07/03/2020

REEDUCANDO AL PROFESOR UNIVERSITARIO

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AL COMPÁS DE LA CIENCIA. GIOCONDA SAN BLAS
Gioconda San Blas. https://www.google.com/

Usted, profesor universitario e investigador científico ¿está consciente de que tiene una “clara orientación al lucro”, está “desvinculado de su entorno”, desarrolla “investigaciones e innovaciones tecnológicas más orientadas a las demandas del mercado internacional que al de las comunidades”, a pesar de que su mísero sueldo no alcanza ni de lejos la categoría de lucro y de que trabaja por su país en condiciones precarias, investigando sobre nuestra realidad en temas de salud, energía, cultura, economía u otros?

Es así como quedamos definidos en el documento publicado por el Ministerio de Educación Universitaria, Ciencia y Tecnología bajo el título de “Sistema nacional de formación permanente del docente universitario – Conceptualización y estructura”http://www.mppeuct.gob.ve/multimedia/descargas/sistema-nacional-de-formacion-permanente-del-docente-universitario. Y porque somos así (dice el ministerio), debemos ser sujetos a un proceso de reeducación que exalta machaconamente los valores del pensamiento crítico y la democracia (participativa y protagónica, no olvidemos el vacíoritornello en uso), que en los hechos son reiteradamente pisoteados por el mismo régimen que los invoca.

Es un documento orientado a un proceso de “rearticulación” del profesor universitario en cualquier institución de educación superior donde se encuentre, a quien se despoja de su inseparable función de investigador para convertirlo en mero docente de un liceo mayor, con el pretendido fin de impulsar “una nueva sociedad que se sume a los preceptos socialistas de unidad y armonía”, un concepto con reminiscencias maoístas, resucitado por lacayos de Xi Jinping, bajo la hipócrita frase: «hoy, cuando la codicia lo ha invadido todo, inculcar un espíritu revolucionario es más importante que nunca».

En el documento de marras se reclama el déficit agudo de investigadores en áreas científico-tecnológicas estratégicas para el desarrollo nacional, como si no hubiesen sido ellos quienes a lo largo de casi 17 años se han ocupado en resquebrajar el sistema de ciencia, tecnología e innovación, gradualmente construido desde 1958 a la caída de la dictadura. Quieren hacer creer, sin lograrlo, que la actual mengua en el sector está desvinculada de esa política deliberada de alergia al mérito académico y a la idoneidad profesional, con la cual ellos han ido socavando las estructuras institucionales, al poner allí a personajes de abultadas credenciales partidistas y mustia indigencia curricular.

Uno de los componentes de formación es «Ciencia y revolución». ¿Ciencia y revolución? Las veces que esa conjunción se ha dado ha sido para introducir falacias ideológicas en las evidencias científicas obtenidas rigurosamente a través de la experimentación y la lógica. Una de las más dramáticas ocurrió en la década de 1930 cuando unas disparatadas teorías «científicas» de la genética de plantas fueron aplicadas a la agricultura soviética por mano de aquel pirata de la ciencia, Trofim Lysenko, enchufado a un Stalin “pensador científico marxista”, que llevaron a la hambruna y a la muerte a no menos de 1,5 millones de ucranianos (según otros, a 10 millones).

La promesa de los redactores del rimbombante documento, escrito en ridícula neolengua, es la de “construir nuevas subjetividades en los miembros del profesorado… para rearticular el proceso educativo en el territorio económico, social, político y geográfico”, un enunciado que se nos antoja ideado para imponer por la fuerza y desde afuera el pensamiento único en un degradado profesorado universitario (docente, no investigador), violando de paso la autonomía universitaria y la libertad de cátedra garantizadas en la Constitución (art. 109).

Éste será otro punto en agenda cuando la patria comience a transitar el destino más luminoso que nos reserva el triunfo opositor del 6D, por el cual trabajamos.

http://www.talcualdigital.com/Nota/119870/Reeducando-Al-Profesor-Universitario

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