09/24/2020

¿En qué Medida Puede ser Compleja la Igualdad?

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La igualdad compleja es el ideal de una sociedad liberal en la que se cultiva con acierto «el arte de la separación.» Separar consiste en reconocer que hay bienes que han de distribuírse aisladamente (con criterios distintos) para así concebir una igualdad social que surge como su resultado. La distribución ha de estar de acuerdo con el significado específico de cada bien-de cada práctica institucional o social-, y no puede reducirse a la preeminencia de un bien sobre los demás, de un principio de distribución (por ejemplo, el mérito) sobre los demás (la necesidad de ese bien, el talento, etc.) No hay, por tanto, un único principio de justicia distributiva que se pueda aplicar a todos los bienes públicos o sociales. La multiplicidad de bienes denota la complejidad de las actividades y esferas de valor de las sociedades contemporáneas-el pluralismo de significados sociales.

Pero, ¿es tan evidente como piensa Walzer esa asignación de un criterio de distribución a cada bien y su consiguiente separación de otras esferas? A continuación quisiera examinar el significado de algunos de los bienes que Walzer enumera para cerciorarnos de la vinculación entre el bien, su significado y el criterio de distribución correspondiente.

Llama la atención en primer término que Walzer invoque el dinero en su lista de bienes con significado específico a distribuir. (3) En efecto, al igual que la sanidad, el tiempo libre, la educación, el amor, el poder político y el trabajo duro (en el sentido de «no deseado por la mayoría»), el dinero es confinado a su esfera propia. Brian Barry y Jeremy Waldron destacan-siguiendo a Georg Simmel, La filosofía del dinero-la carencia del dinero de un significado per se. El dinero es anónimo e intercambiable por todos los demás bienes: «el dinero debería ser considerado como una representación de la conmensurabilidad de los significados y valores de otros bienes, no como un bien con un significado o valor en sí mismo.» (4) Para Walzer, en cambio, la esfera propia del dinero es el comercio de «todos esos objetos, mercancías, productos, servicios que no son comunitariamente suministrados,que las personas sin embargo encuentran útiles o agradables.» (EJ, p. 114, énfasis añadido). Walzer divorcia del mercado aquellos bienes que consideraríamos públicos (servicios básicos del estado, libertades públicas), así como «el amor y la amistad» y la «gracia divina»-bienes que, dentro del ámbito privado, poseen cualidades espirituales. Como no podía esperarse de otro modo, se percibe en el razonamiento de Walzer el afán «separatista» que caracteriza a su teoría, el cual se concreta en este contexto en la implantación de límites al mercado del mismo modo en el que Habermas dignosticó la «colonización» del mundo de la vida en su Teoría de la Acción Comunicativa. Según Walzer, es posible, sin embargo, seguir haciendo dinero en el mercado, siempre y cuando esto no «establezca posiciones de privilegio, baluartes sociales que otros hombres y mujeres pueden tomar solamente al asalto y que son siempre defendidos con desesperación.» (5) Aunque la oposición de Walzer a los procesos de conversión o convertibilidad de una esfera a otra mediante el dinero se nos antoje sísifea-puesto que siempre surgirían modos de conversión que no podrían impedirse-, la normatividad de la igualdad compleja puede concebirse en tanto que reveladora de las dolencias que achacan a nuestras sociedades: «El movimiento institucional más relevante-señala Swift al respecto-del que está a favor de la igualdad compleja sería el de aislar el mercado de acuerdo con criterios distintos a la mera capacidad para pagar aquellos componentes de beneficio que actualmente están en venta en el mercado.» (6)

La pregunta que inmediatamente surge es la de cómo distribuir por otros medios los bienes que no queremos que queden en manos del mercado. Sobre esta relevante cuestión volveré más adelante cuando analice la noción de sociedad civil de Walzer. Ahora es preciso enfatizar que la diagnosis de Walzer sobre la invasión del mercado en las demás esferas tiene una base claramente liberal: frente a las tesis marxianas que contemplan la sociedad como una totalidad ética desgarrada por la mercantilización que ha de recuperar la unidad, Walzer asume y reivindica la diferenciación de la economía como una esfera más que ha de manternerse-con límites rígidos. (7) Sin embargo, y en esto creo que radica la fuerza crítica de la idea de Walzer, como complemento a Rawls y su segundo principio de la justicia-el principio de la diferencia, que reza que cuando existan desigualdades económicas y sociales deben estar dirigidas al mayor beneficio del menos aventajado, y asociadas a posiciones y cargos abiertos a todos según la regla de la igualdad de oportunidades-, Walzer pone el dedo en la llaga al señalar, en virtud del ideal de la igualdad compleja, la creciente dominación del medio del dinero sobre las demás esferas de distribución. En efecto, según Walzer la libertad individual no consiste únicamente en el derecho a «formar, revisar y dedicarse a la prosecución de una concepción del bien» (8) -derecho que sólo es limitado por el similar derecho de los demás-, sino que además conlleva la posibilidad de acceso y participación activa en la vida política, pues la pertenencia a ésta es el primer bien que se distribuye. Pero además, y ésta es la visión más radical, la igualdad compleja no se sustenta con la compensación parcial a la que alude el segundo principio de Rawls, (9) sino que requiere imprescindiblemente la autonomía de las esferas, de modo que cada criterio de distribución promueva la ventaja relativa de distintos ciudadanos en diferentes esferas con la imposibilidad de dominar a las demás.

Junto al dinero y su difícil clasificación autónoma en una esfera, la teoría de Walzer brinda otras dificultades que no conviene soslayar y que ya he mencionado al tratar su método de análisis interpretativo, a saber, la del significado de los bienes y su distribución. Para abordar este problema voy a tomar en consideración un bien determinado para preguntarnos si no es posible que en muchos casos encontremos que su significado evoque criterios de distribución en conflicto por lo que habría que acudir a una noción de justicia que atravesara o solapara varias esferas. Vamos a suponer, por ejemplo, el empleo. (10) Walzer considera que el significado predominante de la mayoría de los trabajos es el de una carrera profesional abierta a los individuos con talento o habilidad. Consecuentemente, Walzer sigue la parte final del segundo principio de la justicia de Rawls, que entiende cada puesto de trabajo como un cargo, esto es, como «cualquier posición por la cual la comunidad política, considerada como un todo, manifiesta interés y escoge a la persona que lo ocupa, o regula los procedimientos mediante los cuales esa persona es escogida.» (EJ, p. 140) (21)Llevado a la práctica el principio se traduce en dar igual consideración o tratamiento a todos los candidatos, y elegir entre aquellos que estén mejor cualificados. Ahora bien, ¿podría ser que este criterio de distribución no fuera el único con el que usualmente se vincula el empleo? Otra regla que podría también aplicarse justamente sería la de distribuir empleos según la necesidad de los candidatos. En efecto, cuando pensamos en empleo, lo asociamos inmediatamente a una vida más o menos segura, con las necesidades básicas cubiertas y con el reconocimiento social imprescindible para ser considerados como iguales por los demás-es decir, el empleo se asocia con la igual ciudadanía. Como señala Amy Gutman: «En una economía a pleno empleo, los estándares de la necesidad y la aptitud [qualification] se complementan en lugar de competir. Pero en una economía que está lejos del pleno empleo los dos estándares frecuentemente compiten entre sí.» (12) Walzer responde a esta objeción remarcando que los puestos de trabajo significan tanto profesiones abiertas al talento, al mérito o a la aptitud, cuanto la igual ciudadanía de todos,precisamente porque vivimos en una sociedad con una economía que no goza ni de pleno empleo, ni de una distribución justa-de acuerdo con los significados de los distintos bienes-en las esferas que se solapan con la del empleo. Es decir, el trabajo ha adquirido un segundo significado en conflicto con el primero porque algo está fallando en las esferas del dinero, de la seguridad y el bienestar y en la del reconocimiento, o incluso en la del poder político. De esta manera, el estudio de las razones para la puesta en práctica de la acción afirmativa o discriminación inversa en el caso de los negros americanos (EJ, cap. 5: «El caso de los negros estadounidenses,» pp. 162-165) puede conducirnos a interpretar esta medida como una reparación de la larga historia de injusticia sufrida por este colectivo. Así, el significado espúreo del empleo que tomaríamos sería el pleno acceso a la igualdad civil-y no el «legítimo» de una profesión abierta al mérito o la profesionalidad. Sería, pues, un remedio que requeriría la desigual consideración de los blancos que actualmente ni son participantes ni beneficiarios de prácticas racistas, lo cual iría en contra de las nociones del mundo social compartidas.

¿O no se trataría más bien de un caso en el que dos argumentos válidos en conflicto confluyen en el bien social del empleo? Por un lado, entendemos que el empleo debe distribuirse según el mérito, pero por otro comprobamos que hay un grupo social que no goza de las mismas oportunidades que el resto para acceder a un puesto de trabajo, y que además también está desfavorecido en otras esferas (por ejemplo, la del dinero y la del reconocimiento).

La postura de Walzer se complica al aceptar sólo la discriminación inversa como último recurso. «El objeto de reservar cargos es el de ratificar la jerarquía, no el de desafiarla ni el de transformarla […] la redistribución (a favor del empleo pleno) de la riqueza material es más factible que la reserva del cargo en lo que se refiere a resultados duraderos.» (EJ, p. 164) (13) Esto quiere decir que si el empleo ha pasado a adquirir un significado proveniente de otra esfera es porque la distribución falla en ambas esferas-porque no se da la justicia en ninguna de ellas. La cita anterior nos indica que, a juicio de Walzer, la política a adoptar cuando se da injusticia en la esfera del empleo es la de intervenir en la esfera de la distribución de la riqueza material. ¿No está admitiendo Walzer con esta compensación la interconexión de las esferas? En efecto, el caso de la acción afirmativa nos enseña que las nociones de mérito e igualdad de oportunidad para superar los efectos históricos de discriminación social se entremezclan. Tanto en Estados Unidos como en Europa los debates sobre esta delicada cuestión no cesan. ¿Hemos de admitir con Dworkin que realmente no hay un significado social compartido que señala los límites de una determinada esfera y que, en consecuencia, esos significados sociales que compiten en una esfera nos obligan a acudir a una formulación de la justicia que no se deja encasillar en el aislamiento de las esferas de Walzer?

Walzer es ambiguo sobre este punto. Por un lado, enuncia un significado social para cada esfera de distribución, y por otro niega que ese significado social tenga que gobernar necesariamente en la esfera. Su hermenéutica de los significados sociales le lleva a plantear un universo semántico común en el que los significados (variables) permiten que pueda haber conflicto acerca de las distribuciones. La idea principal es que sólo podremos argumentar sobre las distintas interpretaciones porque hay un lenguaje compartido-una comunidad de experiencia.

Sin embargo, aunque aceptemos como válida la premisa del lenguaje compartido de significados, otro tipo de consideraciones ajenas a la mera interpretación han de entrar en escena si queremos solventar el conflicto. En el caso que hemos estado considerando comprobamos que tanto uno como otro significado son argumentos morales que tratan de llevar a la práctica la no discriminación en el empleo. «El ideal interesférico-aduce Gutman-de la no discriminación captura los dos significados del empleo en conflicto. La justicia social reside no en escoger entre los significados, sino en evaluar los detalles de los argumentos que se oponen.» (14) Si esto es así, parece que llevada a la práctica del mundo injusto en que vivimos, la justicia según Walzer residiría en permitir por lo menos que cada interpretación de significados tenga su espacio. El hermeneuta, inmerso en una tradición histórica, legal, cultural y sociológica, saca a la luz y clarifica los significados de las normas y valores y deja a la política la decisión última. ¿Nos ha presentado la única interpretación posible? Quizá esta pregunta no sea del todo relevante, pues de lo que se trata es de si la aceptamos como una intepretación válida a la hora de llevarla a la práctica, aquí y ahora. Tal vez todos estemos de acuerdo en que el trabajo debería distribuírse de acuerdo con la competencia profesional y el mérito, y que la igual consideración de todos los candidatos sería lo ideal. Pero aquí y ahora reconocemos que para hacer justicia conviene sopesar otros posibles argumentos que entran en conflicto.

Publicado en

Democracia y Valores Sociales: Un Diagnostico Sobre Nuestras Sociedades

Sonia Arribas
New School for Social Research, New York