LA ARROGANCIA DEL PODER

Feliz Navidad y mis deseos por un 2016 lleno de promesas para hacerlas realidad
​Enrique Bustamante, artista plástico peruano
AL COMPÁS DE LA CIENCIA
GIOCONDA SAN BLAS

El poder se confunde con la virtud y tiende a considerarse omnipotente. Una vez imbuido con la idea de una misión, un país [o un partido político, parafraseo] fácilmente asume que tiene los medios y el deber de hacer el trabajo de Dios”. Así escribía a mediados del siglo XX  J. William Fullbright, presidente sucesivamente del Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes y del Senado de Estados Unidos por varios períodos, en un influyente libro cuyo título tomo para encabezar esta nota. 

Arrogancia del poder, ceguera ante la realidad, no otra cosa se deduce de las expresiones presidenciales que desde el pasado 6 de diciembre traducen un absoluto irrespeto hacia un pueblo que mayoritariamente votó en rechazo a las políticas que a lo largo de 17 años nos han llevado a una miseria nunca antes vivida en la Venezuela del último siglo, en medio del más fastuoso festín de petrodólares llovidos sobre la nación y derrochados por el régimen a lo largo de tres lustros perdidos. 

Así las cosas, mientras el presidente rumia su desventura ante la aplastante victoria de la alternativa democrática y se mira en el espejo sin ver allí al culpable, las cifras de la descomposición social generadas en esos 17 años de desgobierno le señalan las razones de la infidelidad de sus hasta ahora seguidores. Ocultadas deliberadamente por el régimen, las cifras económicas y de malestar social nos indican que 2015 cierra con una inflación cercana a 200% (casi 300% en el rubro de alimentos), un 73% de hogares en situación de pobreza (45% en 1998; 48% en 2014; encuesta ENCOVI 2015 ); y una duplicación de la pobreza extrema en apenas un año. Cerca de 23 millones de venezolanos tienen dificultad para satisfacer sus necesidades; más del 11% de la población come 2 o menos veces diarias; de los niños entre 5 y 16 años de edad, 16% sufre de desnutrición y 22% de sobrepeso u obesidad como consecuencia de la sustitución de proteínas por carbohidratos.

Son apenas unas pocas cifras para esbozar un problema social de proporciones dantescas, cuya solución no podremos encontrarlas en las palabras huecas del régimen. La mayoría calificada (2/3) de la Asamblea Nacional que ese sufrido pueblo le otorgó a la alternativa democrática agrupada en la MUD, si bien es motivo de justificado jolgorio, debe ser sobre todo fuente de inspiración para el trabajo creador, en función de satisfacer las esperanzas colocadas por los votantes en esos 112 diputados electos para que actúen como contrapeso al poder autárquico que en estos 17 años ha tenido el ejecutivo sobre todos los otros poderes del estado, en abierta violación a la constitución vigente. 

Amor con hambre no dura, ya lo sabemos. Muchos de los votos que construyeron el sonoro triunfo de la alternativa democrática agrupada en la Mesa de la Unidad vienen de gente que sin estar comprometida con la Unidad quisieron sumarse a los convencidos, para darnos la oportunidad de un cambio que se traduzca en bienestar para todos, perdidas ya las esperanzas en la oferta engañosa del régimen, tras 17 años de desilusión. 

Grande, entonces, la responsabilidad de esa sólida mayoría parlamentaria en conducir sus primeras tareas a proponer soluciones a las emergencias sociales en materia de alimentación, salud, seguridad y cambio de rumbo en el manejo de la economía, sin por ello descuidar la misión fundamental de modernizar el país en temas pendientes de ciencia, educación, universidades, derechos civiles, entre muchos otros.

Presionar al régimen para que entienda que buscar soluciones a estos graves problemas, sin las ataduras de gríngolas ideológicas decimonónicas, será ganancia para el país y su gente, no para parcialidades políticas o individualidades. Y que los extremistas de lado y lado comprendan que lo mejor que nos puede pasar como nación es que haya reconciliación entre los venezolanos, cansados como estamos de tanta diatriba, sólo conducente a más fatigas.

A juzgar por las declaraciones de los más conspicuos personajes del régimen, no será ésta la ruta a seguir, por lo que 2016 será un año difícil, según auguran los especialistas. Queda de parte nuestra impregnarlo de ese espíritu de cambio que nos llevó a las mayorías a votar el 6D por una alternativa política con verdadero contenido social y ético basado en la paz, la equidad y la justicia.

Mis deseos porque 2016 sea un año de reconciliación, de repunte socioeconómico, de apertura hacia un mejor y más vivible país para todos los venezolanos, sin distinciones.

Nos reencontraremos en enero.

Opinión / Jueves 17 de diciembre de 2015 /
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