09/24/2020

Lula, siempre fiel a da Silva

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A debate está si Luis Inacio Lula da Silva es  o no corrupto,  o si ha tenido participación en gestionar ante gobiernos extranjeros negocios para empresas de sus país.  Lo que sí es evidente es su capacidad de ascender y mantenerse en la cima, aunque sea a costa de los valores que en determinados momentos defendió.  

Sin restarle a Lula talento y tenacidad,  es conveniente aclarar que tuvo la oportunidad de formarse y desarrollarse como dirigente sindical y líder político bajo un régimen militar y no uno de corte marxista  como el que instauró en Cuba su socio Fidel Castro.

En 1980 el dirigente sindical, con el respaldo de intelectuales, en su mayoría devotos del marxismo, fundó el Partido de los Trabajadores, PT,  de orientación socialista, una agrupación política antisistema cuya existencia autorizó y permitió la Junta castrense, otro hito que su colega del Foro de Sao Paulo no le hubiera permitido si lo hubiera intentado en Cuba.

Lula ha condenado enfáticamente a los regímenes militares que devastaron a Latinoamérica el pasado siglo,  pero ha guardado un silencio cómplice ante las depredaciones de los gobiernos de la Alianza Bolivariana de las Américas,  en particular ante la dictadura de Fidel y Raúl Castro y el despotismo que rige en Venezuela.

Además el fundador del PT, un abanderado de la lucha contra la pobreza,  no enfrentó con energía y dedicación a sus colegas del Partido que se enriquecieron ilícitamente durante sus gobiernos.

El primer gran escándalo por corrupción en el Partido de los Trabajadores fue conocido como el “mensalao”. Ministros, dirigentes del partido, empresarios, banqueros, y una de las figuras claves del PT, el ex guerrillero y hombre de confianza de Lula,  José Dirceu, un verdadero aliado de la dictadura castrista.

El  PT ha sido una de esas agrupaciones políticas cuyos líderes claman por el imperio de la justicia social, pero cuando acceden al gobierno, la mayoría de sus dirigentes se transforman en pirañas que devastan los bienes de la nación para su provecho personal.

La corruptela evidenciada en el Partido se evidenció de nuevo bajo el gobierno de Dilma Rousseff,  heredera de Lula por la prisión de Dirceu.

El tesorero del Partido, João Vaccari Neto, acusado por  corrupción en un escándalo de sobornos de Petrobras, fue condenado a quince  años de cárcel.

El nuevo escándalo en el  partido de gobierno y Petrobras, bautizado como Lava jato, “Limpieza a Chorro”,  ha cobrado tal nivel que son muchas las demandas que reclaman un juicio político a la presidenta Rousseff.

Propuesta que ella y sus aliados rechazan al calificarla de conspiración, la típica criminalización de la oposición a la que recurren los líderes populistas cuando han sido descubiertas sus tropelías.

La podredumbre  del Mensalao apenas salpicó al inefable Lula da Silva, pero la limpieza a chorro es posible que empape y no precisamente con agua, su fino vestuario, muy distinto al que usaba en sus tiempos de dirigente sindical, porque aparentemente la primera lección que se aprende en la lucha contra la pobreza, es no regresar a la miseria por costoso que sea ese propósito.

Es  público que el líder histórico del PT ha respaldado a los regímenes de Cuba y Venezuela,  sin considerar que esos gobiernos son más despóticos y criminales que la Junta Militar que gobernó su país por 20 años.  

Lula defendió sin ambages a Hugo Chávez y a Fidel Castro. Calló ante sus crímenes y abusos, sin ninguna consideración para los perseguidos.

Se desconocía que Lula había usado su influencia para que al menos un banco de su país, el Nacional para el Desarrollo de Brasil, entregara a la empresa constructora Oldebrecht .S.A. más de cuatro mil millones de dólares para obras en Venezuela y Cuba,  sobre este último país dijo desde la prisión el ejecutivo más importante de la firma, Marcelo Oldebrecht, “es el único país en el que, de hecho, abrimos y crecimos bajo el gobierno de Lula, y donde tenemos que decir que la relación con Lula ayudó mucho».

En conclusión el otrora humilde obrero ha dejado de serlo, si se toman en cuenta declaraciones de Emilio Oldrebrecht, ex presidente de la compañía, quien dijo, “ tendrán que construir tres celdas más: para mi, Lula y Dilma.

Contrario a lo que se espera el dirigente que organizó huelgas en demanda de mejores condiciones de trabajo, ha mutado a operador político de grandes empresas, a gestor de financiamientos para nuevas inversiones, su cambio ha sido radical pero hay que reconocer que si es consecuente en una cosa, es fiel al Foro de Sao Paulo y a su ídolo personal, el asesino Fidel Castro. 

Pedro Corzo

Periodista, (305) 498-1714

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