09/26/2020

LA MUJER EN LA CUBA ACTUAL

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Aimée Cabrera.

Las calles habaneras son muy parecidas a las de cualquier otro municipio o provincia de la Isla; quizás las diferencie la higiene, la que tanto falta en cada rincón de la capital, otrora una de las ciudades más bellas del continente, la cual fue visitada por personalidades y artistas famosos del mundo, debido a su otrora gran atractivo.

Sus vías mal pavimentadas, con enormes huecos que se comunican con las aceras y, con los balcones que parecen a punto de colapsar, dan la imagen de destrucción, descuido, pobreza y falta de identidad y, por qué no de valores.

Ese panorama de ruina total se refleja también en sus habitantes. En su forma de hablar, de conducirse, de vestirse. Un grupo de hombres vociferan exaltados en la Calle K entre 13 y 11 en el Vedado, ellos no exigen se cumplan los derechos que les son inherentes, solo imponen sus criterios sobre deportes.

La agresividad por dar a conocer su equipo preferido es la misma que utilizan para con sus hijos y mujeres. Una violencia que incluye escándalos públicos, discusiones acaloradas, adulterios y golpizas que pueden llegar al homicidio. La mujer cubana no es vulnerable a lo que sucede allende los mares, sus tragedias están dentro de sus viviendas, las que en muy pocas ocasiones pueden convertirse en hogares.

Las denuncias que fueron hechas en las Naciones Unidas, por parte de la delegación cubana, a mediados de octubre del presente, consideran al bloqueo como el principal causante de una serie de privaciones, que inciden de forma negativa en las niñas y mujeres.

Las sanciones generadas del embargo, según analistas que apoyan al gobierno cubano afectan además a las madres de los espías presos en los Estados Unidos, proclamados “héroes antiterroristas” y ahí, hay que hacer un aparte.

Las madres, esposas, hijas y hermanas de estos hombres que para nada guardan injusta prisión, han viajado por buena parte del mundo y han visitado con el séquito oportunista, las principales ciudades, las más famosas y caras. Ellas lucen elegantes, descansadas, su pesar es compensado por el mimo de los aduladores.

Sus familiares que cumplen condena en “el Imperio”, no lo hacen bajo las condiciones abominables que existen en su país de origen. Tienen servicio de Internet, el que solo poseen en Cuba, algunos profesionales; reciben correspondencia con libertad, pueden dedicarse a desarrollar sus habilidades artísticas, entre otros privilegios que les son prohibidos a los presos en Cuba, quienes viven en las peores circunstancias y, a nadie le interesa mejorarlas, como si no hubieran más que condiciones infrahumanas para cumplir sus sanciones.

Similar impotencia existe para cuando son mujeres las condenadas. Quienes salen de prisión tienen escasas opciones para regenerarse y ser hombres y mujeres útiles, pero a cuál sociedad, pueden preguntarse algunos, cuando el sistema económico está estancado, renuente a brindar prosperidad, por lo que denominan sociedad parece más bien, una cárcel gigante.

La mujer toma un papel clave en la familia cuando esta tiene un preso. Ella es la que prepara con pocos recursos “la jaba” o provisiones de alimentos y otros útiles que el reo necesita porque para él o ella solamente hay un número que recordarán toda su vida hayan o no cumplido la condena, nada de privilegios, un calvario que no se olvida. Las mujeres refuerzan esa categoría que las sitúa en el grupo de “las madrazas”, las que enfrentan además, con valentía situación tan engorrosa.

La ciudadana media tiene que vivir bajo condiciones de extrema tensión que nada tienen que ver con el bloqueo. Ellas no pueden bajarse y montarse de los aviones cuando quieran, si sus esposos, hermanos o hijos están presos, no tienen dónde acudir para pedir mejorías y el cese de los atropellos que sufren tras las rejas. La situación entonces, nada tiene que ver con las familiares de los tres espías.

La mujer cubana es hombre y mujer a la vez. Su familia gira alrededor de ella. Se las agencia para tener una imaginación singular que la ayuda a “inventar”, que en Cuba es sinónimo de cocinar. Con pocos alimentos los trata de preparar de formas distintas, ella vela porque todos en casa coman algo, lo más decoroso posible.

En ese círculo que incluye trabajo forzado, bajos salarios, mala alimentación, escasa higiene en todos los sentidos, serios problemas habitacionales, un éxodo que ha desintegrado a la familia y su papel protagónico, el cual ha aumentado las separaciones, los divorcios y las madres solteras viven las niñas y mujeres cubanas y todo esto, por supuesto, no está relacionado de manera directa al bloqueo.

Las sanciones no vienen de fuera sino de dentro. El castigo hay que sufrirlo de a por que sí, por el mero hecho de ser cubano o cubana y residir en su patria. El Día Internacional de la Niña-11 de octubre- una actividad política fue celebrada, y en la misma se aclaró que las cubanas no son víctimas de los males existentes en otras naciones.

Pero es lamentable entonces, constatar el auge de la prostitución desde edades tempranas, la promiscuidad asociada a enfermedades por transmisión sexual que pueden llevar a la infertilidad, la no prevención del embarazo y el aborto como método anticonceptivo, sin que se tome conciencia de que con este último, se termina de golpe una vida.

Las mujeres, a la vez que envejecen se sienten marginadas. Los hijos las evitan, sus criterios cobran poca fuerza y logran deprimirse, o volverse muy agresivas. Un niño conduce una bicicleta y trata de ir a alta velocidad para doblar la esquina de Espada y Vapor en Centro Habana, justo a escasos metros de “la Casa del Niño y de la Niña”.

Una señora no muy joven camina con cierta dificultad y el chico tiene que reducir la velocidad para no golpearla, razón por la cual la agrede a improperios, sin respetar su condición de mujer. El respeto y el amor no vienen en un paquete convoyado, sino con la abnegación para inculcarlos a la familia y a la sociedad, ambos   han desaparecido casi del todo, por la fuerza temible del auto bloqueo, que le pregunten sobre este tema, a cualquier mujer cubana, en una parada de ómnibus o en el agro mercado.