09/22/2020

PASEAR POR EL MALECÓN.

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Aimée Cabrera.

Para los habaneros nacidos y criados en esos barrios cercanos al muro del Malecón que bordea casi toda la bahía de bolsa que da entrada al puerto y, para quienes lo son por adopción, es este uno de los lugares más atractivos de la capital.

Lo es sobre todo, por ser un sitio económico y excelente anfitrión que brinda no solo asiento sino el aire más delicioso, así las temperaturas sobrepasen los 30 grados centígrados.

Al Malecón va cualquiera. Grupos de amigos que salen del trabajo y comparten una botella de ron, niños que juegan a caminar sobre el muro a bajarse y subirse para no molestar a los “maleconeros”, el vendedor o la vendedora de todo tipo de golosina, el pescador, el músico o el trovador.

Al trovador se une el poeta y por tanto no pueden faltar los enamorados de todas las edades. Están las parejas que gustan de ver el atardecer o el amanecer, las nocturnas, las que se acomodan de frente al mar y las que no paran de besarse sin apenarse por las  frases que les  gritan caminantes y choferes.

Es esta una zona por la que transitan turistas extranjeros y de ahí que sea acera preferida de jineteras y jineteros que no pierden la esperanza por conocer a quienes pueden dar un cambio favorable a sus vidas, llenas de tribulaciones por ser ilegal en Cuba, el ejercicio de tan antigua profesión.

Por todas estas maravillas, es que ha sido tan oportuna la idea de haber seleccionado el tramo del Malecón que va desde  el Parque Maceo hasta La Punta para que los transeúntes admiren e  interactúen con la expo colateral “Detrás del Muro 2” como parte de la XII  Bienal  de La Habana.

Pocos paseantes pueden hablar de la Bienal como hecho artístico, pero los que van por el tramo abierto que es de hecho un museo abierto pueden disfrutar cada obra, tocarla,  tirarse una foto junto a ella o disfrutarla del todo, como sucede con los que se recuestan a coger sol en una supuesta playa.

Lo atractivo no fue su apertura en la tarde del domingo 24 de mayo, ni que estará abierta hasta el 22 de junio, sino que se ha transformado en una arteria más de la capital para llegar a casa, al trabajo o a la escuela.

Solo llegar a la explanada que está detrás del parque Maceo y comenzar a hacer la caminata. Lo mejor es escoger una hora como la seis de la tarde, que en este país caribeño permite que el sol no sea tan  fuerte y que se funda con el cambio del  viento que por estos días es favorecedor a los calurosos.

Una madre va con sus tres hijos: dos pequeños vestidos de uniforme y una chiquitina que todavía no debe asistir a la escuela primaria, corren, tocan y se divierten. La mujer los mira sonriente y  lleva su cartera junto a dos mochilas.

Ella comenta que viven cerca de Prado y están acostumbrados a hacer el  viaje por el Malecón. “Trabajo en La Rampa y tengo a mis hijos en una primaria cerca de mi trabajo, la más chiquita está en el círculo (círculo infantil o guardería) y ahora por estos días vamos con calma por la tarde, los dejo que corran y jueguen”

Es increíble la cantidad de personas que se entretienen en grupos, mujeres y hombres conversan entre sí, hacen fotos, hablan con turistas, los niños y adolescentes no pierden tiempo en quitarse los uniformes, los golosos compran las ofertas de los vendedores ambulantes.

De la acera de enfrente hay obras también pero más espaciadas. La fiesta empieza frente a un costado del Parque Maceo donde está la pista de hielo en Malecón y Belascoaín, y también se pueden apreciar obras dispersas, de algunas los niños del barrio se han adueñado, otras pasan inadvertidas.

Existe una persona que cuida cada obra, pero en ocasiones,  no sabe explicar bien qué representa, quién la hizo, es cubano o extranjero, de  qué país. Están más al tanto de regañar  a los osados que  suben escaleras y saludan desde lo alto o tocan demasiado.

La prensa oficial, en general ha dado cobertura a la 12 Bienal aunque falta un poco de divulgación. El Noticiero de la Bienal pasa por el Canal Educativo después del Noticiero Nacional y ese no es el canal de mayor teleaudiencia.

La Bienal pudiera tener un espacio diario en los periódicos con la cartelera diaria y la Revista Buenos Días pudiera hacerse partícipe de esa divulgación tan necesaria si se aspira a que la población sin conocimientos artísticos logre insertarse en el mundo mágico de la creación.