El diálogo con EE.UU. y las esperanzas de los cubanos

febrero 17, 2016 | | | 0  2  4

Osmel Ramírez Álvarez 


Tienda Comodoro.

Tienda Comodoro.

HAVANA TIMES — Sorprendió a todos aquel anuncio simultáneo de Raúl y Obama el 17 de diciembre del 2014, sobre el intercambio de prisioneros y la intensión de normalizar las relaciones bilaterales. Con gran entusiasmo y expectativa nuestro pueblo y el mundo lo celebran.

Como la pobreza en Cuba se justifica con el bloqueo, muchos hasta creyeron que el país mejoraría inmediatamente. Pero ni el bloqueo se puede quitar tan rápido, ni la economía cubana crecerá de súbito. Solo hemos comenzado a andar un camino promisorio.

Obama necesitó mucho arrojo, pero fue, sin duda, una decisión inteligente. Es su oportunidad de dejar un legado imperecedero en la región y de no ser recordado tan solo por ser el primer inquilino negro en la Casa Blanca. Enfrenta fuerzas importantes, pero su discurso locuaz y destreza política prometen un desenvolvimiento favorable.

Aquí en Cuba lo critican a diario en los medios oficiales, porque puede hacer más y porque las leyes que no han sido derogadas tienen todavía efecto punitivo. Pero solo él sabe el peso que carga y con qué celeridad puede ejecutar sus facultades sin que le afecte en su gestión o a su partido, con vistas a las elecciones. Así es la política.

De todos modos el bloqueo puede tener sus días contados. Las conversaciones sobre los diversos temas de interés bilateral y la reapertura de embajadas son buenos pasos. Dos países tan cercanos no deben estar enemistados. Las diferencias siempre van a existir y hasta son de raíz: tamaño, idioma, cultura, riqueza.

El Gobierno cubano exige condiciones: el fin del bloqueo y de la ley de ajuste cubano, la devolución de Guantánamo, indemnización por los daños del bloqueo, fin de las trasmisiones ilegales y del financiamiento a grupos opositores.

EUA en sí no hace exigencias, solo espera que su Congreso derogue las leyes del bloqueo y defiende posturas sobre la sociedad civil cubana, la oposición, la democracia, el sector privado de la Isla, la no devolución de Guantánamo y la permanencia de la Ley de Ajuste cubano.

Hay que reflexionar sobre un punto muy importante: Obama es el presidente de al menos tres millones de cubanos y descendientes que viven en ese país. En las negociaciones su Gobierno no representa solo a los estadounidenses, también a ese sector importante de nuestro pueblo que tiene intereses particulares.

El viajero.

Raúl Castro, por su parte, solo es el presidente de los de los 11 millones de la Isla, no de los emigrados, y su liderazgo es netamente oficial. Jamás su Gobierno ha sido avalado por el voto popular. Hablo de gobierno y de legitimidad no por un desliz que me aparta del tema, es porque todo está indisolublemente unido.

En Cuba, por ejemplo, muchos aspiran todavía a emigrar. Hay pocas oportunidades y poca esperanza. Sin embargo, el Gobierno lucha por la derogación de la Ley de Ajuste. Si lo consigue los nuevos cubanos que emigren informalmente a ese país serán furtivos, como los demás latinoamericanos, mal pagados y escabulléndose de “la migra”.

Si dependieran del voto popular no harían semejante propuesta, que solo busca una victoria política para los líderes de la Revolución. Cualquier presidente del área pasaría a la historia si negociara un acuerdo que legalice a sus ciudadanos migrantes en EUA. Cuba lo tiene ya, no importa su origen, y el Gobierno quiere que lo suspendan.

En el exterior se cree que la inversión extranjera beneficiará los salarios de los nacionales. ¡Negativo! Los extranjeros cobran en divisas, pero los nacidos en Cuba tenemos una empleadora estatal que se apropia del dinero y lo cambia a 2 por 1, solo el ocho por ciento del cambio oficial. Es decir, se queda con el 92 por ciento.

Saque usted sus propias conclusiones, como dice un conocido periodista cubano. No es por gusto que Obama quiere dirigir el financiamiento al sector privado emergente.

Qué gobierno latinoamericano no estaría feliz si los EUA ofrecieran financiamiento para su sector privado, potenciando el crecimiento de la pequeña y mediana empresa. Raúl lo quiere todo dirigido al Estado y considera el crecimiento de otros sectores desvinculados de su tutela como una amenaza. Nuevamente se antepone un interés político de grupo.

La Base naval de Guantánamo, claro que la queremos. Pero lleva más de un siglo ocupada y tierras y bahías abandonadas es lo que más sobra en Cuba. Peor es el marabú que inundó nuestros campos o las ciénagas que no permiten aprovechar el terreno. ¿Cómo vamos a retrasar soluciones económicas inmediatas para resolver un viejo problema moral?


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Se repara de todo.

La lucha por la devolución de ese territorio, por lógica, es más larga. Una propuesta inteligente y beneficiosa sería la creación de una gran zona especial de desarrollo. Si se le ofrece a las empresas estadounidenses un trato preferencial, empujarán su Gobierno a aceptar. Un enclave militar crea gastos, una zona franca generaría ingresos. Seguro sacarán su cuenta.

Negociar con dignidad es un principio inviolable, pero también lo es negociar con inteligencia. Los temas que ralentizan el entendimiento no deben ser condicionantes, aunque permanezcan sobre la mesa.

Por otro lado, Cuba necesita el fin del bloqueo tanto como un cambio en el sistema político y económico del país. Sería útil un congreso de todas las organizaciones de cubanos, tanto del exterior como de dentro, y que de este se desprenda una exigencia a un referéndum que consulte a todos los cubanos sobre su destino político.

Si desean seguir como está, si desean la democracia representativa al uso o si desean algún tipo de nuevo socialismo con democracia, creo que es el pueblo quien debe decidir.

No es lo mismo vituperar a la Revolución con odios y pedir su exterminio, que exigir un derecho respetando al adversario. Las negociaciones con los EUA son halagüeñas, pero necesitan ese complemento.

Difícil es el consenso entre grupos que se caracterizan por ser radicales, pero el país lo necesita. Estemos a la altura de estos tiempos de definiciones importantes: ¡todo por Cuba, que sufre!

Fotos: Juan Suarez

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