¿Está cambiando realmente el momento político en América latina?

Infolatam. Madrid, 30 de noviembre de 2015

En 2016 podría haber continuismo en Rep. Dominicana y en Nicaragua y solo cambio político en Perú.

¿Qué requiere cambiar Venezuela?

El análisis

Luis V. LeónLuis V. León

(El Universal. Venezuela)-. “¿Cuál es el cambio que requiere Venezuela? Son varias las cosas que hay que mejorar en lo económico, lo político y social. Considero prioritario sustituir el modelo de intervencionismo y control -que además de ser ineficiente estimula la corrupción- por un modelo de libertad y apertura económica. Estimular la producción, sustituir las importaciones públicas y las expropiaciones por empresas privadas, establecer un marco jurídico claro y fomentar la competencia, es la mejor manera de erradicar la inflación y el desabastecimiento”.

(Infolatam, por Rogelio Núñez)-. Las dos elecciones presidenciales de este año 2015 (en Guatemala y Argentina) parecerían estar mandando un mensaje claro: América latina atraviesa por un momento de cambio político. En ambos casos, los oficialismos no pudieron seguir en la presidencia ante fuerzas opositoras (Mauricio Macri y Jimmy Morales). Sin embargo, la situación política latinoamericana es mucho más compleja y heterogénea.

Parecería que el final del viento de cola económico coincide, y alimenta, el final de largas hegemonía políticas (el kirchnerismo) y favorece la endeblez de los oficialismos (Guatemala). Dos casos que pueden tener su epílogo este mismo año si finalmente en Venezuela acontece la derrota del chavismo en las elecciones legislativas del 6 de diciembre próximo, tal y como prevén las encuestas.

Esta es la tesis de muchos analistas y que expresaba también Julio María Sanguinetti en las páginas del diario El País: “Es muy significativo que esto ocurra al mismo tiempo en tres países muy importantes que hace muy poco lucían como exitosos, conducidos por líderes populares más allá del bien y del mal. La estrella de Lula se eclipsa por los escándalos de su Gobierno, la de Maduro desciende a una grosera exhibición de arbitrariedad y Kirchner sufre el hundimiento de su proyecto de continuidad hegemónica… Lo que sí está claro es que la fiesta populista está en su ocaso. En América del Sur el sol no sale solo para el Pacífico”.

Cambio general o situaciones concretas

Si bien es cierto que la desaceleración económica y el desgaste de las hegemonías están poniendo en aprietos (Brasil) o directamente hundiendo (Argentina) a los oficialismos, también es verdad que es un poco aventurado hablar de cambio político generalizado.

Igual que el “giro a la izquierda” de la pasada década no era tal y la situación política era mucho más heterogénea, la actual coyuntura debe ser leída con cuidado y atendiendo a las variables internas sin tratar de llevar a cabo generalizaciones.

SANTO DOMINGO (REPÚBLICA DOMINICANA), 30/08/2015.- EFE/Orlando Barría

Danilo Medina, favorito para conseguir la reelección en 2016 en la República Dominicana

Si estuvieramos en ese contexto de cambio de ciclo político cabría entender que continuiaría por la misma senda en 2016.

Y para el año que viene se prevé continuidad en las elecciones en la República Dominicana donde el actual presidente, Danilo Medina, es ampliamente favorito para ganar las presidenciales.

La encuesta CIES otorga al presidente Medina el 49% de la intención del voto si las elecciones presidenciales se llevaran a cabo en el día de hoy.

También parece que habrá continuismo en Nicaragua donde el Canal interoceánico, la eatabilidad económica, las inversiones chinas y el aparato sandinista que maneja Daniel Ortegacolocan al actual mandatario como el gran favorito para continuar en el poder.

Perú es el único país donde se prevé cambio ya que el oficialismo ni siquiera tiene posibilidades de entrar en la segunda vuelta y los favoritos son los opositores Keiko Fujimori y Pedro Pablo Kuczynski.

En realidad, en el caso del país andino habría que hablar de que el cambio lo que expresa es continuidad pues desde la caída de Alberto Fujimori en 2000 ningún oficialismo ha logrado reelegirse. Y esa dinámica volvería a producirse en 2016.

Pero es que, además, 2015 se sitúa como un isla de cambio en medio de un océano de continuidad.

En 2014 hubo elecciones en Brasil, Colombia, El Salvador, Uruguay y Costa Rica. Solo en el caso costarricense, con Luis Guillermo Solís, la oposición logró la victoria. Eso no aconteció en Brasil que ratificó la continuidad del PT y Dilma Rousseff, en Uruguay que hizo lo propio con el Frente Amplio de Tabaré Vázquez, en El Salvador del FMLN de Salvador Sánchez Cerén y en Colombia, país que respaldó la continuidad de Juan Manuel Santos.

Crisis de las hegemonías incontestables

Lo que sí se puede apreciar es que, más que un cambio generalizado de tendencia lo que existe es un deterioro de las hegemonías apabullantes de los oficialismos. A los presidentes o a los partidos en el poder cada vez les cuesta más ganar las elecciones en primera vuelta y finalmente lo consiguen en las segundas vueltas.

Es un fenémono que empezó a ocurrir con la reelección de Juan Manuel Santos y que después afectó a  Dilma Rousseff: presidentes o expresidentes que buscan la reelección, que no generan entusiasmo y se quedan anclados en las preferencias electorales. Corren así el riesgo de no ganar en primera vuelta y que algún candidato opositor encauce el malestar y fuerca el balotaje.

BOGOTÁ (COLOMBIA), 09/10/2015. EFE/DIEGO VEGA

Dilma Rousseff y Juan Manuel Santos fueron reelectos en 2014

Las elecciones presidenciales en Colombia dibujaron el fenómeno: un presidente hasta un año antes en la cresta de la ola (Santos rondaba el 70% de opinión favorable en 2011 y casi el 50% en 2013) veía como sus expectativas se hundían hasta el 25-30% y era incapaz durante la campaña de romper ese nuevo techo.

Finalmente se veía abocado a disputar la segunda vuelta contra un candidato, el uribista Óscar Iván Zuluaga que había logrado superarle en primera vuelta captando el voto protesta fundamentalmente urbano.

Algo similar le ocurrió a Dilma Rousseff quien sufrió para sacar un aventaja amplia en la primera vuelta y ganó de forma ajustada en la segunda. El 25 de octubre del año pasado, la presidenta brasileña Dilma Rousseff, candidata por el Partido de los Trabajadores (PT), logró la reelección con el 51,64% de los votos y se impuso ajustadamente sobre su rivalAécio Neves, postulante por la socialdemocracia, que obtuvo un 48,36%.

En la primera vuelta, celebrada 20 días antes, la mandataria había alcanzado el 41,59% de los sufragios y Neves sumó 33,55%, y la ambientalista Marina Silva, a quien los sondeos marcaban como favorita, cosechó un 21% de las voluntades.

Como apunta Daniel Zovatto en Infolatam, “el balotaje (o segunda vuelta) está de moda en América Latina, y Argentina —que hasta ahora había estado fuera de esta tendencia— no es la excepción… el balotaje está ganando una importancia creciente en la región para elegir al Presidente. Las dos elecciones presidenciales de este año (Argentina y Guatemala) se definirán en una segunda vuelta. De las siete que tuvieron lugar durante 2014, en cinco casos (Brasil, Colombia, Costa Rica, El Salvador y Uruguay) también hubo necesidad de ir al balotaje. O sea siete de las nueve elecciones presidenciales (77%) que tuvieron lugar durante el periodo 2014-2015 necesitaron ir a una segunda vuelta”.

En realidad si se mira con perspectiva la crisis de las hegemonías se puede rastrear en la región desde 2012-2013, antes de que tuviera lugar el fin de la “Década de Oro” y empezaran las dificultades económicas generalizadas. Y eso porque la dinámica de algunos países (Chile, Venezuela y Argentina) empezaba a ser diferente ya que arrastraban, y arrastran, problemas propios.

Chile se ha convertido en un cementerio de hegemonías desde hace un lustro: perdió el poder la Concertación en 2010, tras 20 monopolizando la presidencia. La Alianza de Sebastián Piñera no logró mantenerse en el poder en 2013 y la Nueva Alianza atraviesa momentos muy difíciles que ponen en duda la reelección en 2017.

Un Hugo Chávez enfermo consiguió la reelección en 2012 pero lo hizo por la menor diferencia de votos con respecto a Henrique Capriles desde 1998.

Además, el apoyo electoral siguió bajando para el chavismo: de los 8.191.132 obtenidos por Hugo Chávez el 7 de octubre de 2012, a los 7.587.161 de Nicolás Maduro el 14 de abril de 2013.

Cabello y Maduro ante cartel de Chavez

El chavismo lleva perdiendo apoyo electoral desde 2012 

Maduro ganó por un margen de 272.000 votos (menos de 2 puntos porcentuales) a Henrique Capriles, apenas seis meses después de que el fallecido Hugo Chávez le sacara más de 10 puntos y 1,6 millones de sufragios al aspirante de la oposición.

Por su lado, Cristina Kirchner, tras arrasar electoralmente en 2011 sacando más de 40 puntos al segundo más votado, fue derrotada en 2013 en las elecciones legislativas.

El castigo que infligió el electorado al gobernante Frente para la Victoria, que perdió más de tres millones de votos en todo el país en las legislativas del pasado octubre, se venia venir desde hacía meses por el malestar en buena parte de la sociedad debido a la falta de respuestas ante problemas como la inflación, la inseguridad o la corrupción.

El test electoral de las primarias de agosto de 2013 dio al traste con las especulaciones sobre la posibilidad de una reforma constitucional y el castigo al Gobierno se confirmó en los comicios del 27 de octubre de ese año: el kirchnerismo pasó del 54 por ciento de votos en las presidenciales de 2011 a un 30 por ciento en todo el país.

Además de este panorama general, no solo hay países que presentan una dinámica negativa antes de que dejara de soplar el viento de cola sino que otros (Bolivia y Nicaragua) viven instalados en la estabilidad en medio de los temblores generalizados. Evo Morales se plantea aprobar la reelección indefinida y Daniel Ortega ya sueña con una reelección en 2016.

En definitiva, que en América latina está cambiando el panorama político al hilo de las transformaciones y el deterioro social y económico es una gran verdad. Pero también es cierto que el grado y la forma en cómo esto se produce tiene más que ver con las variables internas que con una oleada de tansformaciones a escala continental.

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