EL EXODO

Lo que actualmente llamamos “La Biblia” en términos de un solo libro, es la recopilación de una multitud de escritos, de toda clase de escritores. El moderno análisis crítico, en combinación con el trabajo arqueológico, ha ido mostrando que muchos sucesos descritos en la Biblia fueron reales, aunque en muchos casos, no literales según el texto bíblico. El Ojo de la Eternidad revisa la historia del Exodo de los israelitas a la Tierra Prometida, y detalla lo que los arqueólogos e historiadores modernos han encontrado: que la verdad sobre dicha emigración es bastante diferente a la narrada por la Biblia…

[IMAGEN SUPERIOR: “Der betende Moses mit Aaron und Hur auf der Berge Horeb”. Pintura de Joseph von Führich, pintor religioso alemán del siglo XIX, que representa un episodio del Exodo, en el cual Yavé anuncia la muerte de Aarón (Números 20:22-29)].

¿OCURRIÓ EL ÉXODO…?
Durante muchos siglos, el relato sobre la Antigüedad anterior a los griegos y romanos se basaba fundamentalmente en la Biblia. En esto pesaba la autoridad del Cristianismo, por supuesto, pero también había una abismal falta de conocimientos sobre dichos mundos, ya que los idiomas antiguos no se conservaban, y además, no existían excavaciones arqueológicas en forma. En el siglo XIX, como consecuencia de la oleada racionalista de la centuria anterior, la Biblia fue puesta sistemáticamente en duda, y no pocos sostuvieron que no debía hacérsele mayor caso, porque después de todo, no era sino un conjunto de espléndidas mentiras inventadas por los monjes y sacerdotes para mantener al pueblo oprimido e ignorante.
Las cosas no resultaron ser tan sencillas, por supuesto. La arqueología de los siglos XIX y XX sacó una vez más a la luz del día a un montón de civilizaciones olvidadas, como Egipto, Mesopotamia o los hititas, y se descubrió entonces que muchos relatos bíblicos eran en realidad remembranzas de antiguos sucesos históricos, pasados por el tamiz de la memoria histórica de los cronistas. O sea, la Biblia no era un puñado de mentiras, pero tampoco era una guía infalible sobre el mundo antiguo. Era, ni más ni menos, que una versión, respetable, pero versión a fin de cuentas, de la historia antigua.
Esto no debería resultar una sorpresa. Después de todo, entre otras cosas, la Biblia es el relato de la historia de los hebreos, pero escrita por los propios hebreos, y por tanto, en ese sentido es bastante sospechosa de parcialidad.
Uno de los ejemplos clásicos de esto es el Exodo. En los tiempos que la Biblia era la única referencia histórica seria sobre el mundo antiguo más remoto, el Exodo era aceptado por los historiadores como un suceso histórico a carta cabal. Hoy en día sabemos que el relato bíblico tiene correlación con las crónicas de otros pueblos, pero puesto en esa perspectiva, nuestra actual imagen de dicho hito es bien diversa.

EL RELATO BÍBLICO SOBRE EL ÉXODO.
La memoria bíblica del Exodo se conserva en dos grandes fuentes: el libro del Exodo propiamente tal, por una parte, y el libro de Números, por la otra. Ambos integran el Pentateuco, los cinco primeros libros de la Biblia (que son: Génesis, Exodo, Levítico, Números y Deuteronomio), y que la tradición atribuyó históricamente a Moisés. Hoy en día sabemos que esto no es así. La mayor parte del Pentateuco fue escrita por dos autores, conocidos como el Yavista y el Eloísta, cuyas historias fueron mezcladas y comentadas por un tercer autor, conocido usualmente como la Fuente Sacerdotal, porque su marca está en los pasajes con comentarios de doctrina y ritual. El Deuteronomio, por su parte, parece haber sido añadido íntegramente en el siglo VII aC, por obra de Josías, o al menos eso podría dar a entender una lectura critica del Segundo Libro de Reyes (2-Reyes 22).
Parece ser que los anónimos autores apodados Yavista y Eloísta, llamados así por su manera de referirse a Dios (Yavé uno, Elohim el otro), condensaron en sus textos una serie de antiguas tradiciones hebreas. Por tanto, el relato bíblico no es una crónica histórica rigurosa, sino un compendio de leyendas y tradiciones antiguas.
La narración del Exodo, según estas fuentes, es la siguiente. Los hebreos llegaron a Egipto en tiempos de José, biznieto de Abraham que llegó a ser visir de Egipto. Allí se multiplicaron, y un nuevo faraón (¡cuyo nombre la Biblia no menciona!), considerándolos una amenaza, los sometió a esclavitud. Gimieron los hebreos a Yavé, y éste los escuchó. Mandó entonces llamar a un refugiado hebreo llamado Moisés, desde las tierras de Madián, a través de una zarza ardiendo. Luego de una serie de plagas, Moisés extrajo a su pueblo de Egipto. Emprendió entonces una peregrinación de 40 años por el desierto, plagada de incidentes milagrosos, a través de los cuales Yavé fue guiando a su pueblo, y que los llevó finalmente hasta la Tierra Prometida.
El faraón que tradicionalmente se asocia al Exodo es Ramsés II, derivado de una interpretación errática de Números 33:3, que menciona una ciudad con ese nombre como punto de partida del Exodo. Por tanto, el Exodo debió ocurrir entre los años 1280 y 1200 aC.
El problema es que la evidencia histórica sobre el Exodo es virtualmente nula. Es decir, simplemente no hay evidencia del paso de un pueblo migratorio en ese tiempo. Por otra parte, Ramsés II no murió ahogado en el Mar Rojo, como habría que deducir de Exodo 14:28-29, y de hecho, no hay registro de que algún Faraón haya perecido así. El relato bíblico sobre el Exodo es, por tanto, no fidedigno. Pero esto no quiere decir que algo parecido al Exodo no haya sucedido nunca, en ese tiempo o en otro. ¿Desde dónde nació la leyenda…?

EL RELATO DE LA CONTRAPARTE.
Las fuentes egipcias no consignan ningún Exodo, tal y como la Biblia lo describe. Pero sí muestran dos sucesos históricos de enfrentamiento con pueblos asiáticos, que podrían proporcionar ambiente a la historia.
La primera de ella es la invasión de los hicsos. Hacia el siglo XVI aC (es decir, unos 300 años antes de la fecha tradicional del Exodo), un pueblo armado con carros y caballos invadió Egipto. El carro como arma de combate era desconocido en Egipto, y por tanto, los hicsos obtuvieron un fácil triunfo, y dominaron el país durante aproximadamente cien años. Pero los egipcios aprendieron rápido, impulsaron un violento contraataque, y no sólo expulsaron a los hicsos, sino que también conquistaron Palestina y Siria.
El segundo episodio fue la violenta guerra que los egipcios sostuvieron con un poderoso imperio del norte, los hititas. Hacia el siglo XIV aC (es decir, el siglo antes de Ramsés II) gobernó en el Imperio Hitita (actualmente Turquía) un rey llamado Shubiluliuma. Este Shubiluliuma inaguró una larga serie de conquistas que puso en violento compromiso el dominio egipcio sobre la región. Fue precisamente Ramsés II quien, hacia el año 1280 aC, pactó un tratado definitivo de fronteras con el rey hitita Muwatallis. Este pacto sancionaba una situación de hecho, en la que muchos pueblos palestinos obtuvieron la independencia, o al menos la autonomía, con respecto a las guarniciones egipcias.
Hacia el año 1190 aC, Egipto y Hatti fueron invadidos por pueblos procedentes del oeste. Los egipcios los llamaron “Pueblos del Mar”, debido a que tal era su procedencia, y así ha quedado asentado en los libros de historia desde entonces. Parece que en esta marea invasora aparecieron en Palestina los filisteos, enemigos tradicionales de los hebreos.
¿Mencionan los egipcios a los hebreos en alguna parte? Directamente no. Pero hay una referencia bastante sugestiva en la palabra egipcia “japiru” o “habiri”. Esta es usada para describir a los nómadas incursores de la frontera egipcia con el desierto árabe, y también para describir a los pobres y asalariados en el propio Egipto. Aparte de su parecido fonético con la palabra “hebreo”, en el relato del Exodo se puede ver claramente que los hebreos ocuparon ambos roles: como trabajadores en Egipto (Exodo 1:11-12) y como invasores desde el este de Palestina (Números 21, 32 y 33).
Uno puede preguntarse por qué el Exodo poco dice sobre los egipcios, y casi nada de los hititas (se refiere a ellos como “heteos”, de manera tan subliminal que los arqueólogos pensaban que eran una tribu más, y no la cabeza de un poderoso imperio militar capaz de pararse frente a Egipto). Pero no debe olvidarse que los cronistas bíblicos no eran historiadores, sino que pretendían reunir un conjunto de leyendas y tradiciones sobre los hebreos. Lo que fuera la suerte de otros pueblos diversos, les tenía mayormente sin cuidado.

ENCAJANDO LA EVIDENCIA.
Frente a esto, muchos han planteado que el Exodo no habría ocurrido, sino que todo se trataría de un relato mítico destinado a justificar la conquista, por parte de los hebreos, de un dominio anteriormente egipcio o hitita. Una vez más, las cosas no son tan sencillas. La propia Biblia entrega evidencia decisiva de que hubo algún movimiento desde Egipto hacia los hebreos, y esta evidencia está en los nombres de diversos protagonistas del Exodo, como por ejemplo Hofni o el propio Moisés, que no son hebreos sino egipcios. Y no hay en realidad razón para controvertir esto como una falsificación histórica.
Se han sugerido varias posibilidades al respecto. Una de ellas es que la migración de los hebreos sucedió, pero no en la época de Ramsés II, sino en tiempos de la expulsión de los hicsos (o sea, hacia el año 1550 aC, unos 300 años antes de la fecha tradicional). Otra posibilidad es que se trate del relato más o menos mistificado de la conquista hebrea de Palestina, desde el desierto de Arabia, y esto podría haber sucedido cuando el gobierno egipcio declinó en la región. Ya que la Biblia no reporta ninguna época en la que los hebreos hayan estado en Palestina sin sus incómodos vecinos los filisteos, la fecha aproximada de estos eventos debió haber sido hacia 1190 aC, cuando la invasión de los Pueblos del Mar abatió el dominio egipcio sobre Palestina, y a su vez, esto permitió la instalación de los filisteos en las llanuras costeras palestinas.
Otra posibilidad más simple, es que lisa y llanamente los cronistas bíblicos tomaron diversas tradiciones mezcladas como un todo, armando una historia orgánica y coherente con elementos que, en su origen, no estaban ni de cerca relacionados. Así, el relato bíblico del Exodo estaría compuesto por dos historias independientes. Una de ellas sería la salida de Egipto, vista desde el punto de vista hebreo como un triunfo sobre los egipcios opresores, en vez de lo que verdaderamente fue, una vergonzosa huida desde territorio egipcio junto con la marea de los hicsos. El segundo relato sería la conquista de Palestina, en tiempos de los Pueblos del Mar. Ambos sucesos históricos están separados por aproximadamente 350 a 400 años, pero en la lejanía de la memoria histórica, los cronistas hebreos los habrían mezclado en un sólo gran relato épico. Es de recordar que el florecimiento de la cultura hebrea se produjo entre los años 950 y 650 aC, lo que sitúa a los cronistas bíblicos a lo menos 250 años (¡un cuarto de milenio!) después de la conquista de Palestina. Y en ese tiempo intermedio no hubo cultura ni civilización, sino desórdenes y guerras, como lo recuerda el libro de los Jueces, por lo que cualquier crónica histórica se habría perdido, y se habría transformado en una confusa narración legendaria.
Por lo mismo, es posible afirmar que el relato del Exodo, tal y como lo refiere la Biblia, tiene una base histórica cierta, pero ésta es, en realidad, bastante diferente a cómo la narra el cronista bíblico (o mejor dicho, los cronistas bíblicos en plural).

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