09/20/2020

Significado de la Iniciación

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En otro lugar se ha dicho que la palabra iniciación es derivada del latín INITIARE, y tiene la misma etimología de INITIUM “inicio o comienzo”, viniendo las dos de INIRE “ir dentro o ingresar”. Entonces la palabra INICIACION tiene el doble sentido de “COMENZAR O IR DENTRO”.

En otras palabras, iniciación es el esfuerzo que realiza el hombre para ingresar nuevamente, para ir dentro de sí mismo, en busca de las verdades eternas que nunca fueron sacadas a la luz, al mundo externo. Iniciación es equivalente a religión de RE-LIGARE: ligarse nuevamente; es la vuelta del hijo pródigo, al seno de su Padre, después de haber errado largo tiempo en el mundo material, sufriendo miserias y hambres.

El iniciado es el ser que conoció su error y volvió a ingresarse al interior de su casa paterna; mientras que el profano queda fuera del templo de la Sabiduría lejos del real conocimiento de la verdad y la virtud, siguiendo la satisfacción de sus sentidos externos.

Así pues este Ingreso (INICIACION) no es, ni puede considerarse únicamente como material, ni es la aceptación de una determinada asociación, sino como ingreso a un nuevo estado de conciencia, a una manera de ser interior, de la cual la vida exterior es un efecto, y consecuencia. Es el renacimiento indicado por el Evangelio; es la transmutación del íntimo estado del hombre, para efectivamente iniciarse o ingresar, en una nueva vida que caracteriza al verdadero INICIADO, y no como se suponen muchos que pueden llamarse iniciados desde el momento que comienza su Iniciación. La Iniciación es el renacimiento iniciático, o sea, la negación de los vicios, errores e ilusiones que constituyen los metales groseros o cualidades inferiores de la personalidad, para la afirmación de la Verdad, de la Virtud y de la Realidad, que constituye el Oro puro de la Individualidad, la perfección del Espíritu que se expresa en nosotros a través de nuestros ideales elevados. Todo hombre de buena voluntad, bueno y santo es el verdadero Iniciado, sin tener necesidad de pertenecer a una Orden externa; puesto que es un miembro de la FRATERNIDAD BLANCA SUBJETIVA.

El cuarto de reflexión

Toda logia debe tener un local especial llamado cuarto de reflexión.

Todo hombre al cerrar los ojos, se halla en su cuarto de reflexión, con su aislamiento, y la oscuridad que representa, es el período de las tinieblas de la materia física que rodean al alma para su completa maduración. El cuarto oscuro de la reflexión es el símbolo del estado de conciencia del profano que anda, en las tinieblas y, por esta razón se encuentran en el los emblemas de la muerte y una lámpara sepulcral. En este local, pintado de negro, figurando una catacumba, rodeado de los símbolos de la destrucción y de la muerte, se coloca un taburete y una mesa cubierta con tapete blanco, sobre la cual hay una calavera (muerte), algunos mendrugos de pan (insignificancia que tratan de obtener los cinco sentidos), un plato de ceniza (el fin de la materia); un reloj de agua (el corredor del tiempo que lo envuelve todo); un gallo (el deber de ser vigilante y alerta), un tintero, plumas y algunas hojas de papel para escribir su testamento; cuyo significado será explicado en otro lugar.

El recinto se halla alumbrado por la débil luz que despide la lámpara sepulcral (lámpara de los conocimientos físicos adquiridos por la mente carnal); en uno de los ángulos se ve un ataúd junto a una fosa abierta, o un hipogeo abierto también, en una de las paredes, dejando ver a un cadáver amortajado (como debe el iniciado contemplar a su cuerpo físico). El cuarto de reflexión significa aquella crisis, aquella lucha entre el cuerpo y sus deseos con el espíritu y sus ideales; este cuarto negro y oscuro es el mismo cuerpo que sirve de prisión, de tumba y de ataúd al verdadero Ser Interior. Por esta razón, cerca de los emblemas de la muerte se hallan también, ciertas inscripciones en las paredes cuyo objeto es levantar la fuerza y desarrollar la voluntad en el neófito.

Al ingresar a este cuarto el candidato tiene que despojarse de los metales, tiene que volver a su estado de pobreza edénica, la desnudez adánica, antes de cubrirse con la piel de todas aquellas adquisiciones, que le fueron útiles hasta ahora para llegar a su estado actual y que son obstáculos para volver a su estado primitivo. Debe apartar todo deseo, ambición, codicia en los valores externos, para conocerse a sí mismo; entonces, en su interior, hallará los verdaderos valores espirituales. Dinero, bienes, ciencias, son vanidades ante el conocimiento de sí mismo.

El candidato debe ser libre y despojado de los metales: cualidades inferiores, vicios y pasiones de su intelecto, de sus creencias y prejuicios; debe aprender a pensar por sí mismo y no seguir, como ciego, el conocimiento y creencias de otros; por último el cuarto de reflexión significa el aislamiento del mundo exterior para poder concentrar en el estado íntimo; en el mundo interior a donde deben ser dirigidos nuestros esfuerzos para llegar a la Realidad. Es el “conócete a ti mismo” de los iniciados griegos.

Es la fórmula hermética que dice: “Visita el interior de la tierra: rectificando encontrarás la piedra escondida”. Es decir, desciende en las profundidades del ser y encontrarás la piedra filosofal que constituye el secreto de los sabios.

Así como los huesos e imágenes de la muerte que se hallan representados en las paredes del cuarto, indican la muerte simbólica del neófito, para renacer en el mundo del espíritu e indica la muerte aparente de la verdad en el mundo externo; así también las inscripciones que cubren las paredes del cuarto indican los consejos del Ser interno, que tienen por objeto guiar al hombre a la verdad y al Poder.

Estas inscripciones son varias, citaremos algunas de ellas:

“Si una vana curiosidad te conduce aquí, márchate.’

“Si rindes homenaje a las distinciones humanas, vete, porque aquí no te conocen.”

“Si temes que te echen en cara tus defectos, no sigas adelante.”

“Espera y cree… Porque entrever y comprender el infinito, es marchar hacia la perfección.”

“Ama a los buenos; compadece y ayuda a los débiles; huye de los embusteros, y no odies a nadie.”

“El hombre más perfecto, es aquel que es más útil a sus hermanos.”

“No juzgues ligeramente, las acciones de los hombres, alaba poco, adula menos y no censures ni critiques nunca.”

“Lee y aprovecha; mira e imita; reflexiona y trabaja; procura ser útil a tus hermanos y trabajarás para ti mismo.” “Piensa siempre que del polvo naciste y en polvo te convertirás.”

“Naciste para morir.” Etc., etc., etc….

Todos estos consejos en el cuarto de reflexión y las demás figuras tétricas nos demuestran que dentro del hombre se hallan la muerte y la vida, el dolor y la dicha; el engaño y la iluminación; mientras que los cinco sentidos ofrecen la muerte, el espíritu depara la vida eterna.

El grano de trigo

El candidato a la perfección tiene que pasar por cuatro pruebas, a saber: las de la tierra, agua, aire y fuego. Esto quiere decir que debe triunfar sobre los cuatro cuerpos o cuatro elementos que componen su ser físico, para poder llegar a la Divinidad; a su debido tiempo serán explicados.

El cuarto de reflexión es la prueba de la tierra. Entre los objetos que se encuentran en aquel cuarto es el grano de trigo. El iniciado es simbolizado en el grano de trigo, echado y sepultado en el suelo para que germinara y se abriera, con el propio esfuerzo, su camino hacia la luz. El Espíritu en el está sepultado como el grano de trigo; el Yo Soy está preso en el cuerpo y está esperando despertarse y manifestarse a la luz del Día del Señor. Así como la semilla germina el ser, echada en la tierra, después de una muerte aparente, así también el hombre, comparado a la tierra, se halla en él latente el Espíritu divino en espera de manifestación perfecta; la semilla mora un tiempo en el seno de la tierra, para germinar; el hombre debe aprender del grano de trigo, a concentrarse en el silencio del alma, aislándose de todas las influencias exteriores, y morir para sus defectos e imperfecciones, a fin de germinar y manifestarse a la nueva vida.

El pan y el agua.

Estas se encuentran en la mesa del cuarto y son la continuación del símbolo anterior; así como el labrador siembra, riega, cuida, cosecha, muele, amasa para formar del trigo un pan; así el iniciado debe imitar el mismo ejemplo del labrador, en su propio cuerpo, debe de educarle, limpiarle, formarle y presentarle como el pan de sacrificio y decir como el Divino Maestro: Este es mi cuerpo, comedlo.

La sal y el azufre

Otros dos elementos se encuentran en el cuarto de reflexión: dos saleros, respectivamente con sal y azufre.

Ya se ha dicho antes que el azufre es símbolo de la energía activa, el principio Creador. La sal muestra la energía pasiva, femenina o maternidad. Estos principios corresponden a las dos columnas; a los dos polos del cuerpo humano y a los dos primeros grados de la masonería.

Sal y Azufre son las dos polaridades en el individuo: espiritual y material; expansión y gravedad. El candidato debe encontrar el equilibrio, un equilibrio muy distinto del que prevalece en el mundo profano, es un equilibrio entre el esfuerzo y la vigilancia, en el mundo interno del Espíritu, para poder manifestarlo en el externo. El esfuerzo vigilante y la firmeza perseverante son las dos cualidades que ‘necesita el futuro iniciado; este símbolo se completa también con la figura del gallo y la clepsidra o reloj de agua; representan la Vida del Espíritu que domina al tiempo y a la destrucción de toda forma exterior.

El testamento

En el cuarto de reflexión el candidato debe hacer su testamento. Este testamento difiere del testamento profano en que éste último es una preparación para la muerte eterna, mientras que la primera es la preparación para la vida nueva; porque la muerte ya no es fin para el iniciado, sino el principio de la vida y el mismo candidato será el ejecutor. . El que debe morir para sus pasiones y deseos bajos, hace testamentos como el muerto profano y, al morir para sus pasiones físicas, renace a la nueva vida en donde debe cumplir sus deberes para con Dios, para consigo mismo y para con sus semejantes: tres preguntas que se hallan en el testamento.

Preparación

Antes de ser admitido en el Templo interior, representado por el Templo exterior en, el cuarto de reflexión, en la soledad de la conciencia, se les prepara de esta manera: los ojos deben ser vendados, se le pone una cuerda al cuello y se le hace descubrir el pecho por el lado izquierdo, la rodilla derecha y el pie izquierdo.

La venda es el estado de ignorancia o ceguera en el mundo profano; en el cuerpo físico, ceguera de los sentidos. La cuerda es el estado de esclavitud a las pasiones; también nos recuerda el cordón umbilical del feto en el vientre de la madre, un ser sin individualidad. La desnudez del corazón de todo prejuicio, odio y convencionalismo, que impide la sincera manifestación de los sentimientos. La desnudez de la rodilla derecha simboliza la vanagloria, el orgullo intelectual que impide la genuflexión o la inclinación de la rodilla ante el altar de la VERDAD. La desnudez del pie izquierdo es la marcha en el sendero, la marcha hacia el templo para llamar a su puerta en busca de luz y de Verdad.

La Iniciación Masónica y su Relación con el Hombre

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