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Por Daniel García Marco

La larga ruta de La Habana – Quito – EE.UU. Illustración: www.mundiario.com

HAVANA TIMES (dpa) — Está feliz con su nueva pierna ortopédica. A la semana de estar en Estados Unidos, a Andrés Enríquez Urrutia le donaron una moderna prótesis. Con la anterior, corta y defectuosa, viajó de Cuba a Ecuador y emprendió luego hasta México y durante varias semanas la misma peligrosa ruta que recorren miles de compatriotas.

Más de 3.000 cubanos están varados en la frontera entre Costa Rica y Nicaragua como consecuencia de la actual crisis migratoria que afecta a toda Centroamérica.

Ellos buscan lo mismo que Enríquez: llegar a Estados Unidos, que desde hace décadas es la tierra prometida para muchos cubanos que quieren salir de la isla.

Y hoy lo es más que nunca. Los pasos fronterizos terrestres entre Estados Unidos y México registran cifras récord y cada vez son más los balseros que llegan a las costas de Florida en embarcaciones caseras.

Y ello pese a las nuevas relaciones entre La Habana y Washington tras más de 50 años de enfrentamiento ideológico. O precisamente por ello.

“(La prótesis) Cuesta 20.000 dólares y se la debo al gobierno de Estados Unidos. ¿Qué me costó? Las gracias”, afirma a dpa Enríquez, de 31 años, agradecido al país que lo acoge desde finales de octubre.

Salió de Cuba en marzo, trabajó en Ecuador durante varios meses para ganar dinero y luego emprendió un tortuoso camino durante el cual, asegura, sufrió el robo y la agresión de la policía colombiana.

“Nos dan unos beneficios que no le dan a nadie, sólo se lo hacen al cubano”, asegura Enríquez sobre una Ley de Ajuste que desde 1966 favorece a los cubanos, que al año de estar en el país ya pueden pedir la residencia.

Rumores sobre el futuro de la Ley de Ajuste Cubano

La razón de la actual ola migratoria, además de la persistente necesidad económica, es el temor a que termine la Ley de Ajuste. “No es que se vaya a acabar como tal, pero se va a modificar”, cree Enríquez, cuya opinión encuentra respaldo en la idea de congresistas cubano-estadounidenses como Marco Rubio, candidato presidencial, que quiere un cambio para evitar abusos.

“Es por los rumores que están circulando en Cuba sobre la Ley de Ajuste, que no es la primera vez. Cada vez que echan una bola (rumor) a rodar nosotros experimentamos este tipo de inmigración hacia Estados Unidos”, afirma a dpa Frank Figueroa, responsable en Miami del Servicio Mundial de Iglesias, programa financiado por Washington que ayuda a los cubanos durante los primeros meses en Estados Unidos.

Pese a las especulaciones, la ley no parece que vaya a ser derogada. “El reciente anuncio respecto a Cuba no significa un cambio en nuestra actual política de inmigración respecto a Cuba o a la Ley de Ajuste”, expresó a dpa un portavoz de Aduanas y Protección Fronteriza.

Es precisamente esa ley migratoria favorable a la que Cuba responsabiliza del éxodo.

Sea por eso o por problemas de conciencia con el gobierno de La Habana o por necesidad económica, miles de cubanos siguen arriesgando sus vidas por llegar a un país que durante décadas fue enemigo declarado y que aún hoy es visto con recelo.

La ruta “de moda” los últimos meses es la que emprendió Enríquez.
Llegó a Ecuador, donde los cubanos no necesitan visado, y de ahí subió a lo largo del continente por Colombia, Panamá, Nicaragua, Guatemala y México hasta llegar al puesto fronterizo con Estados Unidos. Una senda llena de obstáculos, extorsiones y penurias que en su caso crecieron por su minusvalía.

“Tomé una ‘buseta’ que me llevaba a Cali, pero en Pasto me para la policía (colombiana). Me registran y me dicen que me quite la ropa. Me abre con una cuchilla la pierna (ortopédica) y me quitan el (teléfono) Samsung Galaxy y el dinero (800 dólares)”, cuenta.

Logró llegar a Panamá tras superar en la ciudad colombiana de Capurganá una loma vertical. “Subirla me costó dios y ayuda. La mitad la bajé rodando”, recuerda.

En Panamá tuvo que trabajar para ganar el dinero con el que pagar los salvaconductos que le permitieron recorrer en 24 horas Nicaragua y Guatemala, por ejemplo. De ahí, a Tapachula, en la frontera con México.

Las penalidades terminaron al llegar a Laredo, en Texas, principal punto de entrada de cubanos a Estados Unidos. En el año fiscal 2014 llegaron a Laredo y otros puntos cercanos 15.612 cubanos, según los datos de Aduanas y Protección Fronteriza. En el mismo periodo de 2015 la cifra es de 28.371, un incremento de casi el 100 por ciento.

Los guardacostas también han tenido mucho trabajo en los últimos meses en el Estrecho de la Florida. Aumentan las deportaciones de aquellos interceptados en el mar (“pies mojados”), así como el número de los que llegan a tierra (“pies secos”).

La normativa de 1994 conocida como “pies secos, pies mojados” permite a los cubanos que pisen tierra quedarse en Estados Unidos, mientras que los capturados en el mar son repatriados.

En el año fiscal 2015, que concluyó el 30 de septiembre, 4.462 cubanos trataron de llegar ilegalmente a Estados Unidos por mar. Los datos reflejan un aumento respecto a los 3.722 cubanos que intentaron salir de la isla el año fiscal anterior, según la Guardia Costera.
Hace dos años, la cifra fue de 2.129

Daniel, de 42 años, y Carlos, de 52, son balseros que llegaron este mes de noviembre a las lujosas y turísticas playas de Miami Beach tras siete días de travesía. Cinco personas iban en la embarcación de aluminio con la que Carlos pescaba en Cuba.

“Yo lo hice inconscientemente. Yo pescaba en aguas tranquilas, no tenía ni la menor idea de cómo podía ser el océano. Me topé con olas que no me imaginé nunca”, recuerda en diálogo con dpa Carlos.

Otra barca, a la que iban amarrados y que contaba con un GPS, se perdió en el mar. Sus ocupantes fueron repatriados. “Al menos están vivos”, dice Carlos. Una vez sin GPS se fijó en los aviones del correo aéreo para seguir rumbo al norte.

También la historia del médico Amador Sánchez está llena de peligros. Como los tres anteriores llegó recientemente a Miami, pero el doctor lo hizo tras escaparse de la misión en Venezuela a la que le había destinado el gobierno de su país.

Sánchez es uno de los profesionales de la salud que se aprovecha del programa de Estados Unidos para atraer a médicos que están destinados en otro país por acuerdos a los que llegan con La Habana.

“Pensaba que iba a ser una mejora, pero fue peor el remedio que la enfermedad”, afirma Sánchez, de 32 años, sobre su estancia en Venezuela. Ahí sufrió la misma escasez que le hizo escapar de Cuba, a lo que agregó la violencia de la zona en la que estaba destinado.
“Había diez, 15 muertos por día y te los tiraban ahí en el centro de trabajo”, cuenta. Sin revelar sus planes, pasó a Colombia y se enroló en el programa que lo llevó en avión a Estados Unidos.

“(Estados Unidos) No es el ogro que nos pintan en las noticias”, dice Sánchez sobre su nuevo país, del que le sorprende la cantidad de alimentos que hay en las tiendas.

“Hablan (en Cuba) de la mafia miamense, pero he encontrado mucha solidaridad”, afirma Enríquez, feliz de estar por fin en Estados Unidos.

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