09/18/2020

Una payasada con moraleja

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Donald Trump. (WDSU)

Entre las ridículas falacias que Fidel Castro nos metió en la cabeza está la sobrevaloración del peso que en la política de Estados Unidos tienen los cubanos de Florida, y en general los políticos cubanoamericanos de profesión. Ojalá que eso no esté influyendo ahora entre quienes se escandalizan por las simpatías que Donald Trumpgenera en Miami, particularmente entre jóvenes cubanos.

Dada la poca importancia del asunto, puesto que los cubanos no pueden determinar, ni siquiera influir mínimamente, en el triunfo o la derrota de un candidato a la presidencia de EEUU, supongo que lo que realmente preocupa a los cariacontecidos es el hecho en sí, lo que representa, y no sus nulas consecuencias.

Que esa gente nuestra haya venido huyendo de un líder farsante y egocéntrico que nos hundió hasta el cuello, para querer tropezar con la misma piedra nada menos que en la tierra de la libertad y la democracia, no me parece esencialmente escandaloso, sino pintoresco. De igual modo, no me intriga, ni me sorprende que los jóvenes cubanos en cuestión prefieran apoyar a Trump en vez de a Marco Rubio, porque este no los representa, ni les atrae, por más que la televisión hispana de Miami intente vendérnoslo envuelto en celofán como astilla de nuestro propio palo. Eso por no hablar de Ted Cruz, el otro candidato «cubano», que ni siquiera se preocupa por aparentar que le interesan nuestros asuntos.

Donald Trump es un payaso. Compararlo con Fidel Castro es hacerle un favor histórico. Y al margen de los muy certeros análisis que ya se han realizado en torno a sus circunstancias (desde los socio-económicos hasta los primatológicos), me parece que su ascenso en los sondeos bien poco tiene que ver con las virtudes de un auténtico líder. En el territorio de los ciegos, el tuerto es rey. Y si hoy es el candidato de la mayoría republicana, creo que se debe, sobre todo, a que no hay otro con garra, ni con ascendiente público, ni con un programa de gobierno que además de cubrir las expectativas de los electores, sea confiable.

Una de las acusaciones de quienes lo atacan es que está tirando a mondongo la política. Pero los que verdaderamente la han tirado a mondongo son los políticos, no solo en el Partido Republicano, y no solo en EEUU (miren lo que ocurre ahora mismo en España, por citar otro caso). Trump simplemente se está beneficiando del detalle, desconcertante, pavoroso, de que en el partido de Lincoln no alinea hoy, no digamos ya un real líder, ni siquiera un prospecto de líder con personalidad y con capacidad para aventajar a un payaso sin sentirse obligado a caer en su juego de frivolidades y de show mediático.

Entonces, puestos los partidos políticos a tirar a mondongo la política, no veo por qué tengamos que esperar que sus potenciales electores no lo hagan también, incluidos los cubanos, ya que tampoco hay motivos para que nuestros paisanos con derecho al voto, insertados ya en la dinámica de su nacionalidad estadounidense, con iguales ventajas y frustraciones, actúen en forma diferente al resto.

Claro que aunque actuasen diferente, tampoco ello significaría nada con respecto al fenómeno Trump. Florida posee algo más de 20 millones de habitantes, de los cuales solo 1,2 millones son cubanos, y de estos tal vez ni la mitad tiene derecho al voto. Incluso, entre quienes pueden votar, abundan las personas mayores que son republicanos tradicionales, es decir, opuestos a Trump.

Por lo demás, el mismo cuarto se alquila en el Partido Demócrata. Hillary Clinton no es sino otra política sin garra (y sin gracia). De modo que si está delante, y si gana las elecciones, como yo creo que ganará, es igual por falta de un candidato mejor. También porque será la principal favorecida por el fenómeno Trump.

Desde luego, estaría de más aclarar que son los políticos y no la política (mucho menos su fundamento democrático) los que andan mal en EEUU. El propio hecho de que un sujeto ignorante y peligroso para las bases del sistema arrase en los sondeos de popularidad, sin que ni siquiera su propio partido pueda impedirlo, es una inequívoca prueba de la fortaleza de su democracia.

No obstante, la comedia de Trump tiene moraleja. Y más les valdría a los políticos estadounidenses (republicanos o no) captar su esencia. Este payaso destinado a amenizar el espectáculo no ha sido obra del azar sino lección de la historiA.

http://www.diariodecuba.com/internacional/1457392113_20762.html