SANTIAGO ÁLVAREZ: ¿PATRIOTA O TERRORISTA?

In this photo taken, Tuesday, Feb. 8, 2011, anti-Castro activist Santiago Alvarez talks to a reporter in Miami. In April 1961, then 19-year-old Alvarez and his father prepared for what they believed would be an accompanying U.S.-led maritime invasion and a victorious return to their country. (AP Photo/Alan Diaz)  Tuesday, Feb. 8, 2011,  Santiago Alvarez , (AP Photo/Alan Diaz)

Para las baterías propagandísticas del castrismo ha sido siempre uno de los objetos predilectos de sus andanadas, miércoles, julio 15, 2015 | René Gómez Manzano

LA HABANA, Cuba. – Después de mi participación en la convención anual de los abogados de la Florida, lo que más despertó mi atención durante mi más reciente visita al sur de ese estado, fue el conocer el trabajo de la Fundación Rescate Jurídico y a su presidente, el compatriota Santiago Álvarez.

Estamos hablando de un empresario exitosísimo. Al tratarlo en persona, impactan su voz tronante y su gran emotividad. Ésta, en el curso de una misma conversación, puede llevarlo desde una condena tajante del castrismo, hasta el enternecimiento cuando habla de las cosas de la Patria, de su difunto padre o incluso de un simple peón agrícola de su antigua finca matancera.

Se trata —a no dudarlo— de un personaje polémico. Las baterías propagandísticas del castrismo lo han convertido en uno de los objetos predilectos de sus andanadas. Cualquier alusión que se haga a él en los medios oficialistas va acompañada, de manera inevitable, por el vocablo “terrorista”. ¿Existe una verdadera justificación para ello?

El origen familiar de Santiago es digno de mención. Su abuelo, el gallego José Álvarez, se radicó en el Este de la provincia de Matanzas. Identificado con su país de adopción, se sumó a las filas del Ejército Libertador, donde llegó a alcanzar el grado de coronel. Ya en el siglo XX, fundó una nueva familia.

Sus cuatro hijos varones conspiraron contra el gobierno de Machado. Tres de ellos fueron asesinados en una misma noche por esbirros del régimen. Han pasado a la historia como “Los hermanos Álvarez”. Se les erigió un monumento, y bajo el castrismo se editó un libro dedicado a su memoria: “Crimen y vendetta”.

Correspondió al cuarto hijo del coronel —Santiago, padre del jefe de la Fundación Rescate Jurídico— vengar la muerte de sus hermanos. Acompañado por un grupo nutrido de partidarios, emboscó el camión que transportaba hacia Santa Clara a los autores del triple asesinato, desarmó a los cuatro custodios y ametralló a los primeros. Después tuvo una participación destacada en la política nacional.

Con esos antecedentes, no despierta asombro que Santiago Álvarez haya tenido también una intervención descollante en las luchas internas de nuestro país. Inconforme con el régimen castrista, sin haber cumplido aún los veinte años comenzó sus acciones contra él. Estas últimas tuvieron un carácter violento, lo cual se ajustaba no sólo a sus tradiciones familiares, sino también a las nacionales. (¿Acaso fueron pacíficos los actos realizados por Castro y sus compinches para derrocar a Batista?)

No alcanzan los dedos de las manos para contar las infiltraciones que Santiago y sus hombres realizaron en Cuba. Por supuesto que el riesgo de la vida estuvo siempre presente en esos actos que requirieron de un patriotismo y un valor a toda prueba. Álvarez no niega esos hechos: se trataba del único modo que él y sus contemporáneos concebían para luchar por lo que ellos consideraban mejor para su país.

Lo que sí rechaza de modo tajante es el calificativo de “terrorista” que le endilga de modo constante la propaganda castrista. “He atacado al régimen de frente, pero jamás he puesto una bomba ni he mandado a ponerla”, ejemplifica con énfasis. Pero ya sabemos que los plumíferos de los Castro, para denigrar a sus adversarios, no se detienen ante matices de ese tipo.

En cualquier caso, lo que más llama la atención es la mudanza radical que ha experimentado, aunque él mismo no esté de acuerdo con que la realidad sea planteada en esos términos. “Yo no he cambiado”, aclara, “son mis métodos de lucha los que han cambiado”. El hecho cierto es que, si dejamos a un lado las sutilezas lingüísticas, las formas violentas de enfrentamiento al castrismo quedaron atrás para él.

Esa nueva realidad la ejemplifica la venta del buque “Santrina”, que, bajo el mando del mismo Santiago, sirvió de marco para sus últimas aventuras marítimas. El cambio también se refleja en las nuevas actividades de la Fundación Rescate Jurídico, que ahora se dedica a prestar ayuda a los opositores procesados por las autoridades y a las organizaciones que promueven los valores democráticos dentro de Cuba.

Hay una broma que él repite con gusto: “Si descuento los años que estuve preso, ahora tengo setenta”. Despierta verdadera admiración que este hombre de la tercera edad, que vivió toda su adultez en medio de luchas armadas, haya sido capaz, ya al final de su vida, de evolucionar en forma tan radical y abrazar las formas pacíficas de combatir contra el totalitarismo.

Esperemos que también los Rolando Alfonso Borges, los Randy Alonso y los Lázaro Barredo sean capaces de cambiar, y dejen de calificar como “terroristas” al mismo Santiago y a otros opositores como él.

Publicado en cubanet.org

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Autor: gustavo1941

Ex preso politico cubano, refugiado en EE UU. Presidente de la Academioa Cubana de Altos Estudios Masonicos de la Gran Logia de Cuba de AL y AM (2005 a 2011); Gran Canciller Secretario General del Supremo Consejo del grado 33 para la Republica de Cuba del REAYA(2005-2008). Autor y conferencista.

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