09/22/2020

Venezuela: dualidad de poder o poder compartido

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Por Pedro Campos

El bulevar de Catia. Foto: Caridad

HAVANA TIMES — Según se pretenda una Venezuela unida en la diversidad o una Venezuela divida y presumiblemente destruida, así deberá enfocarse el problema de los poderes actuales en esa nación sudamericana.

Los que quieren una Venezuela unida en su diversidad, que se proyecte hacia el desarrollo y el bienestar del pueblo todo, en uno u otro bando, el Gobierno y la oposición, no verán tanto que hay una dualidad de poder, dos poderes enfrentados, enemigos que buscan la destrucción uno del otros, sino un poder compartido entre los dos contenientes fundamentales, que deberán buscar las soluciones en colaboración, no en enfrentamiento. Esa es una de las esencias de la democracia.

La existencia de un ejecutivo madurista y una asamblea con amplia mayoría de la oposición, si se interpreta como la lucha irreconciliable entre dos contendientes y no como la existencia de dos fuerzas diferentes, pero unidas en la lucha por sacar a Venezuela adelante, puede llevar a ese país al desastre peor de su historia.

La visión “dualidad de poder” implica la consideración de la existencia de dos poderes, con intereses distintos. El poder compartido valora que las fuerzas distintas tienen como objetivo común salir adelante entre las dos.

Desgraciadamente estamos viendo que en ambos bandos existen los incendiarios, los maximalistas que desde el madurismo pretenden torpedear el establecimiento de la nueva Asamblea dominada por la oposición, y los que en el otro grupo, sin llegar todavía a sentarse en la Asamblea, ya están diciendo que su objetivo es destituir al Presidente.

Venezuela vive momentos conflictivos de su historia y es en estos momentos en el que los actores políticos, los protagonistas individuales y colectivos deben poner en primer plano los intereses generales de la nación y el pueblo venezolano y asumir una posición constructiva que negocie la solución de los conflictos, teniendo en cuenta los intereses de todos y no los de grupos estrechos.

Llamado de la selva. Foto: Caridad

Sería un error enorme, catastrófico, pretender “agudizar la lucha de clases”, profundizar la estatalización, creída socialista y tratar de desalojar de todas las posiciones de poder a la oposición, como hicieron Lenin y Trotski en 1917 en Rusia, cuando depusieron el gobierno democrático de Kerenski o como hizo Fidel Castro en Cuba en 1959, cuando maniobró para derrocar el gobierno de Urrutia que pretendía elecciones democráticas.

Venezuela 2016, además, no tiene nada que ver con Rusia 1917, ni Cuba 1959.

Pero expongo esta diferencia entre los enfoques sobre el poder (dual o compartido) porque muchos historiadores cuando hablan de las situaciones de entonces en Rusia y Cuba, mencionan la dualidad de poder, concepto con el que inicié este artículo, el que invita a que un poder prime sobre el otro, en lugar de considerarlo un poder compartido.

La historia ha demostrado que aquellos asaltos al poder democrático fueron sendos errores que condujeron al estalinismo en Rusia y a un gobierno de similares características generales en Cuba.

La historia debe servir a los pueblos para alumbrar su camino. Maduristas y opositores, y gobiernos extranjeros, no deben olvidar esas enseñanzas. La democracia implica tener en cuenta los intereses de todos, no solo los de una mayoría o los de un grupo hegemónico. Cuando la historia no se tiene en cuenta, se está condenado a repetir los mismos errores y fracasos.