09/23/2020

La Masonería en la Fundación de los EEUU

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La Masonería siempre ha sido una institución de peso en los Estados Unidos de América. Tuvo activa participación en su fundación y es público y notorio que muchos de sus presidentes fueros masones, comenzando por varios de los Padres Fundadores

George Washington (1º Presidente)
Thomas Jefferson (3º)
James Madison (4º)
James Monroe (5º)
Andrew Jackson (7º)
James Knox Polk (11º)
James Buchanan (15º)
Andrew Johnson (17º)
James Abraham Garfield (20º)
William McKinley (25º)
Theodore Roosevelt (26º)
William Howard Taft (27º)
Warren Gamaliel Harding (29º)
Franklin Delano Roosevelt (32º)
Henry S. Truman (33º)
Lindon B. Jonson (36º)
Gerald Ford (38º)
George Bush (41º)

Podríamos sumarle a estos nombres el de dieciséis Vicepresidentes.

Muchos historiadores se han preguntado seriamente si la Revolución Norteamericana fue obra de la masonería, y la Independencia de los Estados Unidos de América fue un triunfo masónico. La respuesta es compleja pero podemos intentar resumirla. Para algunos era un hecho fatal. Una isla habitada por ocho millones de personas no podía pretender dominar a casi un continente en el que –ya hacia 1777- vivían tres millones de almas. La distancia de cuatro mil kilómetros de distancia, el orgullo de los colonos y las ansias de libertad eran, de por sí, razones de peso.

Por otra parte, los norteamericanos estaban orgullosos de su protestantismo y se sentían plenamente identificados por la casa de los Hannover, reinante en Inglaterra. No podían defenderse solos contra los franceses, los españoles y los indios. Tampoco había una unidad política que uniera las trece colonias que estaban separadas unas de otras por grandes distancias. Eran necesarias tres semanas para que una carta despachada en Georgia alcanzara su destino en Massachussets. Por otra parte había una inmigración procedente de distintos países europeos y una verdadera pléyade de cultos religiosos que se recelaban entre sí.[1]

En este ámbito, la francmasonería parece haber jugado un rol preponderante en la unidad política y social de las colonias, actuando como factor socializador, de confraternidad y unidad de objetivos.

Afirma Fay que correspondió a la masonería cumplir una labor de pacificación profunda y prudente y preparar la unidad norteamericana, sin la cual no podía haber libertad norteamericana ni habrían podido existir los Estados Unidos. De hecho, la francmasonería se expandió rápidamente en las colonias y ya existía en Filadelfia y en Boston antes de la emblemática fundación de la Gran Logia de Londres en 1717.

En las décadas que precedieron a la Revolución, las logias rebozaban de hombres de la política, comerciantes, militares y aguerridos partidarios de la Independencia; sin embargo todo parece indicar que durante aquel período, la masonería actuó como factor de pacificación, tratando de que la sangre no llegara al río; no sólo por sus fuertes vínculos con la metrópoli sino porque, por naturaleza, para los masones la guerra es un crimen horrendo.

Sin embargo, hacia 1773, más precisamente el 16 de diciembre, se produjo un hecho que desataría la Guerra de la Independencia, conocido como La jornada del Té, considerada como la primera jornada revolucionaria que desembocaría en la Declaración de la Independencia algunos años después. El polvorín estalló en Boston, ciudad en la que el fervor revolucionario había alcanzado niveles de profunda tensión. Los impuestos aduaneros aplicados por los ingleses exprimían a los grandes mercaderes locales; también había tensiones religiosas y políticas. El movimiento independentista se concentraba en torno a la acción de Joseph Warren –un gran cirujano, amigo de Franklin- jefe de la logia de San Andrés. Esta logia había sido reconocida en 1769 como Gran Logia Provincial por parte de la Gran Logia de Escocia.

Ese día, mientras los masones estaban reunidos, supuestamente, en la taberna del Dragón Verde y las Armas de la Francmasonería, un grupo de indios pieles rojas atacó a tres navíos ingleses arrojando al mar trescientos cuarenta y dos cajones de té, sin dar tiempo a que los marineros reales pudieran impedirlo. Hay fuertes evidencias de que el conjunto de indios pieles rojas que atacaron a los navíos ingleses cargados de té eran, en realidad, masones disfrazados pertenecientes a la Logia de San Andrés. De hecho, el acta de esa tenida dice claramente que los masones se habían reunido en la taberna a fin de no celebrar la reunión. Nadie vio salir ni entrar a los indios y la policía no encontró indicios de ellos. Este incidente desató la represión inglesa sobre la población de Boston, pero provocó la inmediata solidaridad de las demás colonias.

No es novedad afirmar que el ejército norteamericano era, en realidad, el ejército del masón Washington y que todo su estado mayor fue integrado por masones. El propio marques de La Fayette llegó a reconocer, ante oficiales y camaradas, que sólo tuvo acceso a posiciones de mando luego de haber sido iniciado francmasón. Tampoco es novedad que el masón Franklin preparó, durante años, la política exterior de la Revolución operando principalmente en Francia y en Inglaterra, donde importantes sectores masónicos apoyaban la independencia de las colonias, asunto que se vio reflejado en el propio Parlamento Británico. En definitiva, todo el proceso revolucionario norteamericano está íntimamente asociado a la francmasonería y ningún ciudadano de los Estados Unidos de América dejaría de reconocer la influencia de esta Sociedad en la construcción de la Nación.
[1] Fay, Bernard; La francmasonería y la revolución intelectual del siglo XVIII; (Buenos Aires, Editorial Huemul, 1963)