07/11/2020

Marco Rubio, el príncipe heredero del Tea Party

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Marco Rubio saluda a su hijo, tras hablar a sus seguidores en Iowa. REUTERS
PABLO PARDO Enviado especial Iowa (EEUU)@pablopardo1
ACTUALIZADO 02/02/201619:46

«Nadie se acuerda de quien queda segundo». El 30 de diciembre de 2013, Donald Trump colgó esa frase, del golfista Walter Hagen, en su muro de Facebook. En buena hora. Hoy, tres años después, Trump, que había fiado su campaña a su presunta incapacidad para perder, ha acabado segundo en Iowa. Mejorando lo presente, de quien hoy se habla es del tercero: Marco Rubio.

El senador de Florida acabó en un espectacular tercer puesto, a apenas 2.000 votos de Trump. El que solo 2.000 votos supongan una diferencia de casi un punto y medio porcentual indica una de las paradojas del proceso electoral de Iowa: aquí no vota nadie. De hecho, ayer la participación batió récords y aun así apenas acudieron a los caucus unos 180.000 republicanos en un territorio de más de 3 millones de habitantes. De ellos, 43.132 dieron su apoyo a Rubio. Y le catapultaron al estrellato político. Rubio es el único candidato que se lleva bien con los donantes y los líderes del partido que no ha sufrido una hecatombe.

Los dos ganadores, Ted Cruz y Donald Trump, son detestados por las elites republicanas. Y el sentimiento es mutuo. Rubio, no. Rubio ha sido considerado muchas cosas. Le han llamado el Obama demócrata. El príncipe heredero del Tea Party. El chico de los recados de Jeb Bush. Y el hombre que traerá el voto latino al Partido Republicano. En realidad, Rubio es eso y más: es un político. Un político frente a la pureza ideológica y religiosa de Ted Cruz. Y un político frente al extraño populismo de Donald Trump, que ayer cerró su discurso de aceptación de la derrota diciendo que tal vez se compre una granja en Iowa, que es algo que precisamente dijo Berlusconi que iba a hacer en la isla de Lampedusa, en Italia, durante una de las periódicas crisis humanitarias que asolan ese territorio por la llegada de inmigrantes (Berlusconi nunca se compró nada en Lampedusa, y parece improbable que Trump vaya a dedicarse a plantar maíz en Iowa). Y, si Cruz es un político, puede decir una cosa y la contraria.

Esto ha quedado de manifiesto en la campaña, en la que ha pasado de ser, junto con Jeb Bush, uno de los mayores defensores de la naturalización de inmigrantes ilegales, a negar cualquier posibilidad de amnistía y a reclamar una valla en la frontera (no un muro, como Trump, sino una valla, que suena más pragmático). O en su relación con el Tea Party. Rubio llegó al Senado en 2010 como un miembro de esa ultraconservadora rama del Partido Republicano, que prefiguraba en buena medida a Donald Trump. En aquella época, se negó a hablar de la edad del planeta Tierra en una entrevista a Rolling Stone («no soy un científico, chaval», dijo), no fuera que los creacionistas se molestaran. Pero rápidamente se despojó de esas ataduras ideológicas y pasó a negociar con los demócratas un acuerdo para legalizar la situación de 11 millones de inmigrantes ilegales en EEUU.

Un acuerdo que el Tea Party torpedeó.Rubio se diferencia de Obama en que tiene una experiencia política mucho mayor que la del presidente cuando llegó a la Casa Blanca. Rubio lo fue casi todo en el Congreso del estado de Florida, donde gozó del padrinazgo de Jeb Bush, a quien luego ha apuñalado en una operación maestra en estas primarias. Y es virtualmente imposible que Rubio atraiga el voto hispano, porque es cubano.

Los cubanos gozan de una regulación inmigratoria excepcionalmente buena, que les permite acceder rápidamente a la residencia en EEUU, justo al contrario que el resto de los inmigrantes. Y, además, los huidos del castrismo no se consideran latinos. Vaya usted a Miami y hable de los diferentes barrios de la ciudad. Le contestará que «aquí viven los haitianos, aquí los judíos, aquí los latinos y aquí los cubanos».

El propio senador por Florida piensa de esa manera, ya que distingue entre sus padres, a los que denomina «exiliados», de los «inmigrantes». Y aquí la gran paradoja: los padres de Marco Rubio no huyeron del castrismo. Se fueron de Cuba dos años y medio antes de que Fidel alcanzara el poder. Rubio mantuvo una historia de persecución por el marxismo-leninismo hasta que no tuvo más remedio que admitir la realidad. Aun así, dijo que el ‘error’ se debía a que había creído «los cuentos de la familia».

Pero, aun que no vaya a lograr el voto latino, Marco Rubio puede ser un adversario formidable. Su triunfo en Iowa lo demuestra. Su campaña había sido unánimemente criticada. Rubio había realizado muy pocos actos fuera de Des Moines. Su presencia en New Hampshire había sido mínima. La gente no le conocía. Y aquí está: tercero – por poco – en Iowa y segundo en las encuestas de New Hampshire.

El príncipe heredero del Tea Party ha dado un paso hacia su coronación.

http://www.elmundo.es/internacional/2016/02/02/56b07582ca4741307b8b45b0.html

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