09/24/2020

La democracia entre la libertad y la igualdad

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Por: Guillermo Hurtado

Los tres ideales de la democracia moderna son la libertad, la igualdad y la fraternidad. Pongamos a un lado, por el momento, el tercero y quedémonos con los dos primeros. ¿Qué es más importante para la democracia?, ¿la libertad o la igualdad?

Los fanáticos de la libertad sostienen que la libertad es el ideal supremo de la vida política. Para ellos, nada debe poner límites a la libertad del individuo. Los fanáticos de la igualdad afirman que la igualdad es meta última de la organización social. No les importa si para alcanzar la igualdad se restringe dramáticamente la libertad.

Estos dos fanatismos se oponen a la democracia. En otras palabras, ni el fanático de la libertad, ni el de la igualdad merecen ser descritos como demócratas.

El concepto de democracia es lo que podríamos llamar un concepto bipolar. Uno de sus polos es la libertad, el otro es la igualdad. Esta bipolaridad es irremediable, intentar superarla sería violentar el concepto mismo. Un demócrata genuino no puede renunciar jamás ni a la libertad ni a la igualdad, por más conflictos que tenga que enfrentar por adoptar ambos ideales.

Sin embargo, es evidente que hay dos tendencias históricas dentro del proceso democrático: la que se inclina hacia la libertad y la que lo hace hacia la igualdad. A la primera la llamaremos democracia pro-libertad y a la segunda democracia pro-igualdad.

El test para determinar esta tendencia consiste en imaginar qué tipo de gobierno se apoyaría: uno cuyas políticas tiendan a privilegiar la libertad o uno que se incline hacia la igualdad. El ideal, por supuesto, sería alcanzar el equilibrio, pero cuando no se pueda obtener, la pregunta sería la de qué tipo de política se preferiría: la pro-libertad o la pro-igualdad.

En su libro Libertad para el pueblo. Historia de la democracia (Fondo de Cultura Económica, 2014, con una presentación de Emilio Rabasa), el destacado autor inglés John Dunn ha afirmado que cuando la democracia se alía con el capitalismo, se produce un régimen de egoísmo que atenta contra el ideal igualitario de la democracia. Según Dunn, lo que se prefiere en las sociedades occidentales es tener libertad para acumular capital o, por lo menos, para adquirir bienes de consumo, sin preocuparse demasiado por propiciar la igualdad en todos sus sentidos. La palabra “democracia”, según Dunn, ahora se usa para referir a una realidad que poco tiene que ver con su sentido originario.

Si bien comparto algunas de las preocupaciones de Dunn, me parece que es legítimo defender una democraciapro-libertad frente a una democracia pro-igualdad, siempre y cuando no se abandone la condición bipolar de la democracia moderna. Si el factor del capitalismo es la fuerza principal que inclina la balanza hacia un ideal o hacia otro, entonces la discusión tendría que reformularse para preguntarnos qué tanto estamos dispuestos a restringir el sistema capitalista con el propósito de alcanzar un régimen democrático en el que se le dé mayor apoyo a la igualdad.

Dicho esto, añadiría que para lograr el equilibrio deseado, es indispensable que el sistema democrático disponga de todos los recursos para que el electorado pueda inclinar las políticas públicas hacia la búsqueda de la igualdad.

Tal parece que la crisis actual de la democracia en varios países de Occidente depende, por lo menos en parte, de la dificultad que han encontrado amplios sectores de la ciudadanía para impulsar una mayor tendencia política hacia la igualdad.

Quienes defienden una democracia pro-libertad quizá tendrían que tener menos reservas ante los cambios que sobrevendrían con políticas públicas que favorecieran a la igualdad. Sobre todo, tendrían que hacer entender a los dueños del gran capital —los principales beneficiarios de una democracia pro-libertad— que por encima del capitalismo está la democracia. Pero, por otra parte, los defensores de la democracia pro-igualdad deben tener mucho cuidado de que los fanáticos de la igualdad se unan a sus filas con el propósito de socavar nuestras instituciones y valores democráticos. Lo dije antes y lo repito: los fanáticos de la igualdad podrán disfrazarse con pieles de oveja de demócratas, pero no por ello dejan de ser enemigos de la democracia.

Como tantas otras cosas en la vida, una democracia virtuosa es cuestión de encontrar el balance justo.

guillermo.hurtado@razon.com.mx

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