09/25/2020

¿Y quien es: Gioconda San Blas?

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El común de la gente en Venezuela suele decir que no hay científicos en el país y mucho mas, que hay mujeres trabajando en la ciencia; Gioconda San Blas es uno de esos científicos que pertenece a esa generación de investigadores venezolanos que aún después de su jubilación desea contribuir a país; ella forma parte del grupo de científicos del IVIC que pertenecían al programa de Personal en Labores de Investigación que  había decidido continuar su actividad en la ciencia bajo los parámetros de evaluación que hasta ahora se aplicaban al IVIC al resto de sus investigadores activos ; pero eso llegó a su fin. Jaime Requena nos brinda un perfil científico de esta destacada académica; y en la entrevista que Edgar López de El Nacional le hiciera, la retrata de cuerpo entero.

TAL CUAL,  Lunes 21 de septiembre de 2009

Gioconda San Blas CON CIENCIA

JAIME REQUENA

Gioconda Cunto de San Blas es otro de los investigadores del IVIC cuya carrera pareciera estar llegando a un indeseable final. Tiene ya unos seis meses esperando que la dirección del instituto le dé respuesta a su solicitud de renovación de un permiso para permanecer dentro del programa de Permanencia de Jubilados en Labores de Investigación o PLI, y poder así continuar trabajando en su laboratorio del Centro de Microbiología y Biología Celular* Su nombre figura en la lista de un notable grupo de científicos venezolanos a quienes la actual directiva del IVIC considera que, por haber alcanzado la condición administrativa de jubilado, se les debe suprimir el supuesto “privilegio” de querer continuar produciendo ciencia de la mejor calidad y de indiscutible relevancia para nuestra gente.

Gioconda nació en Caracas y se graduó de químico en la Universidad Central de Venezuela, con estudios de doctorado en Inglaterra. Ingresó al IVIC en 1967 bajo la tutoría de Luis Carbonell y fue jubilada en el año 1997 por la vía forzada administrativa. Su vida entera se la ha dedicado a arrancarle a la naturaleza los secretos de la patogenicidad de algunos hongos y en ello ha tenido muchísimo éxito. Su objeto primario de atención son los del tipo Paracoccicoides, los cuales, en las áreas rurales en Venezuela, son responsables de las micosis sistémicas más frecuentes. Unos diez millones de latinoamericanos están infectados por ese patógeno. Para aquellas personas que desarrollan la enfermedad, la esperanza de vida es bien limitada ya que todavía no existe una droga que se encargue de curar tan terrible enfermedad.

Junto a colegas y estudiantes, Gioconda descubrió el factor de virulencia de la pared celular del Paracoccicoides. La naturaleza de la entidad química, una molécula llamada glucan, al principio causó extrañeza entre los expertos pero no pasó mucho tiempo antes que se comprobase que no sólo existe esa molécula en esos hongos, sino que está presente en muchos otros patógenos. Más recientemente, su grupo de investigación construyó una sonda molecular que permite el diagnóstico temprano de la infección por Paracoccicoides. Esta gran ayuda no fue patentada por el IVIC. Por el contrario, su diseño fue revelado para que fuese adoptado y utilizado por quien lo necesitase.

Tres libros y diez docenas de trabajos publicados en las mejores revistas del mundo durante los 42 años ininterrumpidos de trabajo en el IVIC se ven reflejados en algo más de mil doscientas citas de otros investigadores a los trabajos de Gioconda San Blas. Ella ha formado unos 30 estudiantes, de los cuales media docena alcanzaron el doctorado bajo su tutoría. Sólo uno de ellos forma parte de la llamada generación de relevo del IVIC.

Por esos indiscutibles méritos, Gioconda San Blas fue llamada a ocupar un puesto en la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales de Venezuela. Paso a ocupar el Sillón XX para constituirse así en la primera mujer en ingresar a esa Academia en sus 92 años de vida. También es Miembro Titular de la Academia de Ciencias de América Latina y de otras academias médicas regionales.

Finalmente, aparte de su vocación científica hay que mencionar su devoción por los niños con necesidades especiales. En el año 1986, Monte Ávila Editores le publicó un clásico. Su libro Agus- tín, un niño especial lleva ya 5 ediciones y es un texto de lectura obligatoria para aquellas familias en las que alguno de sus miembros presenta esa condición. Ante una vida como esa cabe la pregunta: ¿por qué ese trato tan injusto con una mujer tan valiosa para cualquier sociedad o país?

* El accesoal Laboratorio de Micología desde la webside del IVIC no está disponible. Se coloca el link encontrado  la Internet 28/09/2009 (Nota del Editor)

EL NACIONAL – Domingo 20 de Septiembre de 2009 Siete Días/4

EDGAR LÓPEZ, elopez@el-nacional.com

entrevista Gioconda San Blas

“El Gobierno no tolera las verdades científicas que le son incómodas

La académica considera que se impone una política partidista barata en el campo de la ciencia, que acelera el deterioro institucional del sector y la fuga de cerebros. A una investigadora cuyo trabajo reveló desnutrición infantil “le hicieron la vida imposible”, refirió como ejemplo de las tensiones y las represalias

Hace dos años, cuando destacó como la primera mujer en ocupar un sillón en la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales, Gioconda San Blas presagiaba tiempos difíciles: “Desde las más altas esferas del poder se nos amenaza, explícitamente y sin remilgos, con un inevitable conflicto con los centros del saber. Se quieren científicos que callen sus opiniones en los temas especializados que les son propios, cuando éstos rozan intereses políticos que no conviene agitar desde las tribunas académicas y universitarias”.

Con la designación de Jesse Chacón como ministro de Ciencia, Tecnología e Industrias Intermedias, las tensiones entre el Gobierno y los científicos venezolanos han aumentado. El pasado 3 de mayo, el presidente Hugo Chávez le echó más leña al fuego al arremeter contra los investigadores del IVIC. Los instó a hacer “ciencia útil”, a resolver el desbordamiento de quebradas en los barrios en lugar de investigar si hay vida en Venus. Aventuró una hipótesis: “En muchas instituciones de esas todavía quedan escuálidos”. Y le dio una orden a Chacón: “Apretar tuercas”.

Luego de la instrucción presidencial, el ministro planteó la posibilidad de eliminar el programa Permanencia en Labores de Investigación. 27 de los más calificados científicos del IVIC podrían ser defenestrados. Gioconda San Blas, con 42 años de carrera en el instituto y el grado de profesora emérita, es una de las afectadas. Aunque se expresa con serenidad, la académica está más angustiada que hace 2 años. Pero prefiere asumir el riesgo de eventuales represalias antes que guardar silencio sobre la penetración políticopartidista en todas las instituciones científicas del país.

El Gobierno ha exigido una ciencia pertinente. ¿Qué debemos entender por ello? –El objetivo fundamental de la ciencia es la búsqueda del conocimiento. Punto. Permítame devolverle la pregunta, como una persona ajena a la ciencia: ¿Qué cree usted que es ciencia pertinente? –En el contexto de lo señalado por los voceros gubernamentales, podría ser aquella que sirve para elevar la calidad de vida de los ciudadanos. –Si así fuera, nadie podría dudar de la vinculación del trabajo que hacemos en el IVIC con las necesidades de la población venezolana. Sólo por mencionar lo que puede resultar más familiar, hemos puesto a disposición de cualquiera que lo necesite: procesamiento digital de imágenes médicas; análisis de cálculos renales; estudios de impactos ambientales; evaluación toxicológica de desechos petroleros; desarrollo de kits para diagnósticos médicos; pruebas de filiación biológica (paternidad); consulta de asesoramiento genético; calibración de equipos de rayos X y tomografía; pruebas vinculadas al VIH, toxoplamosis, malaria, dengue y hepatitis; derivados sanguíneos que se distribuyen en la red hospitalaria del país…

¿En términos de pertinencia, qué diría usted si se entera de que hoy en día en el IVIC hay gente involucrada en investigaciones sobre la Antártida o sobre la clasificación taxonómica de algunas mariposas?–¿Eso es cierto? –Totalmente cierto. Para mí es legítimo que haya investigadores venezolanos ocupados de la Antártida o de las mariposas.

El problema es que si el Gobierno exige ciencia pertinente, habrá que evaluar la pertinencia de estas dos investigaciones, encabezadas por el propio director del IVIC, Ángel Vitoria.

–Por argumento en contrario, ¿qué sería ciencia impertinente? –-Se me ocurre que la llevada a cabo por investigadores que, aun teniendo alta calificación científica, no están alineados con las actuales autoridades.

Hace tres años, una investigadora del Centro de Medicina Experimental del IVIC llevó a cabo un estudio nutricional con niños menores de 2 años de edad y verificó que 70% de los evaluados estaba desnutrido. Este es un dato que puede parecer impertinente para las autoridades gubernamentales y específicamente las de salud.

Por un buen rato, a esta investigadora le hicieron la vida imposible. Pareciera que el Gobierno no tolera las verdades científicas que le son incómodas.

–Para refutar el supuesto acoso oficial a las instituciones científicas, el ministro Chacón ha dicho que el IVIC ha aumentado su plantilla académica de 655 en 1998 a 1.107 en 2008. –El Gobierno no puede negar que tenemos una diáspora del conocimiento, como lo ha denominado el profesor Iván de la Vega. Hace quince días, en el Centro de Microbiología despedimos a un posdoctorante que se fue para una compañía transnacional. Hay otros indicadores que no podrían alegrar a nadie.

Uno de los ranking internacionales, el ISI Web of Knowledge, revela que los artículos en ciencia y tecnología escritos desde Venezuela cayeron 15%, de 968 en 2006 a 831 el año pasado.

–¿Qué se puede hacer para detener la llamada fuga de cerebros? —Este posdoctorante me decía que lo que sucede en el IVIC es muy desestimulante. Además, le ofrecieron un sueldo 2,5 veces mayor.

–¿Cómo se concilia libertad académica con necesidades del país? –Ser científico es más que una profesión, es un apostolado. Uno debe amar lo que hace, por encima de las circunstancias como, por ejemplo, un sueldo bajo. Los investigadores venezolanos de una manera u otra siempre buscaron temas que tuvieran que ver con nuestra realidad.

–El presidente Chávez ha invitado a los investigadores a ir al “laboratorio social”. ¿Qué le responde? –Yo le puedo decir que todo lo que se puede hallar en el terreno al que nos sugiere ir, ha sido resuelto por la ciencia desde hace mucho tiempo. Lo que hay que hacer es aplicar las soluciones que ha aportado la ciencia. El desbordamiento de una quebrada no es un problema científico, sino de administración pública. Ya los científicos determinaron cuánta lluvia cae en determinado sector y en qué época del año. Al Gobierno le corresponde tomar las medidas para que no haya desbordamientos.

–¿Hay precedentes de enfrentamientos tan fuertes entre el Gobierno y los científicos venezolanos? –Siempre ha habido actitudes prepotentes, pero lográbamos que se tomara en cuenta nuestra opinión. Los que dirigen el sector ciencia actualmente son más impermeables a puntos de vista distintos. Se impone una política partidista barata en el campo de la ciencia. No se admite nada que vaya en perjuicio de la imagen de quienes están en el Gobierno.

Eso es lo pernicioso.

–¿Qué consecuencias tiene estigmatizar a algunos científicos como escuálidos? –Se puede perder mucho. Se podrían truncar valiosas carreras por la única razón de que el investigador tiene una posición opuesta al Gobierno. Y eso no sólo le causa un gran daño a la persona, sino al país. Que el director de una institución científica asuma como dogma que se debe prescindir de los escuálidos y que deben salir de las instituciones es grave.

–¿Qué opina de la Misión Ciencia? –Creo que tiene la buena intención de fortalecer la investigación científica a través de una mayor asignación presupuestaria al sector. El problema está en el uso que se le han dado a esos recursos. En algunos casos, hay discrecionalidad en la distribución. En el IVIC, por ejemplo, se han utilizado para reforzar áreas administrativas, en vez del trabajo de los laboratorios.

Se pierde en burocracia.

–La creación de una universidad de ciencias básicas podría ser una buena noticia. –Los investigadores tenemos total desconocimiento de ese proyecto. La idea es tener 3.000 estudiantes de ciencias básicas.

No se de dónde los van a sacar.

¿Quiénes serán los profesores? Se supone que nosotros tendríamos algo que aportar, pero el proyecto se maneja dentro de un círculo de iniciados.

–¿Cuáles son los criterios para medir la eficiencia de la investigación científica? ¿Es válido pedir cuentas a los investigadores? –El principal criterio, internacionalmente aceptado, es la publicación de los resultados de las investigaciones en revistas internacionales de alto impacto, así como la frecuencia con que cada trabajo es citado por otros.

–¿La politización de los espacios académicos ha incidido en la formación de los investigadores, por ejemplo, para realizar estudios en el exterior? –Hasta ahora y por el empeño de los propios investigadores, la formación de científicos no se ha politizado.

–¿Cuál podría ser el desenlace de este enfrentamiento entre el Gobierno y los científicos venezolanos? –Ha sido un proceso progresivo. Hoy pasa una cosa, mañana otra. Como quien dice, vamos tanteando a ver hasta dónde podemos llegar. En los últimos cinco años las divergencias han sido mayores. Sólo si los científicos y los ciudadanos en general lo permitimos, vamos hacia un control total por parte del Gobierno.

–¿Entre los científicos venezolanos, los críticos del Gobierno son mayoría o minoría? –En el mundo científico venezolano hay de todo. Yo no estoy sola en mi visión de lo que pasa. Pero hay otra gente que piensa diferente. Y también hay otra que, aun pensando como yo, prefiere mirar para otro lado y no comprometerse.

–Hay una intención de masificar la ciencia. ¿Eso es bueno o malo? –A mí el término masificar no me gusta, porque implica desprecio por el esfuerzo personal y la excelencia.

–Excelencia pareciera un término que no cabe en el discurso oficial. –Eso es terrible, porque el mensaje termina siendo: no te esfuerces que no vale la pena.

A excelencia se podría oponer el término solidaridad. –En los mejores tiempos de Fundayacucho, a finales de los años setenta, 15.000 jóvenes venezolanos estaban estudiando en el exterior. Se dio especial atención a los muchachos más talentosos, pero que no tenían posibilidad de pagar sus estudios. Eso sí es solidaridad. Hoy ese programa está suspendido.

http://www.asovac.org/2009/09/28/¿y-quien-es-gioconda-san-blas/