Entierro gratis y “solidaridad” de cementerio

“En el espacio reservado para un cadáver colocan uno, dos y hasta tres esqueletos”, dice el sepulturero

cubanet.org, sábado, octubre 24, 2015 | Las Villas Press

Patio interior del cementerio del pueblo (foto de Las Villas Press)

Patio interior del cementerio del pueblo (foto de Las Villas Press)

CIENFUEGOS, Cuba – Contaba mi padre que a principios de los años sesenta, un par de humoristas quisieron parodiar la realidad que entonces vivía el pueblo cubano. Durante un programa de televisión uno de ellos lanzó la siguiente pregunta: ¿Cuál es el colmo de un gobernante? A lo que el segundo, ni corto ni perezoso respondió: “Matar a un pueblo de hambre y darle el entierro gratis”.

El chiste hacía alusión a una de las tantas medidas adoptadas durante los primeros años del autodenominado gobierno revolucionario; luego que todos los cementerios y funerarias, hasta entonces propiedad privada, fueran intervenidos y expropiados en nombre del pueblo. Desde entonces hasta la fecha los entierros en Cuba son gratis.

Si bien me parece correcto –filosóficamente hablando– que todos tengan un entierro digno, se sabe por experiencia que la estandarización y gratuidad de un servicio termina afectando su permanencia o al menos la calidad.

Papá Estado administrador

A varias décadas de adoptada la medida, la situación que presentan las funerarias y los cementerios de toda Cuba resulta lamentable. Desde 1959, momento en que asciende al poder el actual gobierno, hasta la fecha poco se ha hecho por ampliar o construir nuevos camposantos. Y a las funerarias no les va mejor.

Así está lo que queda del crematorio (foto de Las Villas Press)

Así está lo que queda del crematorio (foto de Las Villas Press)

En la provincia de Cienfuegos, lugar donde resido, no se ha erigido un nuevo Cementerio desde antes de los años 50. Para que se entienda la magnitud del problema me limitaré a mencionar lo que ocurre en el Cementerio enclavado en el poblado de Guaos, ubicado a unos 17 km de la ciudad de Cienfuegos.

Construido en el año 1920, el cementerio de Guaos sólo ha sido ampliado una vez. Sus dimensiones son pequeñas, como pequeña era la población del lugar en el momento que se edificó. Con apenas 50 metros de largo por unos 25 de ancho, la instalación conforma un rectángulo que pretende dar descanso final a los difuntos de varios poblados que lo circundan.

Según Luís Roque, el sepulturero, allí dan servicio a los poblados de Pepito Tey, Guabairo, San Antón, Lajitas, Loma Abreu, Guaos, entre otros. Sumada, la población de todos ellos ronda los 8 mil habitantes.

“Solidaridad” en el reino de los muertos

El enterrador dice estar preocupado pues ya no queda espacio en los nichos donde colocar las osamentas. Es costumbre que pasado dos años, los esqueletos sean desenterrados y los huesos colocados en pequeñas cajas, casi siempre metálicas, que a su vez son guardadas en bóvedas.

Pero “las bóvedas y los nichos están llenos, no hay donde poner a los muertos, por otro lado no los puedo botar”, dijo Roque.

Al preguntarle qué ha pasado hasta este momento con los cadáveres que siguen llegando respondió: “Lo único que nos ha salvado es la solidaridad que han mostrado los familiares de los difuntos. Como estos pueblos son pequeños y el que no es familia es conocido, ante la necesidad la gente termina entendiéndose y en el espacio reservado para un cadáver que ya está ocupado, colocan uno, dos y hasta tres esqueletos”, puntualizó.

La desidia del Estado

Estos son los nichos del cementerio (foto de Las Villas Press)

Estos son los nichos del cementerio (foto de Las Villas Press)

Mientras conversamos, Roque se queja amargamente. Los trabajadores de Comunales, la entidad encargada de dar mantenimiento a los cementerios, hace mucho que no hace acto de presencia por este lugar.

“Los nichos y bóvedas están en mal estado, el incinerador totalmente destruido. Los desechos de féretros podridos o las flores marchitas tienes que ser quemadas al aire libre”

La instalación no cuenta con alumbrado, teléfono, ni custodio que vele por el lugar, aunque los robos de huesos de los cementerios cada vez son más frecuentes.

A pesar que realiza varias funciones al unísono como las de jardinero, enterrador o encargado de mantenimiento, Roque percibe tan sólo un salario de 400 pesos mensuales, un aproximado de 16 dólares. Y aunque el empleador no le garantiza las herramientas para hacer su trabajo él ama lo que hace y se las agencia para cumplir con sus obligaciones.

“No sé qué será de este lugar el día que ya no esté o que me haya muerto” dice Roque en forma de lamento.

(Clemente Álvarez Díaz)

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