El peligro secesionista catalán

Sin querer establecer paralelos, el peligro de Ucrania puede repetirse al revés en una versión occidental a la catalana

miércoles, noviembre 11, 2015 | Miguel Saludes
Manifestación pro independencia de Cataluña (foto tomada de internet)

MIAMI, Estados Unidos – España nos roba. La primera vez que escuché esta frase fue en Miami, Me la lanzó, casi con desprecio, una señora a la que había identificado como española por el acento de su voz. La respuesta enfática destacaba la marca de origen (catalana) con el eslogan utilizado por los nacionalistas de esa región como bandera para fundamentar un sentimiento separatista y anti español. Aunque el país peninsular siempre ha sido visto como una amalgama de culturas, naciones y lenguas, algunas cuestiones pesan en el contraste. Las particularidades de la comunidad autónoma que fue sede de las olimpiadas de 1992 han sido vistas incluso desde el prisma del humor en filmes como “La escopeta nacional”. Pero al paso del tiempo las cosas ya no son para reír.

La tormenta separatista, anunciada desde largo tiempo atrás, ha estallado tras las pasadas elecciones parlamentarias autonómicas en las que una coalición integrada por tres partidos independentistas radicales (CiU, Ezquerra y Junts pel Si) se hizo con una mayoría de los asientos en el parlamento sin llegar al cómputo absoluto que les garantizara su objetivo. Para lograr sus presupuestos necesitaban el complemento del diez por ciento obtenido por la CUP, una fuerza política anti sistema, radical de izquierda y contraria a las ideologías de los grupos enfrentados en la asamblea representativa de la Generalitat, pero que también dice buscar la soberanía catalana.

Es de notar, en esta crisis política que incumbe a toda la sociedad española, algunos aspectos. Primero, el nivel de corrupción en el seno de los partidarios del independentismo a ultranza. Unido a lo anterior, la postura irresponsable de un líder político que, escudado en sentimientos nacionalistas, se erige como patriarca de una nueva nación, sin tener en cuenta que con ello no solo vulnera la democracia constitutiva bajo la que ha sido presidente, sino que pone en juego una peligrosa maniobra de consecuencias incalculables.

La entrada en el escenario de la CUP (Candidatura de Unidad Popular) sería uno los elementos temerarios a tener en cuenta. El grupo minoritario que se convierte en pivote para las ambiciones de Artur Mas y compañía, presenta un programa anti capitalista, anti europeísta y anti sistema. Lo que sus miembros definen “alternativa necesaria” es un proyecto político que, partiendo del ámbito municipal, pretende abarcar el nacional para extenderse a todos los Países Catalanes en busca de su independencia dentro del socialismo, con economías ecológicamente sostenibles, en modelos territorialmente equilibrados y no patriarcales. El término Unidad Popular no es casual. Hace referencia a la alianza de izquierdas chilena que impulsó un movimiento de transformación socialista en el país andino bajo el gobierno de Salvador Allende. El contenido, por tanto, se arraiga en el más puro concepto marxista.

Vale la pena citar los cuatro puntos cardinales de este proyecto:

1- La defensa de los derechos políticos del pueblo catalán: el ejercicio del derecho a la autodeterminación y el acceso a la independencia, la democracia participativa, la defensa de la unidad y la territorialidad del conjunto de los Países Catalanes.

2- La defensa de los derechos de las clases populares y la igualdad: hacia una sociedad de redistribución de la riqueza, la lucha contra el paro y la precariedad, la defensa de los servicios públicos, el establecimiento de mecanismos de control popular de la economía y el despliegue de políticas efectivas que garanticen la igualdad de género.

3-La defensa del territorio: contra las agresiones ecológicas y urbanísticas, contra el descuartizamiento del territorio y su destrucción en beneficio de unos pocos, y un desarrollo realmente sostenible.

4-La defensa de la lengua y la identidad nacional: por la unidad de la lengua, la oficialidad del catalán en todo el territorio nacional, unas industrias culturales propias y auto centrada, el refuerzo del tejido cultural de raíz popular los Países Catalanes.

Visto en su generalidad, el programa puede resultar loable en varios aspectos: la lucha por las masas desfavorecidas, el respeto a la naturaleza y la construcción de una sociedad igualitaria. Por el contrario resulta inquietante por el desconocimiento y el rechazo hacia todo lo institucionalmente conocido. La alternativa necesaria de la CUP no tiene liderazgo visible en apariencias. La propuesta de su proyecto rebasa las fronteras de Cataluña en una dimensión que abarca las Islas Baleares, territorios aragoneses y valencianos donde existen raíces catalanistas. En todos esos lugares la CUP tiene representación y acoge gente de sensibilidades diferentes dentro de la izquierda independentista. Corriente Roja, Lucha Internacionalista o En Lucha serían algunas.

En otros resaltan los mitos y las falsedades en las que no falta la inspiración de autores reconocidos que reescriben una historia en la que Cataluña se victimiza ante los peores ultrajes por parte de España. Uno de estos es el punto neurálgico del idioma, esgrimido por los nacionalistas como justificante. En las escuelas de la autonomía la polémica gira en torno a relegar el aprendizaje del castellano como opción frente a la obligatoriedad de aprender la lengua regional. En el 2010, por ejemplo, el gobierno de Cataluña impuso más de doscientas multas con la implicación del pago de cerca de 200 mil euros a empresas y comercios que no utilizaran el catalán. Por el contrario se desestimaron los castigos monetarios contra ciudadanos catalanes que se negaron a hablar en castellano en situaciones oficiales. Es como si en Miami se multara a quien no use el español y por el contrario los parlantes hispanos se negaran a usar el inglés en situaciones oficiales, aún conociendo esa lengua

El hecho de que un grupo parlamentario minoritario consiga disponer de los hilos para controlar, o al menos timonear el futuro de Cataluña, muestra hasta qué punto están dispuestos a arriesgar los que quieren a toda costa lograr un propósito que ha sido calificado de traición a la democracia y a la ciudadanía española. Quizás crean que al final, una vez lograda la meta, su mayoría aplastante logrará poner en el justo sitio a los minoritarios de la CUP. No comprenden a estas alturas que son estos desde su aparente pequeñez quienes pueden echarles a ellos y lograr el control absoluto del gobierno en una hipotética republica catalana. El historial de la corriente, fuertemente enclavado en la otra parte del Atlántico demuestra como funcionan estos grupos, que van a por todas para lograr sus objetivos. Juran constituciones si estas les garantizan subirse al poder. Luego las anulan o cambian a su arbitrio. Prometen apego a la democracia participativa y luego, por una vía u otra, dan una patada al proceso eleccionario y lo hacen a su estilo. Al final consiguen imponer su fórmula para de forma totalitaria construir aquello que creen es justo para la sociedad.

Por ahora el paso separatista que busca romper los nexos con España, dividiendo una unidad histórica de siglos de existencia y peor aún la unidad entre los propios catalanes, enfrenta la respuesta constitucional española. Los mecanismos para evitar el traumatismo de la escisión han sido puestos en marcha por las instituciones del estado con el apoyo de las fuerzas políticas de mayor representatividad a nivel nacional. Pero esto no es tranquilizador.

Cataluña debe preocupar a todos los que confían en la democracia. Sea en España o en otras regiones. Las nubes están preñadas de negror y es muy difícil predecir que no descarguen la fuerza acumulada. Sin caer en pesimismos tampoco se puede ir al extremo optimista. La aplicación de las leyes que frene este despropósito secesionista no puede evitar el mal de la división sembrado por el veneno nacionalista. El hecho de que una parte de la ciudadanía (entre el 35 y el 48 por ciento según diferentes datos) apoye este proceso resulta de por sí alarmante. Igual los reclamos, acusaciones y reproches que se escuchan entre los grupos divididos donde los ultras de todo tipo encuentran cabida. Incluso la proclamación de falanges que invocan la ausencia de un Caudillo capaz de poner freno al desenfreno. En un ambiente tan enrarecido cualquier cosa puede suceder, incluyendo el enfrentamiento letal. Sin querer establecer paralelos, el peligro de Ucrania puede repetirse al revés en una versión occidental a la catalana.

http://www.cubanet.org

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