Los derechos humanos y la cuestión de los valores



     Los derechos humanos son principios sobre la base de los cuales los individuos pueden actuar, y los estados pueden legislar y juzgar. También son valores que reflejan aspiraciones humanas. Como tales, los derechos humanos representan un ideal y un horizonte que, aunque sea difícil de alcanzar, puede dar sentido a la vida en sociedad. A lo largo de la historia de la humanidad, los derechos de los seres humanos han sido definidos y protegidos sobre la base de los valores que se atribuyen a la dignidad de cada individuo, y a la libertad, la igualdad y la justicia.
Estos son valores universales, y a pesar de la variedad de formas que presentan en culturas y sociedades muy diferentes, tal diversidad de ninguna manera afecta el fundamento de valores inalienables que constituyen los derechos humanos.
     
     Dignidad
     Cada individuo, sin distinciones de origen familiar, social o cultural, tiene derecho al reconocimiento de su valor inherente como representante de la humanidad. Esto implica que la dignidad de los seres humanos reside en cada uno de nosotros, y que esta dignidad debe ser reconocida y respetada por todos.
     El primer párrafo del Preámbulo de la Declaración Universal de Derechos Humanos dice: “Considerando que la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana…”
         Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos…                                                                 a          Artículo 1, Declaración Universal de Derechos Humanos.
    
      Libertad
     La libertad es también a la vez un principio y un valor. Es porque los seres humanos son libres es que tienen derechos, y son creadores y sujetos de derechos. La libertad y los derechos humanos se crean recíprocamente. Y como las libertades fundamentales que hacen realidad este principio, están lejos de ser disfrutadas por todos, también se puede decir que la libertad humana todavía está por alcanzarse y que es nuestro futuro común. Es, por tanto, un valor por conquistar y materializar. Las libertades fundamentales (libertad de opinión, libertad de conciencia, libertad de asociación, libertad de movimiento, etc.) son también valores y derechos humanos. Son libertades que se definen en términos legales, tales como el derecho de reunión y el derecho a la libertad de movimiento.
     Tal libertad, que forma la base primordial de la existencia humana, no puede ser cuestionada por “valores” relacionados con costumbres y tradiciones que restringen la libertad individual. No todos los valores son universales, y los grupos humanos particulares pueden poseer sus propios valores distintivos. Lo mismo ocurre con las reglas de cortesía, que no son idénticas en todo el mundo. Pero los valores en los que se basan los derechos humanos son universales, y cualquier persona del planeta los tiene. Uno no puede desear libertad para sí mismo al mismo tiempo que esclaviza a otras personas. La consecuencia de que una parte de la humanidad se conciba como “esclavos” es el colapso de los propios conceptos de humanidad y libertad.
   
     Igualdad
     Todos los seres humanos, independientemente de sus diferencias y de sus variados orígenes, nacen libres y son iguales ante los ojos de la ley. Este es un principio que sustenta la universalidad de los derechos humanos. También constituye un valor, un ideal para la gente que vive la dura vida cotidiana de las desigualdades económicas -desempleo, jornales y salarios extremadamente bajos-, las desigualdades sociales provocadas por los privilegios de que disfrutan algunas personas, la dominación de otros y la desigualdad de las oportunidades educativas. La igualdad todavía está por alcanzarse. La libertad y la igualdad ambas son indispensables. Desde el punto de vista de los derechos humanos, uno no puede luchar contra las desigualdades eliminando la libertad. Cuando esto ocurre, el resultado es una dictadura, o el poder absoluto y arbitrario de unos seres humanos sobre otros. La prisión, la tortura, el maltrato, en breve, cualquier forma de poder arbitrario que destruya la libertad de otras personas, se opone fundamentalmente a los derechos humanos y a la igualdad de derechos entre los seres humanos.
     Como un valor universal, la igualdad tiene que ver con las libertades y derechos de cada individuo: otras personas son diferentes a mí pero son mis iguales, y yo respeto su libertad tanto como afirmo mi propia libertad. Mi capacidad para decidir, elegir valores y participar en la creación de leyes, en breve, mi independencia, depende del reconocimiento de otras personas. Esta igualdad entre los seres humanos prohíbe cualquier forma de discriminación vinculada a la raza, la nacionalidad, el sexo, la religión, la edad y la lengua materna. Sólo cuando uno combina la libertad con la igualdad puede llegar al valor JUSTICIA.
  
     Justicia
     Los seres humanos son iguales en derechos y, por lo tanto, deben responder por sus acciones cuando niegan a otras personas su libertad y sus derechos. Pero responder por las propias acciones puede hacerse “con justicia” sólo cuando las sentencias se emiten dentro del marco de leyes y tribunales establecidos democráticamente. De aquí el gran énfasis que los derechos humanos ponen en el derecho de defensa y el derecho de las partes a ser oídas antes de que se emita sentencia.
     Adicionalmente, la justicia social implica que la riqueza se comparta de manera de promover mayor igualdad y el reconocimiento igualitario de los méritos individuales. Representa un valor al que la gente aspira, y deben proponérselo los estados y los individuos, pues tanto unos como otros son responsables por lo que le ocurre a la humanidad.
     Los derechos humanos establecen el requisito de justicia como un ideal. Son necesarios para lograr una vida cotidiana justa, y cualquiera que no los respete muestra despreocupación por la igualdad entre las personas y la libertad de otros. Aplicar los derechos humanos a la vida de todos los días exige una actitud ética, en la cual juegan un papel decisivo los juicios de valor, los juicios morales y la capacidad de pensar en términos universales (definido como lo que es legítimo y válido para todos los seres humanos).
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