09/22/2020

Esperando el amanecer

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Erasmo Calzadilla: Qué difícil me resulta introducirme en público; lo he intentado muchas veces pero no me sale. Soy más menos lo que aparento en mis post, añada algunas cualidades impresentables y revuelva; con eso debería bastar para un primer acercamiento. Si quiere profundizar un poco más pídame una cita y espere respuesta.

enero 25, 2016 | | | 0  7  0

«… la imputación de que yo estoy sirviendo a un partido político determinado (…), en mi condición de Jefe del Gobierno Revolucionario, no se la puedo aceptar a nadie en absoluto». -Fidel Castro en el juicio a Huber Matos.

HAVANA TIMES — Por estos días ando acelerado. Lo que me tiene en ese estado inusual no es la caída de la bolsa de Pekín ni la subida del costo de la vida en Cuba, es la lectura de “Cómo llegó la noche”.

Si usted es cubano y no sabe de qué le hablo, no se sorprenda; ellos han realizado un gran esfuerzo, coronado con el éxito, para que el desgarrante testimonio de Huber Matos no toque nuestras manos.

En 1958 un joven maestro manzanillero se unió a los rebeldes. Por el valor y la inteligencia demostrados en combate fue ascendiendo y ganando reputación, no solo de buen guerrero sino, sobre todo, de hombre justo, digno y noble.

Desde el principio chocó con Fidel, por la manera irrespetuosa y humillante en que el gran líder trataba a sus inferiores, y por la locura impulsiva con que manejaba los asuntos de guerra (con el consiguiente costo de vidas y bienes materiales). Pese a los continuos y amargos roces, ambos trataron de acoplar, mientras duró el enfrentamiento bélico.

Durante la guerra, el Gran Hermano había asegurado por todas las vías posibles que el objetivo de la lucha era la restauración del Estado de Derecho y la democracia, entre otros aspectos de orden social. Pero una vez alcanzada la victoria, los Castro declinaron rápidamente por el sendero comunista y dictatorial.

Antes de que el mítico 1959 llegara a su fin, tenemos a Huber Matos en un calabozo, cumpliendo 20 años de prisión, acusado de traición, conspiración y sedición.

No quiero contar más del libro, pero me encantaría compartir algunas ideas que me surgen a propósito.

  • Me llamó la atención el pasaje que narra la reacción popular al golpe de Estado de Batista. Huber se queja de la apatía, pero comparando con los tiempos actuales, percibo un altísimo nivel de cultura y pasión cívica. Medio siglo después, dictadura y dictablanda mediante, de aquel entusiasmo no queda apenas nada. Compárese un típico mitin de repudio a Fulgencio con los que convoca el Gobierno contra sus opositores.
  • En la historia oficial, el capítulo dedicado a la lucha en la sierra es un bodrio triunfalista, pobre en matices humanos y huérfano de reflexiones políticas. Hasta chocar con la entretenida y bien escrita versión de Matos nunca había sentido tanta admiración y curiosidad por la gesta revolucionaria. Hacía muchos años que no me rondaba un sentimiento lejanamente parecido al amor a la Patria.
  • Pero empecemos a poner esto caliente. Huber no lo dice con todas las letras, pero sugiere que Fidel Castro apenas participaba en los combates. ¿Será cierto eso?, porque la imagen que vende la prensa oficial es bien distinta. A propósito del tema me ha surgido una duda. Sé que en el asalto al cuartel Moncada hubo un auto que se perdió y no llegó al sitio de combate o llegó demasiado tarde. ¿Alguien sabe si, por casualidad, Fidel iba en ese carro extraviado?
  • Hoy se habla mucho de los fusilados, en tiempos de paz y sin garantías legales, por el comandante comunista Ernesto Guevara. Pero apenas se comenta de los fusilados, en similares condiciones, por el otro comandante comunista y actual presidente de la república. Matos comenta de pasada ese escabroso tema sobre el que me gustaría profundizar.
  • Otro pasaje “interesante” es aquel en que, ya ganada la guerra, Huber le pregunta a Fidel acerca la participación de los obreros en las utilidades de las empresas, un reclamo obrero recogido en el programa del Moncada. El Comandante en Jefe le responde: “Si posibilitamos que los trabajadores tengan independencia económica, eso conducirá en los hechos a la independencia política”.

Nunca podremos probar si esa conversación fue cierta o Matos la inventó. El hecho inobjetable es que la promesa nunca se cumplió.

  • ¿Y saben ustedes quién fue el fiscal del maestro guerrillero en el juicio que Castro le montó? No otro que “Papito” Serguera. Yo lo tenía por un funcionario de cultura destacado en el proceso de “parametrización”; no conocía la otra parte del currículum.
  • Gracias a Huber supe que el peor periodo de torturas y vejámenes a los presos políticos ocurrió en los tiempos en que Ramiro Guerra, un combatiente de la Sierra Maestra, era ministro del Interior. Cuando esta práctica comenzó a afectar la imagen de Cuba en el exterior lo cambiaron de puesto, pero Ramiro sigue siendo un alto funcionario del Gobierno cubano.

Por un elemental gesto de precaución no doy por cierto todo lo que cuenta este libro; para mí se trata de una introducción, verosímil y coherente, a cuestiones que apenas conocía y seguiré investigando. A quien desee comprender la historia de Cuba y recibir una lección de dignidad humana, le recomiendo acercarse a él. Léalo, no se arrepentirá, pero hágase antes un chequeo al corazón.

Termino el post con dos fragmentos del texto. El primero es parte de un discurso pronunciado por Huber contra el golpe de Estado de Batista; el segundo no necesita presentación.

“Somos una república cuya fundación ha costado mucha sangre y muchos sacrificios… ¡Como ciudadanos estamos obligados siempre a defender nuestras libertades, a decir no a todos los ambiciosos que pretendan erigirse en amos de la nación, sin que importe el precio que hemos de pagar!”.

“En aquel ritual diabólico, en el que me torturaban a su gusto creyendo que nunca podría hacer este relato, me pregunté por qué se sentían felices cumpliendo la repugnante misión de atormentar sin piedad a un hombre moribundo.