09/24/2020

EN CUBA SE SIGUE IMPROVISANDO

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POR: Dariela Aquique*

Dariela Aquique (d) en la conferencia del ASCE.

Dariela Aquique (d) en la conferencia del ASCE.

HAVANA TIMES — En la cruzada orientada a “rehacer” concepciones y prácticas a partir de los Lineamentos Económicos, el Estado cubano ha dicho que…no fueron válidas en otros momentos, a consecuencia de la incidencia de un contexto mundial globalizado, caracterizado por una crisis estructural del sistema capitalista… Y no conforme con este argumento, añade que…son posibles en la actualidad, porque se operan en medio de un proceso de interacción social diferente al acumulado durante medio siglo…

Como era de esperar, se deja en segundo orden de responsabilidad a las deficiencias y errores en la práctica económica estatal y su ulterior reflejo en la vida social.

Pero todos sabemos que la economía en Cuba tiene congénitas deformaciones estructurales que han hecho perdurable no haber podido rehusar la subordinación a otras economías que tradicionalmente han sustentado el sistema productivo del país en términos de capital y de tecnología.

El gobierno hoy da señales inequívocas de desesperación por mantenerse en el poder en la recta final. Aunque para eso tengan que hacer desde “el nuevo modelo económico” que implementa inéditas medidas y legislaciones, hasta la presentación de una cartera de negocios por 8.700 millones de dólares en la reciente Feria Internacional de La Habana, con una lista de 246 proyectos que van desde la producción de pollo y la fabricación de vacunas o botellas hasta el desarrollo de parques eólicos.

Cualquier cosa les sirve en sus intentos por preservarse, lo que es más irónico que las estrategias de una vieja y agotada meretriz que pretende reinventar el Kama Sutra.

Por orden cronológico los desastres empezaron en 1959, cuando solo en un año el Estado cubano comenzó las nacionalizaciones en la industria, la banca y los servicios, iniciándose la ordenación del sector estatal de la economía y la desconexión del mercado norteamericano.

En 1961 y hasta 1972, la planificación y la centralización de la administración de los recursos materiales y humanos, tomando como patrón a la URSS, fue el ojo del huracán. Esta etapa puede considerarse el inicio de las utopías; tiempos en que hubo tentativas de prosperar en la industrialización, la agricultura y la sustitución de importaciones, sin tener en cuenta la insuficiencia de los recursos financieros para proyecciones de este calibre.

Desde entonces el sector económico pasó a ser terreno de presunciones. A partir de esta perspectiva se concibió la célebre Zafra de 1970; convirtiéndose en el superobjetivo de la nación producir diez millones de toneladas de azúcar, convertida en la gran misión y apuntalada con alocuciones y consignas. Las acciones económicas empezaron a ser dirigidas a la merced de un protagonismo político que priorizaba el aspecto ideológico, subestimando las cualidades mercantiles necesarias para su ordenanza.

La absolutización del concepto de propiedad social y la toma de decisiones arbitrarias llevaron a la inmovilidad de la pequeña propiedad individual, y por supuesto generaron la primera gran crisis que evidenció la limitada capacidad del Estado de promover una coherente agenda de desarrollo económico.

En la década de los 80, integrados al Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME), parecían olvidadas las tribulaciones de los 70, y puede decirse que hasta 1986 se percibía un ambiente económico que aparentaba eficacia. La relativa suficiencia de recursos materiales producía un efecto en la vida rutinaria que en sentido general hacía ver que estaban cubiertas las necesidades básicas de la población.

Si subsistíamos en una entelequia de cotidianeidad armónica, pero la economía no era sustentable. El atraso tecnológico en muchas regiones del país, los salarios insuficientes, el desamparo del campo, por citar solo algunas, provocaba lamentables estadísticas en los sectores productivos.

De1986 hasta 1990, etapa conocida como Proceso de rectificación de errores y tendencias negativas, se abogaba por la búsqueda de un modelo económico sustentable y socialista; sobre aviso de que estaban ya muy endebles los pilares de este sistema en la benefactora Europa del este. Para colmo de males en 1989 fue el colapso del socialismo estatal europeo con la caída del muro de Berlín y la escisión de la Unión Soviética dos años después.

Desde1991 y hasta el 2000, el tristemente célebre Período Especial, tuvo consecuencias inmediatas en la sociedad cubana; la que recibía del campo socialista el 63% de los alimentos; el 86% de las materias primas; el 98% de los combustibles; el 86% de las maquinarias y el 70% de las manufacturas.

Sola, la isla en la inconveniente posición de enfrentar el aislamiento internacional, y la necesidad de reinsertar sus relaciones económicas en un mundo unipolar tendría entonces que trazar nuevas estrategias para sobrevivir al final de las ayudas de su extinto mentor. Para paliar la crisis económica que se hizo más aguda en 1993 y 1994, el gobierno introdujo algunas reformas de orientación mercadista: la apertura al turismo, la legalización del dólar, la autorización al empleo por cuenta propia, la ampliación de las empresas mixtas, y el permiso a la inversión extranjera.

Pero quedaron vigentes mecanismos, prácticas y concepciones que objetiva y subjetivamente impedían el libre despliegue de las fuerzas productivas. Estas medidas entonces resultaron una suerte de tímida recuperación que además traerían consigo otras complicaciones de índole social como la prostitución, la corrupción a altos niveles y el auge del mercado negro.

Por otro lado, la industria azucarera que siempre fue uno de los pilares de la economía cubana desde tiempos de la colonización española, también sufrió de mala toma de decisiones tras la adopción de ciertas políticas que desplazaron al azúcar como principal sustento económico. El gobierno anunció su propósito de llevar a cabo una “amplia transformación” de esta esfera en declive. Se cerraron casi la mitad de los centrales azucareros, se despidió a más de 100.000 trabajadores.

A mitad de la década de los 90 el turismo superó al azúcar como fuente principal de divisas. En el 2000 generó unos 1.900 millones de dólares en ingresos brutos; pero las esperanzas del gobierno con respecto al crecimiento prolongado de este sector, no se vieron materializadas debido a la declinación de la economía mundial en el 2001 y los efectos negativos sobre el turismo regional después del 11 de septiembre.

Para mantener la economía a flote, se buscó activamente la inversión extranjera. Un nuevo marco legal dispuesto en 1995, les permitió a los propietarios extranjeros tener mayoría en las empresas colectivas con el gobierno cubano. En la práctica, la mayoría propietaria extranjera en las empresas colectivas era casi inexistente; gran parte de estas inversiones son préstamos o contratos de administración, suministros o servicios que en las economías occidentales, normalmente no se consideran inversiones de capital.

Este período fue marcado también por el tercer más grande éxodo masivo que ha vivido el país después de Camarioca y el Mariel, los balseros. Esto sin contar las salidas de manera legal que proyectan altos guarismos, lo que tiene nociva incidencia en el aspecto económico, por el decrecimiento de la mano de obra en el país.

Para el 2000 con la llegada al poder de Hugo Chávez en Venezuela, Cuba encontraría a su mejor aliado político e ideológico (y por si fuera poco, un adepto con recursos), una suerte de nuevo mecenas que empezaría a aportar 100.000 barriles de petróleo diarios haciendo mantener a flote la descalabrada economía cubana.

No obstante a esta alianza casi providencial, el Estado cubano tenía conciencia de que esto podía cambiar en algún momento, si la derecha retomaba el poder en Venezuela. O se corría el riesgo que tras la resentida salud del presidente y su posterior desaparición física, quizás el chavismo no sobreviviera. Habría entonces que tomar medidas anticipadas, solo por si acaso. Se imponía una revisión mucho más profunda a todo lo realizado, de ahí la ineludible actualización del modelo económico en Cuba. Los cambios debían estar dirigidos hacia la política interna y también hacia la política externa.

Aparecerá un nuevo concepto: exportación de servicios; una fuente que genera ingresos en divisas enviando médicos, enfermeras y otro personal sanitario mediante la suscripción de convenios individuales con los países receptores. Según ciertas cifras, para el 2009 el principal rubro de entradas de divisas del país había dejado de ser el turismo internacional; el que ha sido desplazado por esta exportación de servicios a otros países en materia de salud, educación y otros sectores (en este orden).

En el 2011 se hablaba en términos de: Eliminación de gratuidades indebidas y subsidios innecesarios. Reducción de plantillas en los centros laborales. Y abrir espacios a formas de propiedad no estatales, insertando modos de gestión económica como las cooperativas, los usufructuarios, los cuentapropistas, empresas mixtas, contratos de asociación económica internacional.

Sin embargo, esta película, ya la vi, en los 90 con resultados bien discretos para nuestra economía, por lo que estos “cambios” provocan ciertas suspicacias. Y lo demuestran las actuales estadística que son bastante desalentadoras. El crecimiento del PIB durante 2013 alcanzó solo 2,7%, cifra inferior al 3% de 2012 y por debajo también al crecimiento planificado de 3,6%.

Y hace solo unos días el Ministro de Comercio Exterior Rodrigo Malmierca se presentó en la Feria Internacional de La Habana, ante inversores y diplomáticos con un discurso poco estratégico. No es nada prudente ofrecer una cartera limitada de oportunidades a los empresarios, que parece estarles recordando: ¡Es lo que yo quiero darte, y no lo que se te conveniente tomar!

Se sigue apostando la salud y la estabilidad económica del país a la coyuntura, o al aliado, o la utopía de moda. Se siguen moviendo fichas a tientas, o capitalizando entusiasmos. Haciendo discursos no bien concebidos. La economía en Cuba se sigue improvisando.

Nota: (*) Este artículo es una suerte de versión sintetizada de la ponencía presentada en la 24ta Conferencia de ASCE.

Fuentes consultadas:

Torres Pérez, R., La actualización del modelo económico cubano: continuidad y ruptura; Revista Temas, 2011

Pérez Villanueva, O. E., La actualización del modelo económico cubano.

Bonilla Deibe, L., Actualización del modelo económico cubano e impacto social, 2011

Villalón-Madrazo, K. M., La planificación y el modelo económico cubano; Anuario de la Facultad de Ciencias económicas y empresariales, 2011.

tOMADO DE HAVANA TIME EN ESPAÑOL