09/19/2020

El masón ante su entorno social

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Para definir al masón de hoy partiré de aquel que asiste a una logia en donde se busca conformar al hombre de hoy y de mañana, y en donde la energía motora que mueve las grandes obras humanas, circula por la aportación de hombre libres y de buenas costumbres, que buscan practicar la hermandad y el cambio hacia el progreso humano y espiritual de quienes le rodean.
Al definirlo así, de paso estoy dando elementos para entender a ese gran prisma que es la masonería, la cual, al igual que un diamante, cada uno de sus miembros la observa y busca desde cada una de sus múltiples caras, así entonces, estoy hablando de un crisol donde se mezclan los caracteres y criterios más disímiles, lográndose de esto las aleaciones que un mundo como el actual requiere para satisfacer la creciente necesidad de líderes.Shakespeare no sin razón dijo: «si has visto a un hombre, has visto gran cosa» y precisamente creo que el valor de nuestra Augusta Institución es que a través del estudio y la práctica consciente, da los elementos para ser cada día mejor como medio a influir positivamente en la sociedad.

Los masones de hoy, como los de siempre, son hombres de carne y hueso, que respiran y que tienen un gran cúmulo de defectos y de virtudes y precisamente es la fuerza de voluntad para devastar esas imperfecciones y multiplicar el efecto bienhechor de sus cualidades, lo que siempre ha distinguido a este género de hombres por sobre los demás.

En un Paraguay en donde contrastan la opulencia y la miseria, en donde la justicia es clamada por muchos, en donde los problemas económicos pesan cada día más sobre la clase media y baja que sobrepasan el mayor porcentaje de la población, en donde la corrupción es la madre de gran parte de nuestras dificultades, en donde mientras el aparato gubernamental habla de confianza y de un mañana mejor, la realidad no siempre lo demuestra, es ahí, donde la masonería tiene enclavados a sus hombres, enfrentando el reto del dictado de su conciencia.

El masón moderno es un hombre comprometido con su época, no importa la posición social, ni el lugar en donde se encuentre, ya sea desde una oficina, una fabrica, una escuela, un campo de cultivo, o un mostrador, el busca con su ejemplo que virtudes como la fraternidad, la justicia, la honradez, el trabajo, el estudio, el orden, la verdad, reinen entre quienes le rodean.

Es cierto y estimulante saber que en nuestra orden han habido hermanos que con sus obras han ayudado al progreso de la humanidad, de ellos hay que imitar su entereza, su perseverancia, su valor para enfrentar su posición e ideales ante sus detractores.

A ellos debemos tenerlos como ejemplo perenne de lo que podemos llegar a ser, pero también hay que recordar que entre nosotros han habido quienes han frenado ese progreso, de ellos en lugar de avergonzarnos y ocultarlos en lo más recóndito de nuestra memoria histórica, debemos conocer sus obras y analizar sus errores, eso también es valiosa enseñanza, pues nos enseñan a conocer caminos erróneos que hay que evitar.

Y ya hablando del presente, cuando de nosotros no nos hemos quejado alguna vez de esos hermanos que dentro de nuestra organización han extraviado sus instrumentos de trabajo y lejos de comprenderlo arremeten contra el bienestar interno sin darse con ello cuenta que están destruyendo lo que dicen amar, de ellos también debemos aprender para no ser así, ni dejar que quienes ingresan a la orden sean fácil presa de su mal ejemplo, sólo acorralándolos con organización, trabajo y armonía una logia puede proseguir su noble función generadora de positivas influencias.

Aquí de nueva cuenta surge al tema de ese potente juez que debe guiar la orden del masón y que es la conciencia, definida ésta como la capacidad intuitiva, sujeta a desarrollo y perfección por medio del raciocinio y la experiencia, que nos permite conocer el bien que debemos hacer y el mal que debemos evitar para conservación del individuo y de la especie humana. Es evidente que en cualquier individuo ésta minimamente funciona a dos niveles: el individual y el colectivo que en otras palabras son el «yo» y «los demás».

Dependiendo de la escala de valores de cada individuo, ambos pueden ser preponderantes: Para quienes están sujetos a una angustia continua por sobrevivir o por dominar a quienes le rodean, el nivel «yo» es lo más importante, y salvo excepciones, considero que se trata de espíritus poco evolucionados que poco han hecho por avanzar.

El segundo grupo, personas que tienen en primer plano la conciencia colectiva (el «los demás»), considero son los que la humanidad requiere para progresar hacia la satisfacción de sus necesidades.

De ellos hay menos, pero que orgullo para la masonería si la mayoría obráramos haciendo un uso consciente de nuestra inteligencia para el bien de nuestra comunidad, con ello la justicia encumbraría mayores alturas en la mente de los demás.

Gente que piensa en el nivel «de los demás» es lo que la masonería requiere para responder a las necesidades del mundo, si solemos en orgullecernos de lo que han hecho los grandes masones por la humanidad y por el papel que ha jugado nuestra orden en la historia del hombre, mejor enorgullezcámonos actuando y permitiendo que ese presente que hoy vivimos, que es el futuro del ayer, sea mejor, porque la presunción no basta, hay que obrar en consecuencia, ¿de que le sirve a la masonería alguien que no estudia, que no une la acción a los ideales?, ¿de que le sirve alguien que en lugar de ayudar a progresar a los demás, busca frenarlos?, ¿de que le sirve alguien, que, cuando habla de masonería declama los más bellos y sublimes pensamientos sobre ella, si es abrumado por el peso de su mal proceder?

Incluso, buscar recuperar la preponderancia histórica de la masonería por buscarla, quizá no tenga caso alguno, es mejor preocuparnos por cerrar filas y hacer de nuestras logias un ejemplo viviente de eso que proclamamos, así y solo así, por efecto mismo de un ambiente favorable, los masones que en ellas se desarrollen serán cada día mejores hombres, mejores padres, mejores líderes, así y sólo así, sin buscar el fin, sino trabajando sobre los medios, la fraternidad será reconocida y elogiada por quienes han sido beneficiados a través de las obras de sus miembros.
Un grave problema de muchas de nuestras logias es facilitar el ingreso de todo aquel que ha sobresalido en el ámbito social, económico o político, sin analizar como lo ha hecho y como lo está haciendo, esa gente sólo trae un beneficio inmediato, que pronto se diluye ante su público comportamiento, contrario a un verdadero proceder masónico resultando que lo único que se gana es acrecentar la negra idea popular de que la masonería está integrada por poderosos sin escrúpulos que lo mismo matan a los que ser alejan de ella, como son corruptores de todo orden establecido.

No. hermanos mejor luchemos por la imagen de nuestra Orden sea la de una fraternidad bienhechora y amante del progreso y que en lugar de recibir recompensas de las masas, reciba su admiración y respeto.

¿Como hacerlo? quizá esto no sea fácil, pero si no luchamos conscientemente por ello jamás lo lograremos; sólo proyectando al exterior gente formada con conceptos éticos bien definidos podremos hacerlo; y, para ello es de primordial importancia un análisis de conciencia sobre que somos y que queremos ser.

Si somos pusilánimes, temerosos, faltos de amor por el estudio y el análisis libre y critico de cuanto nos rodea, lo único que podemos producir es una masonería floja y apática que no aporte nada al progreso de su entono social.

Pero si decidimos ser estudiosos y aplicar ese estudio y superación a nuestras vidas, selectivos con nuestros candidatos para poder formar en ellos una conciencia de servicio y amor a los demás, tener presente que ante una responsabilidad social debemos actuar como masones ayudando a construir el gran edificio de la humanidad, sólo así estaremos haciendo una masonería fuerte y respetada.

Otro problema que se respira en algunas logias es la queja de los aprendices de que no todos los maestros de su taller son eso: maestros.

Eso ha sucedido porque un importante porcentaje de los masones nos preocupamos por coleccionar grados, más por vanidad que por amor al estudio, y sólo somos aplicados en la lectura cuando se busca llegar a compañero o maestro o ascender en los grados filosóficos.

Pero ya teniendo el grado respectivo jamás se vuelve a tocar un libro, por desgracia aún es frecuente ver a esos maestros que ocultan su ignorancia en la tan trillada frase «eso no es de tu grado, cuando llegues lo sabrás» y, ¿que pasa cuando uno llega? Se encuentra con un ambiente de poca profundidad intelectual.

De nueva cuenta se encuentra ante nosotros ese juez infalible que es la conciencia, y me pregunto siendo yo así, ¿puedo acaso aportar algo para que la masonería sea sana y fuerte?

Estoy seguro que la mayoría de los que la presente lean, han brincado esos escollos durante su estancia en la institución, y creo que estando conscientes de nuestras deficiencias humanas, a nosotros nos corresponde el reto de hacer una masonería competitiva.

Por ejemplo: ¿Cuándo se nos ha ocurrido estudiar profundamente como se comportan otros actores sociales y otras fuerzas reales, como los clérigos y ministros de muy diversos cultos; casi siempre satélites del exterior? No acaso será fructífero hacer un análisis formal del éxito de estas instituciones como rectoras sociales, que contentarnos lanzando quejas sobre su dañino proceder.

Como podemos frenar el efecto mediatizador de estas organizaciones si no tenemos ni un proyecto más claro como institución, ni actuamos individualmente como gente libre y de buenas costumbres.

Para concluir mi planteamiento diré que la masonería, siendo una fraternidad que busca edificar el gran templo de la humanidad, requiere que el masón sea un hombre más activo y comprometido con su época, que busque con afán hacer una sociedad más culta. Eso lo logra perfeccionándose día con día, con la finalidad de obtener la fuerza suficiente para crear lo que sea necesario y cambiar lo obsoleto, buscando conscientemente el bien de su medio, su país y su mundo.

Christian Gadea Saguier
© Blog Los Arquitectos

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