Raúl Castro perdió el cara a cara con Barack Obama

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“Cultivo una rosa blanca…, yo sé de la historia, pero no voy a estar atrapado por ella.”

Vicente Morín Aguado

Raúl Castro despide a Barack Obama. Foto: radiorebelde.cu

HAVANA TIMES — Este martes, El presidente Obama pronunció un discurso histórico en el mismo escenario donde 88 años atrás hablara Calvin Coolidge. Esta vez los aplausos interrumpieron al orador al menos 20 veces durante 35 minutos, a pesar de que el público estaba previamente escogido por los gobernantes comunistas. Desde Cuba, es imperativo un análisis alternativo a los reiterados lugares comunes de la prensa oficial.

Al igual que los espectadores dentro del teatro recién bautizado Alicia Alonso, la única prensa nacional posible era la del Partido Comunista, es sintomática su reacción inmediata: impotencia y estupor son los adjetivos que le acompañan. Cuando acababa de presentarse una propuesta nueva, acudieron a los argumentos del discurso reiterado durante los últimos 50 años:

Reclamaciones por los agravios de antaño, el bloqueo, la Base naval, los planes subversivos, conceptos diferentes en cuanto a derechos humanos…

Analicemos, pues, lo significativo para nosotros los cubanos de lo dicho por el presidente de los Estados Unidos de América.

“Vine aquí para dejar atrás los últimos vestigios de la guerra fría en Las Américas. Vine aquí extendiendo la mano de la amistad al pueblo cubano.”

Obama rompe definitivamente con ese “enemigo omnipresente” que necesita todo poder autoritario para mantener la parálisis colectiva, justificando sus acciones. Se acabó la justificación de la plaza sitiada como forma de hacer política.

“No es una política de normalizar relaciones con el Gobierno cubano, los Estados Unidos están estableciendo relaciones con el pueblo cubano.”

La élite dirigente en Cuba se atribuye la representación absoluta del pueblo, hablan en nombre de todos, lo cual justifica sus acciones, sean las que sean. La aspiración es negociar de gobierno a gobierno, controlando hacia el interior cualquier iniciativa individual que venga del exterior. Desde la Casa Blanca advierten la importancia de distinguir gobierno en particular, de pueblo en general. Seguirán en el discurso presidencial numerosas alusiones a los cubanos:

Conferencia de prensa del 21 de marzo, 2016. Foto: telesurtv.net

“El gran activo del país es el pueblo”. “El cubano la inventa en el aire.” “Creo en el pueblo cubano.”

Obama hace un breve, incompleto, pero valioso recuerdo de los lazos históricos que nos unen. Evidentemente habla de lo positivo en común, lo negativo está reiterado, clavado en la mente nacional, desde el aula, hasta los discursos de Fidel Castro.

El clímax se alcanza cuando dice: “Fui muy claro -alude a conversaciones con Raúl Castro-, los EE.UU. no tienen la capacidad ni la intención de imponer cambios en Cuba, los cambios dependen del pueblo cubano.”

Entre nosotros, el mensaje debe interpretarse en un doble sentido: se acabó la era de las amenazas, a la vez no hay argumentos para seguir hablando de Washington en calidad de enemigo público # 1. En cuanto a los opositores políticos, al imperativo de las reformas, estas deberán surgir, crecer y hacerse por la voluntad de los cubanos, no serán el resultado de una presión directa estadounidense.

No faltaron las críticas al sistema imperante, considerado como fallido, en tanto era imposible obviar el compromiso permanente con los derechos humanos, cuyo ejercicio deja mucho que desear en el país. Obama reconoce los meritorios resultados de Cuba en materia de salud y educación, convertidos en oportunista escudo gubernamental ante las críticas por reprimir a sus opositores. Oportuna su cita de Martí, tomada de La Edad de Oro, libro de cabecera de los niños cubanos, cuando en el hermoso ensayo Tres Héroes el Apóstol clamaba: “Libertad es el derecho de todo hombre de ser honesto, de pensar y hablar sin hipocresía.”

“Estoy apelando a los jóvenes de Cuba, ustedes tienen que construir algo mejor.”

Todo el discurso respira una velada alusión a que el país anda mal, a la necesidad de cambiar, de avanzar por nuevos caminos. Un párrafo esencial aborda, tal y como le dijera antes con franqueza a Raúl Castro que: “Aunque levantemos el embargo mañana, los cubanos no van a alcanzar su potencial sin hacer cambios aquí.”

Germen de ese camino reclamado, al abordar el trabajo por cuenta propia, uno de los intereses públicos de la visita presidencial, adelante contra la suspicacia del posible argumento de una burocracia afincada en los años 80 del pasado siglo, cuando el llamado “socialismo real” parecía invencible:

Obama bids farewell to Cuba. Foto: radiorebelde.cu

“El ser cuentapropista no significa ser estadounidense, significa ser uno mismo.”

El ilustre visitante señala lo difícil de invertir en Cuba, la necesidad de respetar salarios a los contratados por empresas extranjeras, ofrece Internet sin limitaciones, recalcando su enorme papel en la economía moderna, de paso, es un ámbito de libertad.

Hablándole a un público que rebasa los 110 mil kilómetros cuadrados de la gran isla antillana, el discurso aborda la necesaria reconciliación con los dos millones de compatriotas al otro lado del estrecho de la Florida.

Colofón de sus palabras, recuerdo de un proceso revolucionario que terminó usurpando los argumentos que le dieron la justificación y el apoyo de la mayoría descontenta por el golpe de estado batistiano, cierro el análisis con la siguiente sentencia pronunciada en La Habana, ante Raúl Castro, este 22 de marzo de 2016:

“Los ideales de todas las revoluciones tienen su expresión final en la democracia.”

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