09/21/2020

PARA LAS MADRES, UN CIELO MUY ESPECIAL

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Daniel Chalbaud Lange, domingo, 10 de mayo de 2015

No voy a negar la gran satisfacción de celebrar nuevamente el próximo 10 de mayo, el Día de la Madre, y es que no puede haber mayor honor para un ser humano que recordar a su biológica madre, a su abuela madre, a su tía madre, a su esposa madre, a sus hijas madres, a la vecina madre y en especial, a aquel ser que escondida bajo el velo de la doméstica madre reemplazó, muchas veces con creces, la bendita profesión de Madre. Valga el recuerdo a Andrés Eloy Blanco en su Reláfica de la negra Hipólita, nodriza de Simón Bolívar: “¿Qué uté é su mamá?… Sí…  la sangre é suya, pero…¡la leche mía!”

En cuanto a la celebración, pareciera que para muchos lo importante es el día, más por repetición comercial recordatorio en la prensa, radio y televisión, que por natural y espontáneo amor: muchos se esmeran y sacrifican dinero, tiempo y distancia para darle, de las 8.760 horas del año, al menos unas doce horas de felicidad a la madre viva, o sólo una hora, acompañada de un costoso ramo de flores, a la fallecida madre.

Como el día es para celebrarlo vamos a recordar cualquier día anterior en el quehacer de una Madre, imaginándonos y preguntándonos:

¿Quién es la primera persona que se levanta en el hogar?

Por supuesto, la razonable respuesta: la MADRE, y hagamos un recuento del por qué:

Simultáneamente, a las cinco de la mañana, después de asearse, preparar el desayuno para la prole y para el roncador marido siempre pendiente de despertarlo a la seis, lograr levantar de la cama al más pequeño de los hijos, labor más difícil que policía tratando de levantar a un borracho en la plaza Bolívar. Vestir a los muchachos, prepararles las loncheras, servirles el desayuno, contestar la lejana despedida del marido huésped, llevar al menor al pre-escolar y a los dos más grandecitos a esperar, en la calle, a la señora del transporte. Con urgente regreso a su apartamento, quinto piso y sin ascensor, vuela a  medio ducharse, vestirse, cerrar las ventanas, apagar las luces, cerrar la llave del gas y pasarle llave  a tres cerraduras y, por fin, lograr montarse  en buseta para ir a la zapatería en donde trabaja.

¿Quién es la última persona que se acuesta en el hogar? Nuevamente la razonable respuesta: la MADRE y volvamos a recordar.

Después de llegar a las siete de la noche cargada con el peso y la nueva vida de un hijo en su vientre, luego de ocho horas de trabajo como vendedora en la zapatería, debe, simultáneamente comenzar  a preparar la cena, ayudar en las tareas a sus tres hijos, bañarse y bañarlos, esperar al marido para servirle y oír sus acostumbradas diarias quejas de su agobiante trabajo, poner y quitar la mesa, lavar y secar los platos y cubiertos, meter la ropa en la lavadora, obligar a los hijos a acostarse, enseñarles y rezar con ellos el Padre Nuestro y el Ave María y susurrarles…”con Dios me acuesto, con Dios me levanto….”  y por fin, si es que no se va la luz, asegurar el cierre de ventanas y puertas, para poder acostarse y, rezando por sus familiares, amigos, y rogando paz para todos……..tratar de dormir.

Ese súper ser humano, es la MADRE.

A ella, le debemos y quedamos con eterna deuda, por las muchas   satisfacciones que nos dio y que hemos tenido y sentido durante nuestra existencia, incluyendo la inmensa satisfacción de tenerla, amarla y reconocerla.

Estoy seguro que si la Madre no es reconocida en la tierra, Dios le tiene un Cielo especial a donde van las Madres buenas.

Recordemos estas palabras de Andrés Eloy Blanco dedicadas a la Madre:

*”Son iguales la madre de Cristo y la de Judas, porque ambas están hechas de pulpa milagrosa”

*“Dos cielos bendigamos, la PATRIA donde nuestro corazón está preso y la MADRE que fue la Patria donde primero habitamos”

Daniel Chalbaud Lange

vonlange1939@gmail.com,@danielchalbaudl

Publicado en http://elrepublicanoliberal.blogspot.com/2015/05/daniel-chalbaud-lange-para-las-madres.html