EL SÍNDROME DE LA SOLEDAD: ¿LO TIENES?

SOLEDAD SINDROME:: Rosana Braga :: Traducción de Teresa – teresa_0001@hotmail.com

No importa si estás soltero o casado. No importa si tienes muchos o pocos amigos. Tampoco si eres introvertido o extrovertido. El síndrome de la soledad no tiene que ver con invitaciones para fiestas y veladas o la falta de ellas.

Precisamente en un tiempo en que el mundo está cada vez más globalizado, en que las facilidades para los encuentros son innumerables y de diversas formas, parece que la mayoría de las personas, cada una en su grado, sufre de soledad.

La carencia parece consumirnos en deseos que inexplicablemente no se realizan y en una saudade no se sabe siquiera de qué, de dónde o de quién. Buscamos al otro sin encontrarlo, aunque vivamos un sin número de relaciones. Ese otro, tan esperado, parece no llegar nunca. O mejor, a veces parece ni siquiera existir.

El viejo y buen cartero continúa pasando todos los días. Tenemos teléfono, fax y computador. Dentro de él, los e-mails, las salas de chat, las web de encuentros, el orkut, el gazzag, el multiply y el msn. Tenemos además blogs, fotologs y skype. Instalamos cámaras, micrófonos y coleccionamos una lista interminable de amigos (algunos de ellos ni siquiera sabemos quiénes son… pero es bueno mantenerlos porque nos proporcionan la sensación de “estar con”).

Todo para intentar aplacar este eco interior. Cualquier cosa que llene el vacío, el abismo que insiste en separarnos de alguien que ya hemos sido un día o – ¡peor! – que nos gustaría ser, pero no sabemos cómo construir, en fin, el puente.

Creo que este puede ser el primer paso. Hemos de aprender a construir puentes. Puentes que nos lleven hasta donde deseamos llegar, especialmente hasta el otro lado de nosotros mismos.

Estamos siempre por el lado de fuera, buscando, mirando, observando, acusando, señalando, amando, deseando, riendo y llorando… siempre por el lado de fuera…

Basta una conversación, una situación, un encuentro… y allá estamos nosotros hablando de lo que el otro ha hecho, de lo que el otro ha dicho, de cómo el otro nos hace sentir. Basta una nueva pasión o una antigua disputa con quien ya está a nuestro lado para que encontremos todas las justificativas en el otro.

No tenemos los puentes, los benditos puentes. ¡Caramba! No hemos siquiera intentado construirlos. Simplemente nos hemos acomodado a las facilidades de los encuentros sin lazos con el otro, sin fijarnos en que el único encuentro necesario no ha sucedido desde hace años, ¡hace mucho, mucho tiempo! Y así, muchos se están muriendo, o mejor matándose de soledad, en medio de la multitud.

¿Paradójico? ¿Lamentable? ¡Puede que sí! Pero las salidas existen, ¡estoy segura! Tú puedes encontrar la tuya. Yo puedo encontrar la mía. ¡¡¡Tan sólo que, definitivamente, ha de ser dentro, y no fuera!!!

Hemos venido confundiendo libertad y amor propio con egoísmo e individualismo. Miramos constantemente al otro, pero no conseguimos verlo verdaderamente porque solamente podremos ver a alguien – quién quiera que sea – tras habernos mirado a nosotros mismos. Falta hacernos responsables. Falta abandonar esa desgraciada manía de considerar que el otro es el causador de los acontecimientos en nuestra vida.

Y así, cuando al fin empecemos a contemplar todo cuanto nos sucede con algo más de propiedad, estoy segura de que la soledad disminuirá considerablemente… porque permitiremos la aproximación de las personas sin tantas reservas y comprenderemos que somos todos uno y que solos, encerrados en nuestro caparazón personal no somos nadie, nuestra existencia pierde todo sentido. No hace link, no tiene significado ni importancia, porque perdemos la preciosa oportunidad de compartir nuestro corazón.

Te sugiero que apuestes más por la delicia de los encuentros, pero empieza hoy, ahora, a construir puentes por los cuales puedas pasar… atravesar el abismo que sientes ahí dentro… Porque al otro lado, está ciertamente tu inmensa capacidad de cambiar para mejor cualquier situación. Y que este cambio incluya la humildad que requiere la convivencia… para definitivamente conseguir sentir bastante más amor y mucha menos soledad.

Publicado EN TODOS SOMOS UNO.

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