EL LIDERAZGO QUE NECESITAMOS

LIBERTAD 2Golfredo Dávila,  viernes, 19 de junio de 2015

En el mundo encontramos una gama muy diversa de liderazgos, es obvio, por cuanto emergen del seno de la sociedad y en ella se expresan infinidad de culturas, de formas de pensar, de actuar, de producir y de convivir. En Venezuela también los tenemos de todos los matices, con sus virtudes y defectos, pero con un alto grado de atomización.

Tenemos líderes carismáticos, personalistas, autoritarios, dictatoriales, pragmáticos, idealistas, demagogos, oportunistas, ineptos, sectarios, intolerantes, aventureros y los corruptos; muchos desde el poder, actúan con el mismo guion, ineptitud, ceguera y nula escucha; también los hay democráticos, honestos y decentes. Por sector está el estudiantil, sindical, gremial, comunitario y empresarial; los líderes del deporte, la cultura, la ciencia, la tecnología, la academia, las religiones; unos son espontáneos, otros perseverantes, unos innovan, otros operan tras bastidores, los estrategas, en fin de todo hay en la viña del señor.

En el campo político, hemos visto crecer el personalismo en detrimento de la vida institucional y democrática, vicio de casi toda Latinoamérica. La sociedad venezolana arrastra parte de la cultura caudillesca, militarista y presidencialista de los últimos dos siglos, no es casual que la gente haya cifrado sus esperanzas en un líder carismático, frente al deterioro y agonía del puntofijismo. Desde el 2001 hacia acá, la pregunta constante era ¿a quién tienen para sustituir a Chávez? y se mofaban “ustedes no tienen un caudillo” para nada hacían alusión al proyecto.

A estas alturas, parece que no aprendimos la lección, teniendo tan cerca esa experiencia negativa, todavía densos sectores vinculan el clamor por el cambio con la necesidad de un salvador. Caldo de cultivo para repetir errores y para que surja cualquier tipo de referentes. Sale un aventurero pega cuatro gritos, diciendo que está dispuesto a morir por su pueblo, vocifera lo que la gente quiere escuchar, entonces viene la respuesta, ese es el hombre o esa es la mujer que hace falta. Eso habla muy mal de nuestra sociedad y quizás es una de las razones de la profunda crisis que vivimos.

Otro bemol, es que el liderazgo político de hoy padece el síndrome de la imagen mediática, no les importa si está o no conectado con la sociedad. Sabemos del poder de los medios, ellos construyen y destruyen liderazgos, al punto que el régimen los hegemoniza y los controla para su beneficio, lo cual hizo que sectores no afectos trasladaran su hacer político a las redes sociales. Claro, la crisis y los costos también influye en el abandono del trabajo cara a cara o de calle, sin embargo, la eficacia política no depende sólo de dinero, es esencial el accionar junto al pueblo, comunicarse con él en forma directa, ello requiere sólo de conciencia y voluntad política.

Necesitamos un liderazgo que haga hincapié en un proyecto y una visión consensuada de largo aliento para enrumbar el país hacia el desarrollo; que haga énfasis en la necesidad de un gobierno de unidad nacional, donde todos construyan en su ámbito de acción un liderazgo colectivo; con un profundo conocimiento de la realidad y del proceso histórico político; auténticamente comprometido con los intereses populares y con el país; que obre con el ejemplo, que su discurso guarde sintonía con su praxis social; que escuche a la gente; que armonice la acción, la emoción y la reflexión. Un liderazgo que coloque el acento en la ética y en el bien común, que considere el poder no como el fin último, sino como un medio para alcanzar una sociedad más justa; que combata el mesianismo, pues los cambios se logran con la acción mancomunada de todos.

Golfredo Davila

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