09/23/2020

Cuando se disipe el espejismo

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El papa se fue de Cuba, detrás queda el recuerdo

jueves, septiembre 24, 2015 | Sergio Ramos

El papa Francisco acompañado por Raúl Castro, tras la llegada a La Habana del Obispo de Roma (foto tomada de Internet)

SAN JUAN, Puerto Rico – El papa se fue de Cuba. Detrás queda el recuerdo. Fue la visita de un jefe de estado matizado por discursos pastorales. Como tal, fue recibido y acompañado en todos sus actos públicos por el alto clero de la isla y por el dictador Raúl Castro junto a su séquito.

El papa Francisco visitó a los poderosos, a los que acaparan las riquezas que pertenecen al empobrecido pueblo, a los que con mano de hierro tienen sometido y dividido a los cubanos desde hace más de cinco décadas.

Sus contactos con la gente de a pie, fueron meticulosamente escogidos y controlados; todo enmarcado en un libreto teatral. Nada espontáneo, sino calculado.

En sus misas y actividades, los más cercanos fueron el clero y la alta cúpula del poder, e inmediatamente tras ellos, un nutrido número de miembros del Partido Comunista de Cuba, quienes fueron instruidos por la dirección del mismo a asistir a las actividades públicas del Papa. Y detrás, el pueblo lleno de curiosidad y los fieles.

Si bien es cierto que el Papa envió algunos mensajes subliminares, como aquel de que el gobernante que no permite el desarrollo de líderes es un tirano y su reacción exhortando a la tolerancia y la amistad social, en respuesta al joven que se quejaba de la intolerancia imperante y la vida difícil del cubano. También no es menos cierto que la resonancia de sus palabras fue más en el exterior del país, que dentro del desinformado pueblo cubano; que aturdido por los recientes acontecimientos de la “normalización” de las relaciones Cuba-Estados Unidos y por la visita del pontífice, provocan en ellos un espejismo de esperanzas y sueños, cónsonos con sus deseos de poseer una vida mejor, más digna, libre y próspera; pero a fin de cuentas, un espejismo.

Detrás de las bambalinas, apartado del glamour de los actos religiosos y los discursos pastorales, existió la marginación, el desprecio, la indolencia para con aquellos, que por tener la valentía de despojarse del juego cotidiano de la doble cara y moral, se enfrentan al régimen esgrimiendo las verdades que otros por miedo callan.

A estos últimos, se les negó ser escuchados, se les impidió asistir a las misas, se les encarceló por solicitar audiencia al Papa, se les bloqueó el participar en charlas papales, se les negó la mano tendida por aquellos que día a día se asfixian por falta de libertad. La mano estrechada fue para los verdugos; y para los oprimidos, el desprecio. Solo la casualidad, asistida por el coraje de un grupito, que logró burlar el bloqueo policiaco que rodeaba al Pontífice, pudo uno de ellos acercarse al Papa para expresarle en segundos, entre empujones y bendiciones, el clamor de libertad de un pueblo esclavizado. La respuesta fue la cárcel a mano de la jauría de agentes represores policiaco-políticos del régimen, los cuales se encontraban insertados en la multitud con disfraz de fieles.

El Papa fue lo esporádico, lo cotidiano es la represión, que continuará inalterable para garantizarle a la oligarquía gobernante su continuidad en el poder, ahora “bendecida” antes los ojos del mundo y apuntalada por los intereses políticos y económicos foráneos, a expensas de la explotación de un pueblo trabajador.

A fin de cuentas, de aquí a un tiempo cercano, el espejismo se irá disipando al chocar con la triste realidad cotidiana del cubano de a pie, quienes se percatarán que aquel día en la Plaza llamada “de la Revolución”, se repitió un Vía Crucis ante la imagen clavada en murales de concreto de dos ladrones y un Cristo estupefacto, al ver la lanza que enterraban los intereses mundanos en el corazón de un pueblo oprimido, que aún lucha por su resurrección.

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