¿REVOLCÓN O ESCISIÓN SOCIAL?

PAREDON, PAREDONMiguel Bahachille M., jueves, 4 de junio de 2015

El gobierno avasallado por una crisis social y económica sin precedentes sigue refugiándose en reducciones tontas como “El Revolcón” para certificar que no obstante sus tenebrosidades “el glorioso pueblo venezolano” se ha adaptado patrióticamente a la pobreza, inseguridad, carestía y, hasta a las colas. Que a pesar de sus vicisitudes diarias, finalmente se ha resignado con estoicismo a la miseria. Se confirma así que los objetivos sociales del régimen no se cimientan en el progreso mayoritario sino en su escisión social.

Pasados tres quinquenios del siglo XXI, los frívolos calenturientos aún persisten en matizar resabios marxistas execrados hasta por la mismísima ex Unión Soviética (hoy Rusia). Siguen hablando sin rubor de explotadores y explotados aunque no puedan explicar quienes son “los explotados” (preguntar a los jornaleros de POLAR). El gobierno, dependiendo de cada evento político adverso (casi todos), evoca su inclinación marxista para denunciar los planes alienantes de patronos aviesos que se enriquecen con el martirio del pueblo.

Los únicos “revolcados” son los asalariados del gobierno que no vislumbran posibilidad de evolución por estar sometidos al rigor de un supuesto socialismo igualitario en el que no operan los contratos colectivos ni revisión del salario por sectores. Maestros y profesores, policías, bomberos; empleados de CANTV, Siderúrgicas, Tribunales, son precisamente las víctimas del yugo de la minusvalía contractual. ¡Deben callar y sacrificarse por la causa! Si ocurriere en empresas privadas, pues se trata de explotadores.

En la Venezuela de hoy los excluidos dejaron de ser minorías. Basta incorporarse a una cola o requerir algún servicio público para corroborarlo. Los relegados somos todos exceptuando los  burócratas con jerarquía de mando o integrantes del nuevo muestrario social: “los machaqueros”. El actual modelo niega toda opción de defensa al residente sitiado por numerarios que no renuncian a la agresión y el insulto como “forma de gobierno”.

La posibilidad de participar en decisiones colectivas, aunque avalada por la “mejor Constitución del mundo” como tanto predican los socialistas, está negada de hecho por “el síndrome del yoismo presidencial”. Es el presidente quien en cadena nacional habla de dispendios, leyes, presupuestos, etc. Los entes constitucionalmente facultados para esos asuntos son ahora “puro oídos” ante la preeminencia actos de Estado como el “revolcón presidencial”.

Si se acepta el principio del “yoísmo” como legítimo, debe concluirse que las instituciones en Venezuela no están al servicio del equilibrio de intereses como ocurre con el estándar de Democracias auténticas. Ahora surgen grupos desabotonados que se definen socialistas para exigir participación legítima cobijada en una quimera violenta con derechos patrios (los colectivos). Han aparecido tantos grupos que se definen como defensores de minorías, que uno no deja de preguntarse dónde está la mayoría y quién la defiende.

La auténtica mayoría, también minorías laboriosas, padecen en carne viva las secuelas de la violencia generalizada que acosa y merma la calidad de vida de todos por igual. La escisión social es en extremo peligrosa porque induce a la desaparición del Estado y estimula de hecho la proliferación de fanáticos que callejean con códigos propios. Basta dar una mirada al contexto violento instituido en el Estado Aragua por grupos que se revalidan como autoridad sustituta y revolucionaria para confirmarlo.

Sólo la Democracia garantiza la equidad y restitución de autoridades legítimas y, por ende, de los derechos ciudadanos. ¿Y qué mejor expresión de la Democracia que el voto? En lugar de hacer oídos a los ruleteros que incitan a la abstención como el “camino corto”, deberíamos alistarnos para recuperar el Parlamento “a voto limpio”.

Miguel Bahachille M.

miguelbmer@gmail.om, @MiguelBM29