Articulo 2.

[vi] Diccionario Enciclopedico de la Masoneria. Lorenzo Frau Abrines. Editoria Valle de Mexico SA.

[vii] Constitución Masónica Cubana, Libro I. Artículo 1, inciso XVI.

[viii] Liturgia del Segundo Grado. Joaquín N. Aramburu