LA MASONERIA Y EL 11-M

SIETE MAESTROS MASONES

I
OJO Y TRIANGULONOTA SOBRE EL TERRORISMO ISLAMICO EN EL FIN DE CICLO

El terrible atentado cometido el 11 de Marzo en Madrid, como el ocurrido en Nueva York el 11 de Septiembre de 2001, ha de contemplarse en la perspectiva del fin de ciclo que estamos viviendo. La autoría de esos dos atentados por el terrorismo islámico (unidos a todos los que se cometieron a lo largo de la década de los noventa del siglo pasado) pone de relieve que éste está desencadenando finalmente un proceso que espolea una aceleración hacia ese mismo fin cíclico, como un agente que contribuye con sus acciones a la disolución final mediante la propagación del terror generalizado.

Tenemos enfrente un enemigo poderoso, que en cierta medida ha sido engendrado a todo lo largo del siglo XX por las torpes políticas y avaricia económica (motivada por el petróleo) de determinados países occidentales, pero al mismo tiempo no debemos olvidar que las causas profundas de su existencia residen en una degradación de la propia tradición islámica, degradación a la que están sujetas todas las tradiciones actualmente vivas, cada una con sus características propias, pero que reflejan precisamente el período de extrema oscuridad en que está sumido este epílogo cíclico.

El mundo islámico, en general, no ha sido capaz de adaptarse a los tiempos, no ha sabido dar salida a ciertas potencialidades todavía latentes que hubieran hecho posible (como ocurrió en la Europa cristiana con el Renacimiento) una regeneración de sus estructuras culturales y sociales que se frustraron debido principalmente a la rigidez y a la interpretación literal con que secularmente se ha abordado el texto coránico, eje principal en torno al cual gira la sociedad islámica en su conjunto.

No olvidemos que lo mejor del genio árabe se ha expresado en los momentos más álgidos de su civilización a través del arte, la ciencia y la filosofía, y esas potencialidades que no llegaron a actualizarse bajo un nuevo impulso regenerador (ahogado, volvemos a repetir, por una ley exotérica excesivamente rigurosa) tienen que ver precisamente con esas tres facetas, sin olvidar que en lo que respecta a la situación geográfica de la inmensa mayoría de sus países la cultura árabe estaba destinada a servir de puente entre Oriente y Occidente, y al mismo tiempo de “recoger” lo mejor de ambos mundos y donarlo a la humanidad.

Sin duda alguna ese no cumplimiento de la totalidad de su destino histórico en sus aspectos más positivos ha dado lugar a que Occidente (comprendiendo también dentro de éste al mundo judío) no tuviera un “contrapeso” equilibrador a sus excesos y aspectos más negativos, lo cual nos ha llevado a la situación actual de confrontación todavía latente entre Occidente y el islam, pero que augura consecuencias gravísimas que ya empiezan a manifestarse en su cruda realidad, lo cual no ha de sorprendernos pues responden a la “lógica cíclica” del fin del Kali-Yuga, y por tanto del Manvántara, o ciclo completo de la actual humanidad.

Ciertamente, el islam por el hecho mismo de ser la última forma tradicional en manifestarse en el Manvántara cumple de hecho un papel activo en la fase final del mismo, lo cual evidentemente lo está demostrando en un sentido claramente escatológico.

Así pues, esa no adaptación a los tiempos, unida a la afloración de las rivalidades tribales (revestidas muchas veces bajo la máscara de los nacionalismos laicos y socializantes como por ejemplo el Irak de Sadam Hussein, la Siria de Hafed el Assad, la Libia de Gadafi y el Egipto de Naser) sobrevenida tras la paulatina desaparición de los distintos califatos y sultanatos que unificaron política y culturalmente la sociedad islámica durante largos períodos de su historia, acabó por provocar la miseria y frustración colectiva en que vive sumida la inmensa mayoría de los pueblos árabes, y prueba de ello es la fuerte emigración de sus gentes hacia los países occidentales, especialmente Europa, continente cuyas fronteras lindan en gran medida con distintos países islámicos.

Se trata sin duda alguna de una invasión, que trae consigo también sus costumbres y su cultura, fuertemente impregnadas por la religión y por la interpretación rigorista y literal de la misma, lo que sin duda es lo más preocupante, hasta el punto de que esa misma interpretación ha acabado por infiltrarse incluso en muchas de las tariqas u organizaciones iniciáticas propias del islam, y allí donde no lo ha hecho sus miembros son perseguidos por las autoridades religiosas, como tantas veces se ha dado a lo largo de la historia, y también recientemente, recordando así a la Inquisición católica de hace varios siglos.

Pero con esa emigración vienen también los imanes (muchos de ellos integristas islámicos) que mantienen vivas esas costumbres e impiden que éstas se “contaminen” por las occidentales, expresión misma del “mal” según la visión simplista de esos clérigos. Verdaderamente debe ser algo tremendo, psicológicamente hablando, necesitar del “enemigo” para subsistir.

El rencor que esto genera debe ser tenido en cuenta pues explica también algunas de las causas del integrismo islámico filoterrorista, alentado muchas veces, no debemos olvidarlo, por algunos de esos imanes en sus arengas de los viernes en cualquier mezquita de no importa qué ciudad europea.

Recordemos, sin ir más lejos, que uno de los detenidos por el atentado de Madrid frecuentaba la del barrio de Lavapiés cuyo imán había sido denunciado varias veces por alentar a la yihad o “guerra santa”, que naturalmente nada tiene que ver con la “gran guerra santa” de que hablaba Mahoma, que es puramente interior y se refiere a la realización espiritual por tratarse de una lucha contra los propios enemigos internos.

En realidad tampoco tiene que ver con la “pequeña guerra santa”, mencionada también por el profeta, pues ésta era una lucha de guerreros contra guerreros, según la concepción que de la guerra tenían todos los pueblos antiguos y tradicionales. La yihad a la que alientan ciertos imanes son actos de puro terror cometidos contra la población indefensa, y nada más.

Volviendo al hilo de lo que decíamos antes, la invasión a la que nos referíamos es también una invasión cultural, y unida al hecho de que entre esa población musulmana el número de hijos acostumbra a ser bastante numeroso (en contraste con la escasa natalidad de las actuales familias europeas) es muy probable que de aquí a no mucho tiempo la población del Viejo Continente sea en gran parte islámica, y lo que no ocurrió durante la Edad Media debido a la fortaleza y unidad de los reinos cristianos bajo el estandarte del Sacro Imperio Romano de Carlomagno, y posteriormente por el Sacro Imperio Romano Germánico bajo el mando de emperadores como Federico II, –y también durante el Renacimiento gracias a la Alianza de los reinos cristianos frente al Imperio Otomano turco, cuyo avance hacia el centro de Europa contuvieron en la batalla de Lepanto–, ocurra precisamente ahora, cuando ya no existe esa unidad y la mentalidad europea y occidental en general está sumida en un profundo letargo debido a una extraña mezcla de humanitarismo mal entendido y consumismo hedonista y estúpido, por decirlo de manera muy esquemática.

Europa, y Occidente en general, sufre una especie de “despresurización” que la desarma ante el auge irresistible del islam integrista, que en 1979 logró su primera gran victoria política con la instauración de la República islámica en Irán (la antigua Persia), es decir en una zona geográfica (o geopolítica) de una enorme importancia estratégica, pues justamente, y como decía Alejandro Magno, allí estaba el “nudo gordiano” cuyo desenlace propiciaba el avance de su ejército hacia la India y el corazón de Asia.

Simbólicamente el “nudo gordiano” de Alejandro tiene también una lectura alquímica, ligada a la idea de solve y coagula, es decir de coagulación y disolución, lo cual tiene repercusiones en el plano sutil, ya sea en el individual o en el cósmico, y en un sentido superior o inferior, pues estamos hablando del plano intermediario, que es por naturaleza dual.

La coagulación mantiene reunidos los elementos constitutivos de un ser o de un mundo, mientras que la disolución provoca su separación y en consecuencia su muerte y el paso a otro estado, que puede ser a un estado superior o bien a uno inferior, o dicho con más precisión, y en lo que respecta en este caso más en particular a un mundo como es el nuestro: existirían elementos dentro de él que, tras la disolución, se transformarían en un sentido superior, y otros en un sentido inferior.

En el asunto que estamos tratando, está claro que los ayatolahs de Irán, al desanudar ese “nudo gordiano”, desataron con él fuerzas verdaderamente disolventes en un sentido inferior, como lo demuestra el hecho de que a partir de ese momento comenzaron a aparecer numerosos grupos integristas por toda la zona de Oriente Próximo financiados e instruidos ideológicamente desde esa República islámica.

Es el caso de Hezbolah en el Líbano, creado expresamente para hostigar directamente a Israel con la ayuda inestimable de Siria, y que se convirtió pronto en un grupo terrorista que todavía existe y que tuvo un papel relevante durante la guerra civil del Líbano ocurrida en la década de los ochenta. Precisamente el grupo terrorista palestino Hamás se inspiró en Hezbolah, y de él salen todos esos jóvenes palestinos kamikazes que se suicidan en las ciudades de Israel causando esas masacres que todos conocemos.

Y si nos trasladamos a Argelia vemos cómo hacia mediados de los años noventa aparece el Grupo Islámico Armado (GIA), que sembró y sigue sembrando verdaderamente de terror esa nación norteafricana, fronteriza con Marruecos, país donde la presencia del integrismo islámico es cada vez mayor, y que en su versión terrorista ya ha hecho acto de presencia con el atentado de Casablanca y por lo que estamos viendo también en el de Madrid.

En este sentido hemos de recordar que para los integristas islámicos suyihad alcanza también a España, que para ellos sigue siendo Al Andalus, y está en sus planes “reconquistarla”.

Y no hablemos ya del Afganistán de los talibanes, o de Pakistán, país islámico que no lo olvidemos es el único en poseer la bomba atómica (como también su vecina la India, con la que está enemistado desde su propia fundación). A este respecto, y según leemos en un artículo del filósofo francés B.-H. Lévy publicado en el periódico El País del 17/2/04, queremos señalar que el principal cerebro de esa bomba (el científico Abdul Qadeer Khan) pasa por ser “un islamista fanático, un hombre que en alma y conciencia, cree que la bomba de la que es padre debería pertenecer, si no a la misma Umma, al menos a su vanguardia, tal como la encarna Al Qaeda”. Sin comentarios.

En fin, no vamos a entrar en detalles, pero lo que sí queremos resaltar es que desde el advenimiento del Irán de Jomeini la zona de Oriente Próximo es un polvorín cada vez más peligroso, y su influencia se deja sentir incluso en Filipinas (con el denominado “Frente Moro Islámico de Liberación”) e Indonesia (recordemos el atentado de la paradisíaca Bali, hinduista y budista, donde murieron unas 200 personas), y desde luego en las Repúblicas exsoviéticas que lindan con esa zona, muchas de las cuales tienen entre su población un número considerable de musulmanes. E incluso dentro de la misma Rusia, con la República de Chechenia, como granero de terroristas islámicos, sin excluir los terribles atentados contra instituciones judías, que se les atribuyen, en Buenos Aires.

Y ya que hablamos de las viejas Repúblicas comunistas, prestemos atención a lo que ocurrió y sigue ocurriendo en la antigua Yugoslavia, donde de todos es conocida la presencia durante la guerra civil que asoló ese país europeo de grupos terroristas islámicos que vinieron en “ayuda” de sus hermanos bosnios, que, todo hay que decirlo, estaban siendo masacrados por los ultranacionalistas serbios de los sanguinarios Milosevic, Karadzic y compañía. Desde luego esa guerra civil, de fuerte contenido étnico, fue una ocasión excelente que no desperdiciaron los integristas islámicos para instalarse en tierras europeas, y que nosotros sepamos todavía continúan allí.

Mencionamos anteriormente a la Libia de Gadafi, y hemos de decir que éste dio cobijo durante muchos años a grupos terroristas no sólo islámicos sino también de extrema izquierda, como es el caso de ETA, entre otros, lo cual no deja de ser un hecho bastante significativo, pues nos está hablando de que allí se gestó de alguna manera lo que podríamos llamar una “internacional terrorista”, con vinculaciones más o menos declaradas con muchos de los grupos que hoy se llaman “antisistema”, que a su vez están infiltrados en el llamado “movimiento antiglobalización”, en donde no dudamos que existan también personas e instituciones bienintencionadas (sin duda la gran mayoría), pero que pueden ser utilizadas sin quererlo por esos grupos. Cuyo principal objetivo, como el de los terroristas, es la destrucción por diferentes medios de todo lo que representa nuestra civilización, nuestra cultura y sus valores, los cuales hunden sus raíces en la antigüedad Greco-latina, la Edad Media y el Renacimiento, y de donde han surgido las democracias liberales que garantizan en el estado actual del mundo los más elementales derechos de las personas, democracias que por muy imperfectas que sean, y todos sabemos que lo son, siempre serán infinitamente mejores que cualquier tipo de tiranía, ya fuese ésta política o religiosa. Por eso mismo no debemos confundirnos de enemigo.

Esa cultura y esos valores están representados también por nuestra Orden, y aquí puede estar uno de los motivos que han llevado al terrorismo islámico a atentar hace unos días contra una Logia turca, lo cual debe hacernos reflexionar ante la naturaleza de lo que este hecho significa desde un punto de vista simbólico, pues atacando a una Logia se ataca a la Masonería entera, y atacando a ésta se lo hace a todas las tradiciones y organizaciones iniciáticas, es decir a los centros espirituales que aún existen en nuestro mundo. Sin duda detrás de ese acto está lo que René Guénon llamó la tenebrosa “contratradición”.

Así son las cosas en este fin de ciclo tan caótico y convulso, y desde luego lo único importante es darnos cuenta a nuestra vez de que el “enemigo” está identificado: es el fanatismo y la ignorancia, y ante ellos debemos en primer lugar estar más unidos que nunca en la fortaleza de nuestros valores y principios, y desde luego ser conscientes, con nuestras “luces” y las de los hermanos, del mundo en que vivimos y de que todo esto no deja de ser en verdad una simbólica que expresa a su manera las leyes cósmicas, el alma del cosmos en su estado actual tal cual es vivido por el Ser universal y reflejado en nuestra alma individual.

http://hermetismoymasoneria.com/pm23_01.htm

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